Reivindicaciones sindicales en Cee y en Corcubión

El 1 de mayo de 1936, las centrales de los dos pueblos organizaron una marcha conjunta, la primera


No existe duda de que la historia explica cómo hemos llegado al lugar donde nos encontramos actualmente. Y, como estas citas de Galicia oscura, Finisterre vivo se convirtieron en un lugar de encuentro con la memoria local y con la historia de A Costa da Morte, quizás sea oportuno ofrecer hoy un poco de historia sindical a la que muy pocos prestaron la debida atención. La lucha que los sindicatos y el comité de empresa está desarrollando para evitar la venta de las centrales hidroeléctricas de Ferroatlántica, podría hacer interesante conocerla.

Poco después de proclamarse la Segunda República española, en 1931, se constituyeron en Corcubión y Cee dos sociedades Obreras de Oficios Varios, la de la villa de San Marcos afecta a la CNT y la segunda a la UGT socialista. Poco tiempo después, y obedeciendo la orden de la Federación Regional Obrera, los sindicalistas y obreros corcubioneses declararon una huelga intentando cerrar comercios y prohibiendo que las lecheras repartiesen leche.

Los huelguistas pertenecían a los sectores de la pesca, marineros y estibadores del muelle y también algunos labriegos poco acostumbrados a la unión sindical y a la lucha obrera. La sociedad corcubionesa recibió el paro con cierto sarcasmo, argumentando que la mayor parte del año ya estaban en huelga forzosa por falta de trabajo los unos, y por los frecuentes temporales que impedían salir a faenar, a los otros.

No obstante, según fueron pasando los meses y los años tanto los sindicalistas de uno y otro pueblo fueron ganando el respeto de sus contemporáneos, negociando con los patronos mejoras que a todos beneficiaron.

En los primeros meses de 1936 el corcubionés Luis Prados se hizo cargo de la presidencia de la Sociedad Obrera de Oficios Varios, La Igualdad, y este sindicato, para celebrar el 1º de mayo decidió festejarlo conjuntamente con los sindicalistas de Cee.

Y, así, a las 16 horas del citado día partió una concentración de obreros de Corcubión camino de la villa de A Xunqueira, recogiendo a los ugetistas ceenses y retornando todos juntos a Corcubión, pacíficamente, y con dos filas de servicio de orden, con el fin de exponer ante el consistorio de la villa de San Marcos sus reivindicaciones conjuntas.

De esta manifestación nos queda el testimonio del corcubionés y sindicalista Pedro Abelleira Freire, Pedro de Costa, que envió una fotografía (la de la imagen) a un amigo que residía en la Argentina, Manuel Lorenzo Rivera O Caloio, escribiendo al reverso de la misma: «Ten en conta que foi a primeira que neste pobo cheo de miseria, falto de traballo, e morto de fame se fixo con este contexto. Por esta verás que dous pobos que sempre se odiaron hoxe se abrazan fraternalmente». Todo un hito sindical para la comarca de Nemancos, la actual de Fisterra.

Otra, y multitudinaria

En el mes de julio siguiente, y antes del levantamiento militar franquista, los sindicalistas de Corcubión participaron en otra multitudinaria manifestación que juntó también a obreros de Cee, Ameixenda, Ezaro, O Pindo... encabezadas por las autoridades civiles locales y rematando la concentración frente a la casa del consistorio.

Allí, compartiendo objetivos comunes y razones muy serias para la alarma social, procedieron a la lectura de varios telegramas enviados al Gobierno de la nación, hablando en el acto, además del alcalde Francisco Cerviño Sabater, los sindicalistas José María Ferrío, Clemente Blanco Clemente de Élida, Manuel Rodríguez y Benedicto Lago. Pesimistas, pero incapaces de renunciar a la esperanza y queriendo evitar incrementar la precariedad y la pobreza de los propios obreros y sus familias, así como la falta de horizontes para ellos y sus hijos, pidieron poder seguir beneficiando carbón inglés en lugar del asturiano que quería imponer el Gobierno, al considerar que supondría la huida de buques extranjeros hacia puertos portugueses y la ruina del carboneo en la ría.

Y, en esta lucha, pacífica, fueron apoyados tanto políticamente como con presencia de una campaña mediática por el diputado nacional, Pepe Miñones, de Unión Republicana.

No obstante, fue la sublevación militar-franquista quien puso definitivamente la puntilla al carboneo en la ría y se llevó todo por delante, convirtiendo a los sindicalistas, por la defensa de sus derechos laborales y de la democracia republicana, en revolucionarios a los que perseguir y a muchos exterminar físicamente, contando después una historia de buenos y malos, contradictoria con lo que supimos después.

Por último, podríamos convenir que los sindicalistas quizás no fuesen héroes, pero indudablemente tampoco fueron los villanos que pintaron los militares sublevados franquistas y sus cómplices durante el levantamiento militar y la dictadura y los consejos de guerra a los que fueron sometidos. Sin duda, con su muerte les hicieron mártires.

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