Tortilla mareada regada con vino barato a precio de Pingus y Vega Sicilia

El gerente del restaurante basaba la confianza de su clientela en su verborrea y en la puesta en escena


Carballo / La Voz

«Hay que reconocer que el tío es puro espectáculo y te sabe vender el producto como nadie, eso sí, en plan teatro, para aderezarlo bien y para que te sientas como en un sitio exclusivo, degustando productos únicos». Así relató un empleado de banca su experiencia hace un par de años en el Don Alex de Cerceda. Había acudido invitado por un amigo, que sí mantenía cierta relación personal y comercial con el dueño, José Alejandro Estévez Grela: «Le había comprado algunas botellas, no se si de las falsas, y un día me llamó para decirme si quería ir con él a un menú degustación. Me dijo mi amigo que era la leche en cuanto a que no era fácil comer allí. Ahora que se destapó todo entiendo el por qué».

Y es que al Don Álex no se podía acceder mediante cita previa y la espera para ir a comer era de meses. «El dueño tenía que conocerte muy bien, haber tratado contigo previamente, haberle comprado algunos de sus variados vinos, que tuviera tu número de teléfono en su agenda telefónica o ir de parte de alguien que sí tuviera contacto con el gerente. Y es que con dos mesas para comensales, la exclusividad estaba más que garantizada», apuntaron en la Guardia Civil de Madrid.

La tortilla mareada

El vídeo en YouTube sobre su «tortilla mareada, emulsionada a 39 grados y respetando su morfología, que en España es redonda» representa toda una declaración de intenciones, que ya quisiera para sí un chef de tres estrellas. Su capacidad para captar la atención del cliente era única, al igual que su forma de vender el producto. Con esa carta de presentación, el dueño del Don Alex logró hacerse con una más exclusiva y selecta clientela.

Fachada y apariencia

Según la Guardia Civil, en concreto, el Grupo de Investigación Tecnológica de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de Madrid, detrás de toda esta fachada y apariencia se encontraba una red que, supuestamente, se encargaba de falsificar vino. La red la integraban ocho personas. Adquirían el producto en palés de 500 botellas y pagaban la unidad a 19 euros. Por arte de magia y tras el preceptivo lavado de cara a base de etiquetas, capuchones corchos y contraetiquetas, aquel vino barato adquirido en una bodega de Valladolid de denominación de origen Ribera del Duero se convertía en un Pingus o Flor de Pingos, que posteriormente se vendía, según la Guardia Civil, en el Don Alex y en dos páginas web especializadas a 1.900 euros. Para el Vega Sicilia Único, que cada botella cuesta 1.400-1.600 euros esta red, ya desmantelada, adquiría Valbuena 5.º, un caldo de cien euros la unidad.

Taller clandestino

Para la Guardia Civil, no había que ir muy lejos para dar con uno de los lugares donde se daba el cambiazo. Mientras José Alejandro Estévez Grela daba sus magistrales clases de enografía como sumiller, dos plantas más arriba del Don Alex albergaba todo un «taller clandestino» con planchas metálicas, corchos, ordenadores, programas informáticos para hacer etiquetas, troqueladoras, tampones, sellos de lacre... Toda una infraestructura para el engaño. Hasta que un comprador danés dio con la farsa.

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