Un médico de Corcubión fue pieza clave en la historia de los Cerdeiras

La planta de Camariñas es la única que sobrevive


Según el Catastro de Ensenada (siglo XVIII), residía en Cee Fernando Cerdeiras, copropietario de barcos dedicados a la pesca de sardina y también al cabotaje. Uno fue el galeón Nuestra Señora de Pastoriza, dedicado al comercio peninsular, y otro el San Antonio y Ánimas, para el transporte de sardina y fletes varios.

Más tarde, ya en el siglo XIX vivía en la villa de A Xunqueira otro Fernando Cerdeiras, seguramente nieto del anterior, un personaje que creció en Cee en la época de la «francesada» que quemó la iglesia y parte del pueblo en 1809. En 1823, cuando tenía 30 años, era una persona de «constitución endeble -y-, carácter hipocondríaco». Sufrió ese año una enfermedad que le produjo «calofríos, dolor de cabeza, amargores en la boca»..., motivo por el que su familia llamó a un cirujano que dispuso que tomase «un vomitivo, con el cual… se empeoró». Ante su empeoramiento, los familiares reclamaron la visita de un segundo galeno sin que sus prescripciones mejorasen la salud del paciente, visto lo cual, la familia reclamó un tercer facultativo «distante un cuarto de legua», que no podía ser otra localidad más que Corcubión.

El estado del enfermo, que se hallaba en «posición supina, muslos apartados, cara abatida, ojos lánguidos y tristes, lengua casi negra, seca, dientes fuliginosos, pulso pausado, débil e intermitente; dolor, aunque poco, en la región epigástrica; calor fuerte, sub delirio, desfallecimientos»..., era muy grave, que temían su inminente fallecimiento, motivo por lo que le administraron la extremaunción.

No obstante, con el tratamiento del tercer facultativo, el enfermo mejoró. Se restableció, pero mantenía un pesimismo vital que no le impidió saltar de piedra en piedra y aletear para superar las dificultades, vencer miedos y sobrevivir en aquel tiempo. Este tercer médico que atendió a Fernando Cerdeiras, fue el santiagués José Varela de Montes, que ejercía en Corcubión como médico municipal y de la beneficencia (entre 1821 y 1825). Varela de Montes visitó al enfermo en Cee solo en dos ocasiones, por el coste. «Me contenté con mandar se siguiese escrupulosamente lo prescrito y se me avisase a la menor novedad», según relató después el eminente catedrático de Fisiología de la Universidad de Santiago, José Varela de Montes, delatando que la economía de Cerdeiras no debía estar muy boyante.

En el mismo domicilio de Fernando Cerdeiras, el médico de Corcubión también atendió a la madre, de 60 años, a una hermana, mujeres que enfermaron con los mismos síntomas. Ambas se recuperaron.

El testimonio del médico José Varela de Montes sirve para seguir con peripecia de historia de los Cerdeiras de Cee. Más tarde, en 1856 nació Andrés Cerdeiras Pose, hijo de Manuel Cerdeiras Blanco (1825-1884) y de María Pose Canosa, natural de Coucieiro-Muxía, su segunda esposa. Y, casi treinta años después, Andrés Cerdeiras se casó con Antonia Castro Pou (1867-1960), descendiente de una familia de armadores y fomentadores de procedencia catalana, empresarios muy activos en la ría de Corcubión y asentados en la zona de Fornelos-Brens. De este matrimonio resultarían seis hijos. 

El origen

Cerdeiras Pose, con una audacia y un potencial empresarial extraordinario, asumió riesgos y aprovechó la vinculación de su esposa con los fomentadores catalanes para ser el primero de los Cerdeiras, y por tanto el punto de partida, que se dedicó al salazón a partir de 1884. Alquiló una fábrica inactiva en Cee que había pertenecido al abuelo paterno de su esposa. La rehabilitándola y se puso al frente del establecimiento a los 28 años. Con él estaba su cuñado Francisco Castro Pou, de 26. En el año 1895 esta alianza se rompió y Andrés buscó una segunda oportunidad. Así, adquirió a un primo de su esposa, Manuel Xampén Pou, una fábrica de salazón en Caneliñas.

Pocos años después, se asoció a Joaquín Carbonell Sagristá, un importante fomentador catalán asentado en Fisterra y Corcubión, el primer empresario en instalar una fábrica de conservas en la ría, precisamente en la zona de San Roque, en Fisterra, con el nombre de El Crédito. Entre los dos constituyeron la sociedad Cerdeiras y Carbonell que adquirió el buque de pesca Mayi. Con el tiempo, esta sociedad también se disolvió.

La ruptura con Joaquín Carbonell no le arredró. Lo llevó a montar otra fábrica en Sardiñeiro. Más tarde la gestionaría su hijo, Andrés Cerdeiras Castro. También alquiló en Camariñas otra fábrica, pasando a regentarla en 1911 su hijo Jesús cuando contaba 20 años, con el fin de repartir sacrificios entre sus vástagos y sumar así voluntades.

La de Camariñas es la única que sobrevive

En Camariñas, Andrés Cerdeiras Pose adquirió otras dos plantas para fusionarlas. En 1920 reconvirtió una nave en fábrica de conservas. En este marco de expansión, alquiló otra en Merexo-Muxía y abrió una más en O Pindo. Encargó la gestión de esta última a su nieto Andrés Cerdeiras Crespo. Financió todas las actividades empresariales por medio de la Casa de banca Manuel Miñones, de Corcubión.

Después de esta aventura vital, en la que puso toda la carne en el asador, Andrés Cerdeiras Pose falleció en Cee a mediados de 1927 con 70 años, y todas las fábricas que dejó como patrimonio a sus hijos y nietos, con el tiempo, en un desesperanzador paisaje para la industria de la salazón y la conserva en A Costa da Morte, y por circunstancias y avatares diversos, comenzaron su decadencia. Dejaron de ser rentables y competitivas, caminaron durante un tiempo por la cuerda floja para colapsar, cerrar o desaparecer en un largo proceso, a excepción de la fábrica de Camariñas, en la que su hijo Jesús no quiso tirar la toalla y supo diversificar inversiones dentro y fuera del sector, y fue la única que resistió y actualmente mantiene la actividad empresarial.

En la década de los sesenta del siglo XX aún funcionaban las fábricas de O Pindo y Sardiñeiro, pero el fallecimiento prematuro de Cerdeiras Crespo y la jubilación de Andrés Cerdeiras Castro -el 8 de febrero de 1937 fue sancionado con 250 pesetas por el régimen franquista-, provocaron sus cierres definitivos. Y, según iban cerrando las fábricas también algunos de los descendientes del viejo emprendedor se vieron obligados a emigrar. La hija mayor de Cerdeiras Pose, María Cerdeiras Castro, emigró a Cuba con su marido, Andrés Casais, que trabajó en el Banco Nacional de Cuba. En la segunda y tercera década del siglo XX, Andrés Casais colaboró con su cuñado Jesús, el gerente de la fábrica de Camariñas, que buscaba un aumento de la demanda, e introdujo en la isla caribeña sus productos La Camariñana; lo mismo que sucedió en la Argentina con la colaboración del comisionista Roberto Vilaseca, de Buenos Aires.

Otro de los cinco hermanos de María, Manuel, se casó en 1921 con la ceense Ramona Crespo, pero falleció en 1922 en Melilla. Era el padre de Andrés Cerdeiras Crespo. Otro, Raúl, se quedó en Cee, ejerció de comercializador de pescado, y Guadalupe, viuda y con 43 años, cogió el camino de la Argentina en febrero de 1937, suponemos empujada por los problemas de la guerra civil en España.

He aquí el resumen de una estirpe ¿Qué sería de ella sin la intervención del médico José Varela de Montes en 1823?

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