El farero origen del apellido Benlloch

Un centenar largo de los miembros de la estirpe, ya por la sexta generación, se reunirán este sábado en Muxía


cee / la voz

Muxía, Fisterra, Cee, Camariñas... además de otros muchos sitios de Galicia fuera de la comarca, tienen entre sus vecinos a algún Benlloch. Incluso hay otro grupo igual de amplio o más, que sin conservar ya el apellido, pertenecen al mismo tronco familiar, con un origen común, el del farero de Touriñán Francisco Benlloch Buigues. De ahí que una buena parte de ellos, un centenar largo, hayan decidido juntarse en una comida este sábado en el San Roque, de Muxía.

Será un encuentro muy especial porque algunos ni siquiera se conocen o hace mucho tiempo que no se ven, con imágenes familiares y la memoria del patriarca muy presente. José Enrique Benlloch del Río (bisnieto, con ayuda de su hijo Kike Benlloch Castiñeira) se ha ocupado de bucear en la historia del farero, no solo a través de la tradición oral, sino con fuentes documentales más que esclarecedoras.

Benlloch Buigues nació en Jávea (Alicante) en 1853 y se casó en 1882 con Rita Nave Cardona, en Benisa, el pueblo del que era natural ella. Tuvieron cinco hijos, cuatro de ellos varones, de los que el mayor ya andaba en los 18 años cuando se trasladaron a Muxía y otro lo perdieron viviendo en Touriñán, causa, en parte, de que ya nunca más volviesen a pisar su tierra natal.

Había sido marinero y no fue hasta 1883 cuando empieza a estar ligado al trabajo de torrero. Después de sacarse la oposición en 1886, su primer nombramiento fue en el faro de Mesa Roldán (Almería). Pasó por Cabo de Palos y Cabo Tiñoso (Murcia), Cabo de Rosas y San Sebastián (Girona), antes de recalar como encargado en Touriñán, en el verano de 1901, cuando apenas llevaba tres años construida la linterna, que no es la actual, sino la que todavía se ve, desprovista ya de maquinaria, en lo alto del tejado de la casa que era su vivienda y también la de la familia del otro farero.

Seis días de viaje

Ya el recorrido hasta Corcubión y Muxía, en tren, diligencia y luego en mulas fue toda una odisea de seis días, pero la vida cotidiana tampoco se les presentó mucho más fácil en un entorno muy aislado como era Touriñán a principios del siglo pasado. Metódico y extremadamente cumplidor en su trabajo -llegaba a quedarse de noche haciéndole compañía al otro farero aunque le tocaba descansar- sus libros de registro dan cuenta de los gastos de combustible, condiciones climatológicas, incidencias... y también de las penosidades que la Administración nunca llegó a aliviarse. Pese a haber pedido el cambio de destino en numerosas ocasiones, a Cee y Cediera, sobre todo, para que sus hijos pudiesen estudiar, acabó jubilándose allí con 67 años y se traslada a Muxía, donde fallece en 1928.

En una de esas misivas, dirigida al ingeniero jefe de A Coruña, con exquisita prosa y un más que respetuoso tono, le pone de manifiesto a sus superiores la dificilísima tarea de abastecerse de subsistencias para las 17 personas que forman las dos familias del faro, cuando tenían que conseguir los víveres a 13 kilómetros de distancia y deducir el gasto del exiguo salario de medio real diario que cobraban.

La necesidad, como detalla Kike Benlloch, les hizo, eso sí, expertos en autosuficiencia. Eran buenos cazadores y también expertos ebanistas. De hecho, algún miembro de la saga familiar acabó tomando ese camino, el de mecánico en Bazán y muchos, sobre todo de las generaciones siguientes, en el mar.

En el faro contaban con una pequeña biblioteca con recortes de prensa, textos de astronomía y navegación y autores como Blasco Ibáñez o Pardo Bazán, entre los que destacaban, tal como recogen los descendientes en su estudio, las recetas de cocina y los remedios tradicionales para paliar distintas dolencias, habida cuenta de la imposibilidad de asistencia médica derivada del aislamiento.

Sin embargo, entre sus bienes más preciados estaban sin duda una guitarra, un laúd y una mandolina traídas desde las tierras alicantinas que, al parecer, utilizaban para pasar tocando durante las interminables noches de guardia. Incluso Rita contaba con una rudimentaria máquina con un asa que servía para lavar la ropa.

Ahora de todo aquello, además del recuerdo y algunos documentos, queda la amplia familia repartida por Galicia, que el sábado se vuelve a juntar.

«O único recoñecemento que tivo deullo o Goberno de Gran Bretaña»

Kike Benlloch explica que la documentación y los testimonios recabados dan buena cuenta de cómo la dedicación y el buen hacer de su tatarabuelo tuvo una nula recompensa por parte de las autoridades. «O único recoñecemento que tivo, unha copa de prata, deullo o Goberno de Gran Bretaña polo salvamento dos náufragos dun barco inglés», asegura, en relación al naufragio del vapor California, torpedeado por un submarino U22 alemán a la altura del Vilán. A bordo de un bote 18 supervivientes alcanzaron la costa de Touriñán y Francisco, gran conocedor de ellas, les indicó con banderas el lugar para desembarcar, además de cobijarlos en su casa-faro. De hecho, el vicecónsul británico en Corcubión llegó a enviarles carne, pan y tabaco en los días siguientes.

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