Medio siglo de rondas gratis en La Marina de Cee

Cada Nochebuena, a partir de las siete de la tarde en este histórico local se bebe gratis


Lo que nació como una anécdota entre Camilo Soto y sus amigos es hoy una tradición que en La Marina llevan respetando por más de cincuenta años. Cada Nochebuena, a partir de las siete u ocho de la tarde, se invita a todos los clientes a sus consumiciones. No se les cobra absolutamente nada hasta la hora de cierre, que suele ser sobre las diez de la noche, a tiempo para cenar en familia.

De rentable no tiene nada, pero en este establecimiento ceense, que va ya por su tercera generación en la gerencia, se lo toman como una manera de agradecer a los clientes de toda la vida y, por qué no, de fijar a los nuevos. «Este año fue una verdadera locura», explica Patricia, que en verano del año pasado asumió la gerencia junto con Sandra y Paula, «había muchísima gente de pie y casi ni se pasaba con las bandejas», añade. Algún año incluso invitaban a pinchos con las consumiciones, pero en esta ocasión fue imposible, por la cantidad de gente que se acercó hasta este histórico local, que tiene en su planta baja capacidad para unas trescientas personas.

Camilo Soto Domínguez, que tiene hoy 94 años y una mente envidiablemente activa, inició en su día una tradición que para nada se imaginaría que llegaría tan lejos. Claro que el local ha cambiado mucho desde ese bar «de toda la vida» que él regentó en las últimas décadas del siglo XX. Desde entonces tomaron las riendas su hijo Camilo y Luisa, y ya en último término las tres jóvenes anteriormente citadas, que hace cosa de año y medio le dieron un lavado de cara al local, consiguiéndole incluso los dos tenedores al restaurante con la apuesta por experiencias etno-gastronómicas y por una bodega exquisita y de primera calidad.

Algún que otro vino acabó agotándose el pasado martes, e hizo falta que el personal del turno de mañana y «los de casa» reforzasen el servicio ante la avalancha de clientes. «Mucha gente no sabe ni que no cobramos», narra Patricia, que aunque en Nochebuena apagaron las luches a las nueve y media, acabaron quedándose un rato más. «La gente que viene aquí a esa hora no tiene que cocinar: llega y tiene la cena en la mesa», bromea la joven.

No pudo el fundador, Camilo, bajar a brindar como hacía antaño, por sus problemas de movilidad, pero está presente de igual forma. «Está feliz por que esto continúe, sentimos mucho su apoyo», concluye Patricia.

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