Cee y Corcubión caminan hacia una unión histórica de sus paseos

Impulsan un plan de Costas, pendiente del 2011, para conectar la fachada marítima

a. lavandeira
cee, carballo / la voz

Es un terreno baldío de unos pocos cientos de metros cuadrados, sobre el que ayer se dieron la mano de manera simbólica para La Voz la alcaldesa de Cee, Margarita Lamela, y el regidor de Corcubión, Manuel Insua. Escenificaban así su firme intención de acabar con un apartheid urbano de tintes históricos, el de esa parcela que trunca el paseo marítimo más largo y probablemente el más concurrido de toda la Costa da Morte, entre el muelle de Brens y el extremo de Quenxe, abrazando el seno de la ría de Corcubión. Lograrán así, con la ejecución de un proyecto de la Demarcación de Costas, que lleva en el cajón desde el 2011, acabar con rivalidades que hoy son más folklóricas que reales: aquello de los paseantes corcubioneses que se dan la vuelta antes de poner un pie en territorio ceense o las bromas de que no hay mejor vistas que las de Cee porque enfrente está Corcubión.

«Se nós, que xa temos unha certa idade, pasamos diso, imaxínate a xuventude. Disllo ao meu fillo que ten 30 anos e rise», asegura Insua, quien calcula que utilizan su paseo más los vecinos de Cee, «porque tamén ten moita máis poboación», que los suyos propios. Incluso el ocio nocturno y el tapeo de moda para muchos ceenses hoy en día está en Corcubión. Por contra, como resalta Lamela, entre los usuarios de la piscina y los participantes y las actividades culturales de Cee, la representación corcubionesa es más que amplia. «Ni siquiera necesitan contratar fuegos artificiales porque dicen que ya los ven gratis», bromea la alcaldesa.

Chistes y simbolismos aparte, a los dos regidores les queda tarea por delante, porque el proyecto ya se intentó otras veces y no fraguó. Insua se reunió el martes con Rafael Eimil, el jefe de la demarcación, y se comprometió a reiterárselo al ministerio, en este caso el de Transición Ecológica, en cuanto los socialistas revaliden el Gobierno.

Ahora bien, en la dinámica actual de Costas las expropiaciones han pasado a un segundo plano y van a tener que ser los concellos los que consigan los terrenos. Aunque están afectados y nunca se podrán construir, tienen dueños. De ahí que los alcaldes pretendan una negociación -este tipo de parcelas andan en los siete euros el metro cuadrado- antes de llegar a expropiar.

En el caso de Cee, precisan, además una modificación puntual de la norma urbanística. «Ya hablé con el arquitecto para iniciar los trámites y realizar el estudio correspondiente», señalaba ayer Lamela, que coincide con su colega, en que no se trata de una gran obra en lo económico y sí reportaría una rentabilidad social evidente. De ahí que entiendan que es más una cuestión de burocracia administrativa.

Al margen de conectar los paseos, salvar el desnivel existente y construir una pasarela en la zona de Santa Isabel, el proyecto incluye la creación de una escollera, zonas verdes y una pequeña área de aparcamientos, que mejorarían sensiblemente el aspecto actual del terreno.

Varios concellos de la zona tienen como asignatura pendiente los proyectos limítrofes

El caso de Cee y Corcubión es llamativo, incluso absurdo que los paseos no se conectasen ya durante su construcción, pero ejemplos similares abundan por el resto de la comarca. La continuación del paseo de Baio, por citar uno, cayó en el olvido, en parte porque un tramo afectaba a Vimianzo. De hecho, la asociación de vecinos Tabeirón, con solo una limpieza, ha conseguido establecer una ruta preciosa, que está por ver que se vaya a mantener. Algo parecido a lo que ocurre con el entorno de A Piroga y la histórica feria, que sigue muy alejada de las reiteradas promesas de revitalización.

Entre Caión y Baldaio ocurre tres cuartos de lo mismo. Se trata de un entorno con unas cualidades naturales indiscutibles y también susceptible de una actuación -no se precisan grandes intervenciones- que las pongan en valor. Iguales o incluso superiores, porque además albergan entre sus piedras grandes vestigios históricos, son las de A Ponte do Porto y Cereixo, donde los intereses comunes no deberían entender de marcos administrativos.

Sin embargo, el caso paradigmático es el de los Penedos de Traba y Pasarela, entre Vimianzo y Laxe. Los concellos llegaron incluso a organizar un congreso al respecto y clamaron por la ayuda de la Xunta que lleva años haciendo oídos sordos. Pero lo cierto es que ni siquiera lo elemental, que sería el desbroce de los caminos para hacer accesibles estas formaciones rocosas únicas en lo geológico, se cumple.

Son fronteras tan mentales como legales que lastran el desarrollo y el sentido de comarca.

Doble perjuicio

Las barreras del localismo limitan el desarrollo. A veces son tan sólidas que son más difícil de superar que unos muros fronterizos. La separación de los paseos de Cee y Corcubión carece de sentido, ya desde el mismo momento en que fueron construidos. Ese tramo de terreno es como una losa histórica para los dos pueblos. Una expresión de muchas otras barreras que se mantuvieron entre ambas localidades y que perjudicaron a las dos.

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