La rueda pinchada de la electricidad


Algunas veces leemos que en determinadas comarcas de España alguien decide que van a ser zonas piloto de algo. Que si la tecnología 5G, que si reciclajes revolucionarios, que si un transporte público adaptado a cada caso, que si con el móvil ya se pueden realizar todos los trámites administrativos de verdad, y no como se promete en algunos casos y luego pasa lo que no pasa...

Es una pena que no nos elijan para nada, o que cuando nos implantaban algo diferente fallaba al poco tiempo o no tenía continuidad. Ofrecer esos atractivos sería una manera de aumentar población, o de fijar la que vamos manteniendo.

¿Y en qué cosas piloto podríamos ser avanzadilla? En muchas. Se me ocurre la electricidad. Ahí está una buena parte del futuro del transporte. Somos una comarca absolutamente excedente en producción, pionera en parques eólicos, también en los de las nuevas generaciones y hasta en los municipales. Tenemos una de las mayores centrales eléctricas de España en Cerceda y plantas de cogeneración en las principales empresas. No hablemos ya de embalses o de futuros embalses. Fuerza eléctrica, por tanto, hay de sobra.

Pero no tenemos puntos de recarga de automóviles. Hace años, ¡años!, que se ven por ciudades europeas y algunas españolas. Y pueblos grandes. Aquí solo se habló de implantar un punto de conexión seguramente en el Rego da Balsa de Carballo, y seguimos esperando. Tampoco hay muchos coches eléctricos, pero sí avanzan los híbridos. En recorridos urbanos son una delicia, silenciosos, cómodos para el que los lleva y para el oído de quien los ve pasar. Cada vez habrá más, incluidos los eléctricos 100 %, no hay más que ver las ofertas de las marcas. Esto es imparable, aunque efectivamente exista un debate sobre el empleo de otros combustibles. Pero ni hay puntos externos, ni los garajes están preparados. Llegaremos tarde, como a tantas cosas. Ya no hablemos de bicicletas eléctricas, tan usadas en otras partes, especialmente de alquiler. Ni de esas, ni de uso particular. De momento, lo más eléctrico que tenemos con las dos ruedas son las dinamos que resisten de nuestros viejos tiempos, aquel aparatejo enganchado a la rueda y girando con ella generando, por tanto, luz. A los de una cierta edad les dará la risa que comente esto. A los adolescentes no les dará nada, porque no saben de lo que hablo, salvo que en sus clases de física, cuando lleguen a ellas, haya profesores que aún les recuerden cómo funcionan determinados mecanismos.

Optimismo cero. Y seguro que cuando finalmente tengamos muchos cargadores de electricidad por las calles, pagaremos el kilovatio más caro que nadie. Como las gasolinas, con la refinería al lado.

Autor Santi Garrido CIUDADANA

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