Historias que se derrumban

El abandono también hace mella en construcciones con solera


Carballo / La Voz

En la Costa da Morte hay centenares de casas en ruinas. Es una imagen común, no exclusiva de esta zona. En las áreas rurales, muchas, pero también en urbanas con cascos antiguos como Fisterra, Corcubión o Cee, o urbanas como Carballo. Lo que ya no es tan común es que viviendas de gran tamaño que en su día tuvieron empaque, solera o importancia (sin llegar a ser señoriales), también acaben desapareciendo bajo las hiedras, los tejados hundidos o el abandono. Y la solución es difícil: herederos que viven lejos o difíciles de localizar, dudas sobre la propiedad, negativa a desprenderse de la vivienda, operaciones que salieron mal en su día y así se quedó... El resultado es que donde podría haber mucha vida y más historias solo hay recuerdos.

Varios casos

Langueirón. Una de tantas. Como esta, en territorio pontecesán, hay cada vez más en la comarca: las hiedras acaban haciéndose con todo.

Buño. Ligada al pasado minero. Es una de las mejores casas de la comarca, de principios del siglo XX. Era de la familia Abelenda, que tuvo las minas de Monte Neme, y otras. La llamaban «das señoritas) por las hijas del dueño. Muebles espectaculares e inmenso jardín.

Buño. En el cruce principal. Fue de la familia Del Río. Hubo intención de construir en su lugar la gasolinera, pero al final fue más abajo, recuerda un vecino.

Buño. El antiguo cuartel. Vacío desde los años noventa, algunos trataron de darle uso, pero ya no fue posible. Y ahí sigue, igual de alto.

Ponteceso-Malpica. La maleza ya manda. Esta vivienda y conjunto está en el límite justo de los dos municipios. Estuvo habitada hasta no hace mucho.

Corcoesto. Destacado palomar. Todo el que pasa por la pista de enfrente se fija en él, pero también en un hórreo situado a la derecha.

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