Una ceense, en pie de guerra contra las empresas de autobús para poder viajar en compañía de su perro

M. López CARBALLO / LA VOZ

CEE

Imagen de recurso de un perro
Imagen de recurso de un perro ANA GARCÍA

Reclama poder llevar a su mascota en cabina, y no tener que bajarla al maletero, en donde no considera que se garanticen condiciones de seguridad y bienestar para el animal

29 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Belén Pequeño, ceense que se desplaza periódicamente a Ferrol por trabajo, y que lo hace en transporte público al no poder conducir por motivos de salud, está movilizando todos los recursos a su disposición para poder viajar con seguridad en compañía de su mascota, un perro de pequeño tamaño, pero ni la legislación ni las compañías de transporte le están poniendo las cosas fáciles.

Asegura que solo se decidió a hacerse con una mascota una vez se aprobó la ley de bienestar animal, ya que, tras consultarla, interpretó que existía una protección de los derechos de estos y que podría portarlos en el habitáculo superior sin problemas: «En el transporte público y en el privado se tendrá que facilitar la entrada de los animales de compañía», reza el texto. Sin embargo, lo que no sabía, y que conocería más tarde, es que la normativa sectorial dictada en materia de tráfico y circulación de vehículos a motor prohíbe que los animales de compañía viajen en cabina. Y que, en todo caso, la última palabra la tienen las compañías de transporte e, incluso, el conductor que esté de servicio en ese momento.

Según narra Belén, todo se desencadenó cuando, hace unas semanas, en una de las muchas rutas que hace entre Cee y A Coruña, un chófer la increpó por subir al autocar con su cachorro en una mochila de seguridad, «al ser el transportín demasiado grande para el tamaño del perro». No obstante, y aún después de introducir la mochila en la jaula, asevera que los problemas continuaron. Lo curioso es que en viajes posteriores, tanto con la misma compañía como con otra distinta, los conductores no le pusieron pegas.

Habitáculo cerrado

Ante el miedo a quedarse en tierra en alguno de los trayectos que realiza semanalmente, realizó consultas a las compañías y reclamó ante Transporte, que le respondió indicando que «o sinalado na Lei de benestar animal non é aplicable directamente no servizo de transporte público ao existir normativa específica que limita este transporte. Normativa, ademais, de competencia exclusiva do Estado».

También presentó una queja ante la Valedora do Pobo, añadiendo, además, que fue «condicionada, increpada e incluso amenazada con la Guardia Civil» en aquel primer viaje en el que se le presentaron problemas por viajar con su perro en cabina. A su parecer, la obligación de bajar a las mascotas a bodega, «un habitáculo cerrado y sin la debida oxigenación», supone una vulneración de lo que dicta la última ley de bienestar animal.

Semanas después, indica Belén, «continúo sin ningún tipo de solución y utilizando la alternativa del tren, supeditada a viajar solo a las localidades donde el tren tiene parada». Además, se queja del «despropósito de los precios abusivos cuando te permiten llevar la mascota», pues, según explica, «el billete [del animal] es más caro que el del propio viajero», lamenta.