«He sido demasiado exigente, tanto conmigo mismo como con los demás»

Acaba de cumplir 97 años, sigue en activo y «mentalmente mejor que nunca». El abogado coruñés José Manuel Liaño Flores tiene una intensa relación con Cerceda


A Coruña

Una entrevista a José Manuel Liaño Flores daría para un libro. De los gordos, además. En los 97 años que cumplió el pasado jueves ha sido, entre otros méritos curriculares, juez, concejal y alcalde de A Coruña, y sigue siendo abogado. Sí, en activo, de los que va al despacho a diario. ¿Por dónde empezar, entonces? Obviamente por felicitarle y preguntarle el secreto para llegar a esa edad en plena forma.

Liaño, además, tiene una relación intensa con Cerceda, donde posee una casa, en Lavandeiras, al lado del pazo, a pocos metros de la capital municipal. Su hijo tiene otra. Su primera mujer, fallecida, era precisamente cercedense. Y su hija es la esposa de Fernando González Laxe, el expresidente de la Xunta.

-¿Qué tal se llevan 97 años?

-Bien cuando estás bien y no tan bien cuando no lo estás. Pero comparándome con mis compañeros de generación tengo que hacer un balance positivo. Más que nada porque soy el único que queda vivo de toda mi promoción de la carrera. Soy el superviviente. Como soy el decano de edad de los abogados coruñeses, lo que me llena de satisfacción. Conservo las destrezas mínimas que me permiten mantenerme en activo, tanto en el ejercicio de la abogacía como dando conferencias o escribiendo artículos.

-Se le ve estupendo.

-Estoy en plenitud de facultades, dentro de las limitaciones que impone la edad. No me puedo echar las carreras que me echaba antes, ni jugar al fútbol o al tenis. Ni al frontón, que siempre fue mi debilidad desde que me aficioné en el colegio de los Salesianos. Y mentalmente me encuentro mejor que nunca, porque tengo el conocimiento de los años pasados, renovado con todo lo que estudio cada día.

-¿Cuál es el secreto? ¿Una buena genética?

-No, eso no puede ser, porque mi madre murió muy joven, a los 47 años, y mi padre tenía 60 cuando falleció, lo que tampoco es una edad vetusta. Será mi forma de vida.

-Cuente, ¿qué forma de vida es esa?

-Básicamente que siempre me he mantenido en tensión en el estudio y en el trabajo. Si acaso he sido demasiado exigente, tanto conmigo mismo como con los demás. Reconozco que puedo haber amargado un poco la existencia a mis compañeros y colaboradores. Pero es algo que me impongo también a mí mismo.

-Hay ciertos mitos sobre usted, como que duerme todos los días con la ventana abierta o que se baña en invierno en el Orzán...

-No son mitos. Esta semana incluso me tuve que levantar a las tres de la mañana una noche para abrir la ventana un poco más, porque hacía un calor terrible. Y el baño me lo doy siempre que el tiempo lo permite. La diferencia es que este año me cogí un catarro en uno de estos baños, porque venía de la piscina, con una temperatura fantástica, y me metí en el agua helada del Orzán. Y se ve que ya no aguanto ciertos contrastes.

-También dicen que lo apunta todo en libretas.

-Llevo un diario desde que empecé la universidad, y conservo todas las libretas. Es lo primero que hago al llegar a casa por la noche. Apunto no solo lo ocurrido en el día, sino un comentario al respecto con mi opinión sobre lo que me pasa a mi y lo que pasa en el mundo. Me son muy útiles para hacer mis memorias o lo que yo llamo Breverías, emulando a las Greguerías de Gómez de la Serna. Son artículos que llevo tiempo escribiendo, documentando y comprobando con la ayuda de estos diarios.

-¿Y veremos publicadas esas Breverías?

-Espero que sí, si me dan un año o dos más de vida.

Asegura Liaño Flores que nunca tuvo voluntad de dedicarse a la política, pero aún así llegó a alcalde de la ciudad: «Se acababa de morir Franco y se había publicado el decreto de convocatoria de elecciones municipales. Me presenté porque me lo pidieron un grupo de concejales. Cuando se convocaron las siguientes elecciones presenté mi dimisión», explica.

-¿Por qué no siguió?

-Porque no me gustó la vida política. Sí la gestión, pero no la política. Prueba de ello es que nunca he estado afiliado a ningún partido. Me he identificado siempre con la ciudad y con sus problemas, pero nunca con unas siglas. Y menos ahora, con el espectáculo bochornoso que ofrecen los partidos.

-En su mandato se hizo la presa de Cecebre.

-Sí, pero ese proyecto le podía haber tocado a cualquier otro. Eso sí, creé la Empresa Municipal de Aguas de La Coruña, municipalizando el servicio que estaba en manos privadas. De eso sí que estoy orgulloso.

-¿Qué más recuerdos tiene de su alcaldía?

-La visita de los reyes para la inauguración de la avenida del Ejército, la ampliación de Linares Rivas, la celebración del consejo de ministros de la amnistía, la piscina municipal, la inauguración del parque de Santa Margarita... Y hacíamos algo que parece que lo ha copiado la corporación actual con lo del Dillo Ti. Lo llamábamos Los lunes del Alcalde. Recibía a todo el que acudía al Ayuntamiento. Estábamos hasta las dos de la madrugada escuchando a la gente. Era efectivo, ponía cara a cara al administrado con los responsables de cada servicio. Las cosas se solucionaban hablando y ahorrábamos un montón de papeleo y tiempo.

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