Manuel Iglesias Vilas: «Soy el tío más fracasado del mundo»

Es empresario y navegante, y hablar con él es hablar con un humanista


Es de los que va creando sueños por la vida. Millones de niños en todo el mundo disfrutan de sus parques infantiles. Manuel Iglesias Vilas (Montevideo, 1959) tiene las pintas de hombre bonachón. A los seis años ya cruzó el Atlántico y se dejó embrujar por el mar. Es navegante y presidente de Cetus, que engloba Gefico (soluciones de tratamiento de agua) y Galopín (parques infantiles). Lidera el clúster de la madera y sus empresas facturan 20 millones y tienen 90 empleados, pero hablar con Manuel es hablar con un humanista.

-¿Es más un aventurero metido a empresario o un empresario aventurero?

-Rosalía Mera, tal vez la empresaria más importante de España, decía que no sabía si yo era un animador sociocultural o un empresario. De hecho, me hice empresario para desarrollar cosas que creía que eran necesarias socialmente, pero, claro, para emprender hace falta la aventura, que tiene que ver con la sorpresa, con el advenir, con lo que depara cada recodo del camino. Es como con la navegación. No estás pensando en el fracaso, como el marinero no piensa en el naufragio.

«Para hacer las cosas bien tienes que pensar a largo plazo»

-Suele decir que ver a largo plazo es llegar antes.

-Es clave. Conforme nos hacemos mayores el tiempo se acorta. Sin embargo, aprendemos que la paciencia, el pensar, el que las cosas buenas llevan mucho tiempo, es clave. Cuando somos jóvenes, tenemos toda la vida por delante y somos muy impacientes. Los alumnos de la escuela de Freud ponían el ejemplo del reloj de arena. Cuando el reloj se hace más viejo, el tiempo se acelera porque los granos se pulen más y se ensancha la estrechez. Sin embargo, te das cuenta de que para hacer las cosas bien tienes que pensar a largo plazo. Yo aconsejo a mi hijo: no vayas por el dinero porque eso es cortoplacista. El dinero solo es un medio para el proyecto.

 «En el rural, el que tiene palabra tiene crédito, credibilidad»

-Defiende la honorabilidad del hombre rural. ¿Hay mucho desertor del arado en Galicia?

-Muchísimo. Lo bueno que tiene el rural es que todos nos conocemos. Entonces hay que cuidar la reputación. En el rural, el que tiene palabra tiene crédito, credibilidad. Cuando vas al banco, tener crédito es tener credibilidad. Saber que tienes la voluntad de cumplir tu palabra. En la cultura popular es donde está la verdadera sabiduría. Mostramos cierto complejo de inferioridad cuando rechazamos el mundo rural y nos desarraigamos. Perdemos nuestra razón de ser. Y eso es lo que me duele. Decía Moitessier que si quieres fomentar el comercio, la industria y las artes tienes que empezar por fomentar el autoestima, la vanidad colectiva . Yo me siento muy orgulloso porque, aunque nací en Uruguay, fui educado en la aldea y me siento muy orgulloso de encontrarme cerca del pastor. Konrad Lorenz explicaba que suele ser mejor padre un pastor que un catedrático de pedagogía.

-¿Va por ahí su afición a la biofilia?

-La biofilia es clave porque nosotros formamos parte de la vida y en el contacto con la naturaleza entendemos el buen sentido de la vida. Por ejemplo, yo utilizo mucho el concepto de la malherbología, que es una ciencia que trata sobre hacer desaparecer las malas hierbas. Hay que cultivar lo bueno para no darle espacio a lo malo. Todo esto lo aprendes en el rural. Enseñanzas que te da un hombre del rural, un pastor, un ganadero, lo que aprendes de cómo hay que cultivar, de cómo hay que cuidar la naturaleza y lo que nos hace la vida y lo que nos da la naturaleza es la mejor cátedra.

«Si Galicia pierde el rural, deja de ser Galicia»

-Esos ganaderos y esos pastores están desapareciendo.

-Es una desgracia. Nuestra cultura está desapareciendo. Nuestro mundo se está empequeñeciendo. Si Galicia pierde el rural, deja de ser Galicia.

-¿Es de los que convierte en oro todo lo que toca?

-Mi mujer dice que soy el tío más fracasado del mundo. Gracias a los fracasos que he tenido, pues voy aprendiendo. Me voy haciendo un poco más sabio gracias a mis fracasos. No es cierto. Si de algo puedo presumir es de mis fracasos.

-¿Qué tiene más mérito, su éxito con Galopín, reflotar Gefico o haber hecho la vuelta Sebastián de Ocampo?

-Qué pregunta más difícil. A nivel humano, Sebastián de Ocampo fue un desafío personal. La emprendí cuando me consideraba un fracasado porque tuve que cerrar mi empresa. Galopín y Gefico son un medio para hacer cosas divertidas, son mi taller del tío Geppetto. Podíamos decir que hasta son un juguete. Y si por encima genero puestos de trabajo, genero valor, riqueza y llevar tecnología del agua a la India o a Latinoamérica, o la felicidad a los niños, fantástico.

-Un juguete que factura 20 millones es un juguete caro.

-Bueno, pero no deja de ser un juguete.

-¿Qué aprendió de navegar los siete mares?

-Lo primero que aprendes en el mar es a curtir tu voluntad. Allí tienes que cultivar la paciencia. Es un sometimiento liberador.

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