«Foi unha pena todo porque a Sicar era coma hoxe Carburos»

FOTOS CON HISTORIA | ENCIERRO DE LOS TRABAJADORES DE SINCAR LINE EN 1991 | Quienes vivieron la huelga de la naviera ceense la cuentan desde sus diferentes perspectivas


Cee / La Voz

La foto. El lunes 8 de julio de 1991 a las 12 de la mañana se hizo oficial el comienzo de la huelga indefinida en la naviera Sicar Line de Cee. Con los barcos en puerto se sucedió un prolongado conflicto, el más largo de la marina mercante hasta entonces en España, que dio lugar, entre otras medidas a este encierro de trabajadores del 3 de agosto de 1991. La protesta se prolongó hasta las Navidades del año siguiente y acabó mal para los intereses de la comarca, que perdió un foco industrial del que dependían cientos de empleos que nunca se recuperaron

Los protagonistas. Quedan vivos en la comarca aún un buen puñado de los trabajadores que protagonizaron aquella huelga, tanto de manera activa como indirecta, que la relatan desde sus puntos de vista. Elías Sixto, de Lires, estuvo 22 años embarcado y recorrió Europa en los mercantes de la Sicar, al igual que Joaquín Villar, de Corcubión, que llevaba desde el 82 en la empresa y ya había estado antes de formarse como marino mercante. Emilio García, de Xallas uno de los lugares con más trabajadores en la compañía, pasó nada menos que 42 en los astilleros ceenses y tuvo que acabar su carrera con contratos de meses en empresas pequeñas para jubilarse.

El relato de una parte empresarial intransigente y sin escrúpulos y de unos trabajadores que no se quejaron hasta que perdieron el sustancioso negocio que hacían con el contrabando de tabaco o de artículos electrónicos, se convierte en algo distinto y mucho más complejo cuando se habla con los protagonistas de la huelga de la naviera Sicar Line, que afectaba a algo más de 80 trabajadores en el verano de 1991, pero que acabó llevándose por delante la actividad de la compañía en Cee y, con ella, centenares de empleos.

Los sindicatos calcularon mal sus fuerzas y cometieron un error garrafal de inicio, el de plantear la huelga con los barcos de la compañía todos en Cee. De hecho, según recuerdan algunos trabajadores, el empresario, Marcelo Castro Rial, llegó a lamentarse de no tener un helicóptero para hacer una foto, porque nunca había visto todos sus barcos juntos.

Anécdotas aparte, lo que empezó como un conflicto más o menos amable, en el que los encerrados en los barcos iban a por dinero a la oficina para comprar víveres, acabó con un enconado encierro y una empresa de seguridad con perros, que incluso llegaron a morderle a un trabajador.

Joaquín Villar Pérez, primer oficial de puente, trajo a puerto el último barco, el Manuel Rial, con la huelga ya desatada y recuerda que ya se hizo cargo el práctico y fue directo a las gradas del varadero. «Eu formei parte da folga porque tiña que ir coa maioría, pero non era partícipe de facer a folga. O sufrimento non era igual para os que estaban na casa que os que estabamos nos barcos. Aínda así, meu pai viña buscarme nunha chalana, e eu saltaba pola popa e ía durmir á casa coa miña muller. De madrugada volvía», relata el marino, al que le molesta que se crea que todos vivían del contrabando. «Cada un é como é, eu ía polo meu soldo e eses que eran contrabandistas non querían navegar comigo, non me querían a bordo», recuerda.

Las relaciones con el propietario son difíciles de explicar con los enfoques actuales y tenían más que ver con un carácter familiar, porque sí varios de los protagonistas coinciden en que se ganaba más en otras empresas, también destacan que les prestaba dinero sin intereses para hacer una casa o ponía sus máquinas a disposición para solucionar necesidades vecinales.

Emilio García, el presidente de la comisión de fiestas de Xallas y tesorero de la asociación de vecinos, recita de memoria los barcos que pasaron por sus manos, para construirlos desde cero o repararlos, durante 42 años en los que empezó «con 16 como aprendiz con Antonio do Caramuxo, que era chofer de don Marcelo», y hasta que llegó a maestro soldador. Da cuenta de toda la riqueza que se movía en Cee, entorno a la naviera y el astillero. «Gañábase máis na Sicar que en Carburos», recuerda.

Esa misma comparación es la que utiliza Elías Sixto, de Lires, que estuvo 22 años embarcado. «Foi unha pena que se viñese todo abaixo porque a Sicar era coma hoxe Carburos [Ferroatlántica]», incide el marino, que también habla de una relación familiar con el patrón. «Don Marcelo chegou a durmir na miña cama», cita, durante una avería en Inglaterra, que él mismo solucionó y le permitió ganar crédito en la firma.

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