La naturaleza recobra el espacio que le había robado la basura

La adhesión de los concellos a Sogama acabó, no sin tiempo, con algunas de las peores agresiones ambientales de la zona


cee / la voz

La posición actual de la Costa da Morte en Galicia y en el mundo, con un atraso económico secular y tantos otros problemas, se entiende mejor conociendo de donde viene la comarca. Y en ese ejercicio de memoria cabe recordar que hace solo 15 años la basura se tiraba en el monte y en el mejor de los casos se le prendía fuego o se enterraba.

Por si fuese poco los lugares elegidos eran, un muchos casos, entornos que hoy se consideran como lugares a preservar especialmente por su alto valor ambiental y paisajístico. Auténticas montañas de desperdicios, por supuesto sin clasificar e incluyendo residuos peligros, se apilaban en la Arliña de Muxía, el monte de O Son e incluso el propio cabo Fisterra o la carretera del faro Roncudo, entre otras muchas ubicaciones.

Con todo el recorrido que queda por hacer, en cuanto a separación en origen, conciencia de reciclaje y también gestión de los residuos, porque al sistema no le faltan fallos ni críticas, el salto experimentado en estos tres lustros resulta digno de mención, porque lo que en el 2016 se entiende como natural: que haya contenedores en todas las aldeas, incluso de varios tipos, y que toda una red de recogida lleve la basura hasta las instalaciones de Cerceda era poco menos que ciencia ficción no hace tanto tiempo.

El plan de sellado de los basureros puesto en marcha por la Xunta de Galicia lo dio por finalizado el entonces conselleiro de Medio Ambiente, Agustín Hernández, en enero del 2014 en Negueira de Muñiz (Lugo), con la clausura de lo que se calificó entonces como el «último vertedero de residuos urbanos no autorizado de Galicia».

Ese proceso cambió de manera significativa el panorama en la Costa da Morte y hoy lo que eran auténticos monumentos al desastre ambiental siguen su camino hacia la vuelta al estado anterior en el que era la vegetación y la propia naturaleza la dominadora del espacio. En todos estos lugares han crecido ya un buen número de plantas propias de la zona e incluso hay puntos en los que se ven incipientes árboles, lo que no quiere decir que el trabajo haya terminado. De hecho, el año pasado los concellos de Cee, Corcubión y Fisterra todavía tuvieron que intervenir por exigencias ambientales en el monte de O Son donde compartían vertedero, según explicó el alcalde corcubionés, Manuel Insua.

Además, que no haya basureros municipales tampoco ha acabado con el problema de los vertidos incontrolados, como se demostró no hace tanto en la carretera de O Roncudo, en Corme, y como se ve prácticamente a diario en montes, cunetas, tramos muertos de antiguas carreteras,... Aunque está a la vista que la concienciación ha mejorado mucho y ciertas prácticas se han corregido, seguramente tengan que pasar todavía algunas generaciones para que quede definitivamente claro que los residuos que generan los estilos de vida moderna deben tener un tratamiento adecuado al 100 % y no acabar, bajo ningún concepto, en el monte.

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