«Si crías a tres a la vez, se les quita la tontería»

Clara, Nadia y Paula tienen 5 años y ya son todas unas influencers en el Instagram de su madre, Lucía Sambade. Estas trillizas gallegas viven el confinamiento en su casa de Cee, en un piso de 70 metros cuadrados


A los padres y madres que se agobian con un hijo, les recomiendo que se lean lo que cuenta Lucía Sambade, después de haber dado a luz a trillizas porque enseguida ella coloca las cosas en su sitio. Y da prioridad a lo que la tiene. Lucía vive en Cee con su marido, Víctor, y sus hijas de 5 años en un piso de 70 metros cuadrados, no tienen balcón ni terraza, y el confinamiento lo han llevado con el rebumbio de tres pequeñajas, Clara, Nadia y Paula (en la foto, por ese orden), en ese reto que ya es tener una familia numerosa de golpe.

El caso de Lucía fue un embarazo espontáneo, que por supuesto no se esperaba, pero que tomó con la tranquilidad que le es característica. «Yo vomitaba mucho al principio y después de tres días seguidos sin probar bocado fui a que me vieran porque no sabía que estaba embarazada de tres. Ahí me hicieron la ecografía y, claro, el médico también se sorprendió». «Afortunadamente soy tranquila, tengo esa suerte, no suelo agobiarme mucho y la noticia la recibí con bastante calma, no sé si porque con 27 años no sabía muy bien a lo que me enfrentaba, pero ni siquiera cuando me lo pusieron muy negro me vine abajo». Lucía se refiere a que en el primer momento los médicos de alto riesgo sabían que podía fallar el embarazo y prefirieron prepararla para lo peor, pero lo cierto es que todo transcurrió con normalidad y llegó bien a la semana 34. «No hice reposo ni nada, fue todo como en cualquier otra gestación, solo que yo tenía dos gemelas (Paula y Nadia), y una melliza (Clara) que iban a nacer antes de tiempo». En la semana 34 dio a luz en Santiago porque en ese momento en A Coruña no había sitio para 3 incubadoras y tuvo que ser trasladada a otro hospital. «Ahí sí me inquieté un poco porque no eran los médicos de siempre, pero cuando ya las tuve en mis brazos me olvidé de todo», dice Lucía, que con su marido aprendió en esa etapa en neonatos a dar biberones, cambiar pañales y todos los cuidados que se requieren para atender a tres a la vez en esas circunstancias.

«Cuando nos dieron el alta, yo no las distinguía, llegaron a casa con las pulseritas del hospital, pero a la semana ya las diferenciaba solo por el llanto», relata Lucía que asegura que a los dos meses dormían toda la noche seguida.

«Recuerdo que todo el mundo me decía eso de que no iba a poder sin ayuda, que era imposible, que cómo nos íbamos a arreglar por las noches. Y bueno, sabiendo que hay días mejores y peores, yo, la verdad, me organicé bien. Víctor, mi marido, tuvo un poco más de shock, sin embargo lo hemos llevado sin complicaciones. Yo lo que no quería era tener a abuelas por el medio, porque al ser tres prematuras había que ser estricta con las comidas, con las horas de las meriendas, y no podía ser eso de ‘esto hazlo así’, ‘ahora dale de esta manera’, eso me agobiaba más que estar yo sola».

Lucía se dedica plenamente al cuidado de sus hijas y su marido es soldador, pero se reparten las tareas con ellas como cualquier pareja. «Yo me encargo más de la ropa, me gusta mucho vestirlas, peinarlas con lazos, y él con otras cosas: por ejemplo, con la cadena de baños». Porque hay que vestir a tres, dar de comer a tres, bañar a tres... Ahora ya son más mayorcitas, pero ese trabajo lo dan, claro, pero también creo que se les quitan las tonterías. Aquí no hay eso de ‘te hago otra cosa para comer’ o ‘métete en la cama de papá y mamá para dormir’. Entiendo que con un hijo será distinto, pero con tres a la vez no puedes atender así. No puedes dividirte ni caer en todas las tentaciones porque no es viable. Por eso duermen toda la noche, comen de todo (pescado, verdura, fruta...) y no hay opción a réplica», explica Lucía, que desde luego maneja el manual de la crianza con mucha soltura. «Si se portan mal, pues al pasillo. En 70 metros es mi opción -bromea-, pero son muy buenas, no han dado la lata en exceso y no les ha quedado más remedio que compartir».

SE ENTRETIENEN JUNTAS

¿No hay una líder en este trío?, le pregunto. «No, no, no. Qué va, se entretienen mucho juntas, juegan a hacer de madres, de prima mayor, de profes y la personalidad de las tres es distinta. Clara, la melliza, es un terremoto, una cabritita loca. Paula (con gafas) es la más tranquila, la pacifista, es muy madre; y Nadia es como la cojas, tiene ese genio que nada más sacarlo ya te ríes».

Durante la cuarentena han tirado de paciencia, han hecho manualidades, pintan, juegan a las muñecas, y «afortunadamente -explica Lucía-, su profe no las ha agobiado con fichas, así que han estado más libres para poder pasar el tiempo como ellas desean». Las niñas saben que no se puede salir nada más que un ratito ahora, que no pueden ver a los abuelos y se han ido apañando en estos días extraños en que se ha roto la rutina».

«Yo no sé en otras casas, pero aquí en esta se va por momentos, aunque ellas se han entretenido bastante bien unas con las otras. Esa es la suerte de criar a tres a la vez, como no te da tiempo a pensar ni a mucha tontería, un rato se pelean y otro se achuchan. Yo creo que para mí ha sido más fácil cuida así que si hubiese tenido tres en etapas distintas, al menos ahora todo va de golpe. Están juntas en clase, porque me preguntaron y yo lo preferí, tienen la misma profe, el mismo cumpleaños, todo pasa a la vez», indica Lucía. De hecho las tres soplaron las velas el pasado 30 de marzo y fue la policía local a felicitarlas con música y les regalaron un libro, como hace el Concello con todos los niños de Cee.

«Las tres son muy princesitas, Clara algo menos, pero son bastante coquetas, les gusta todo ese mundo y yo, la verdad, lo disfruto mucho porque me encanta vestirlas a mi estilo, siempre iguales y con los complementos a juego», explica Lucía, que desde que nacieron tiene un blog y cuenta en Instagram su día a día. «Ha sido un modo de ir creando una especie de álbum, ves su día a día, cómo van cambiando. Es una manera de tener recopilada la vida ahí».

«Las he criado sola -especifica- porque prefiero no discutir con nadie y sabía que si al final me echaban la mano los abuelos, tarde o temprano las niñas iban a estar más consentidas. Y cuando son pequeñitas, tan prematuras, no podía verme en ese lío de que hubiese tantas manos por el medio. Uno diciendo: ‘Necesita esto’, otro explicando: ‘Hay que darle de comer mejor así’. Yo si soy capaz de ir llevándolo, prefiero hacerlo a mi modo, si no, me pongo más nerviosa. Y mira, de esta manera ha sido duro, porque son tres, pero no he necesitado recurrir a nadie. Se puede hacer perfectamente y sin tanta tontería. La verdad yo no entiendo cómo la gente se puede agobiar por tener solo uno».

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