Los rescates más graves en las playas se dieron este mes, cuando cesa el servicio

Solo Cee y Fisterra extienden hasta finales de septiembre la vigilancia en los arenales


carbaLLO / la voz

Hoy, cuando se cumple la primera quincena de septiembre, concluye el servicio de socorrismo en A Laracha y Dumbría. En Carballo y Malpica terminó el pasado domingo, en tanto que en Laxe y Muxía, el primer fin de semana del mes. En Ponteceso, Camariñas y Corcubión, los vigilantes ya levantaron el campamento al término de agosto. Solo Cee y Fisterra aseguran la tranquilidad en las playas hasta finales de septiembre. En el caso de Cabana, el duodécimo municipio de la Costa da Morte que dispone de arenales para los bañistas, este año no contó con socorristas.

En general, según las consultas realizadas por este medio con los respectivos concellos, ha sido un verano con escasos rescates, pese a la elevada afluencia, de récord en Dumbría y Muxía, y en general en la gran mayoría de las localidades. No obstante, los más graves se dieron el pasado fin de semana, cuando en la mayoría de las localidades ya no hay servicio de auxilio. En el puerto de Razo, el sábado, el Helimer evacuó a un buzo. En la desembocadura del río Castro, en Lires, el domingo, un surfista salvó a cuatro jóvenes, de los que dos tuvieron que ser trasladados al hospital ceense. En esa misma jornada, las playas se llenaron con las altas temperaturas. Todos ellos son hechos que, como cada año, ponen sobre la mesa la necesidad de extender la vigilancia hasta finales de septiembre.

En Cee, la alcaldesa Margot Lamela es consciente de la importancia del servicio: «Considerámolo necesario». De ahí que, desde que empezó el mandato, no solo recuperara los socorristas, sino que programase la vigilancia hasta finales de mes. Ante el último incidente en Lires, que no es el primero, dice que tomará medidas: «Vai haber que poñer sinalización de que hai que ter coidado coas correntes porque senón, non hai maneira». En Fisterra, en cambio, asegura el edil de Seguridade, Xan Carlos Sar, Kuka, que la duración del servicio se debe este año a que arrancó más tarde de lo habitual, como en la mayoría de los municipios por los retrasos administrativos derivados de la pandemia. Los otros concellos no consideran necesario extenderlo más allá de los períodos establecidos por la «menor asistencia» a los arenales, motivada por «a volta ó cole e ó traballo» y el «empeoramento do tempo», manifestaron la inmensa mayoría. A estas razones añaden también otra: la de la «escasez de socorristas».

Llama la atención que los incidentes de mayor calado en los meses fuertes del verano (julio y agosto) sucedieron cuando en los arenales ondeaba la bandera roja, que indica la prohibición del baño debido a las malas condiciones del mar. Ocurrió en O Ézaro hasta en dos ocasiones. La más grave fue cuando los vigilantes avisaron a un padre y a un hijo que eran turistas de que no salieran en kayak. Hicieron caso omiso y luego hubo que rescatarlos en la lancha. «Grazas a Deus que temos embarcación, senón era imposible», comenta el vigilante Samuel Quintáns. En Caión, también hubo dos rescates con el paño colorado que, finalmente, acabaron en un susto.

Destacaron las picaduras de escarapote en Cee, donde hubo «bastantes», así como en O Ézaro (cerca de cien) y en Caión (sobre unas doscientas). Hubo otras incidencias a destacar que requirieron de los servicios de socorrismo, entre otros, en Laxe (un chico con hipotermia, un posible infarto, la desaparición de una niña y una lesión y una posible rotura), en Malpica (un señor se abrió la cabeza en el parque biosaludable del paseo marítimo) y en O Ézaro (unos visitantes que cruzaron la cascada y que con la subida de la marea no podían cruzar). Lo bueno es que no ha habido que lamentar pérdida de vida alguna.

«Á xente recordabámoslle que tiña que poñer a máscara e vacilábanos»

Samuel Quintáns, socorrista en O Ézaro

Los socorristas tuvieron este verano un trabajo extra: contribuir con su vigilancia a que los usuarios de los arenales cumplieran las medidas de distancia social, uso de mascarilla y grupos reducidos para evitar la propagación del virus. No obstante, se toparon con situaciones de todo tipo. «Á xente recordabámoslle que tiña que poñer a máscara e vacilábanos», dice el vigilante Samuel Quintáns en O Ézaro. Algo similar sucedió en Arou pese a tener una persona contratada en exclusiva para velar por el respeto a las normas: «Houbo usuarios que protestaron porque querían saír por onde se entraba, e outros que cando o vixiante baixaba á praia facían o que querían nas entradas e nas saídas», explica el edil Sergio Caamaño, responsable de las playas. En Malpica también costó que la gente cumpliera las medidas, y eso que había cuatro guardianes para tal finalidad. Este servicio complementario por el covid-19 también finalizó en los concellos que lo contrataron, salvo en Fisterra.

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