El Cee se fue a la guerra


Carballo / La Voz

«En el minuto 90+4, el jugador Cristian Vázquez Canosa fue expulsado por el siguiente motivo: golpear con la mano, con uso de fuerza excesiva, a un contrario en la cara, no estando el balón en juego», recoge el colegiado Óscar Santos en el acta del último encuentro del Cee ante el Ponteceso en la Liga da Costa. El que siga algo la prensa o el fútbol aficionado de la zona sabrá que este hecho no es algo puntual en lo que va de temporada en la entidad blanquiazul, sino la gota que colmó el vaso.

Algunos querrán ocultar lo que varios integrantes del Unión Club Cee, tanto de la directiva como de las plantillas juvenil y sénior, han hecho en hasta tres partidos de sus respectivas categorías. Incluso alegando que lo que el árbitro recoge en el acta es mentira. Se olvidan, pues, de que en el ámbito del fútbol lo que va a misa es lo que dice el trencilla. Además de que este debe ser tratado y respetado como cualquiera otra autoridad. Pero, en todo caso, en lo que deberían de poner atención es en mirar qué está haciendo mal el club más laureado en la Costa da Morte para que sus miembros vean cada encuentro deportivo como una guerra que ganar, sea como sea, cueste lo que cueste.

El hecho de que los de San Paio de Refoxos lleven ocho jornadas sin vencer y a las puertas del descenso directo no puede servir para excusar su actitud. En un campo de fútbol (y en cualquier otro deporte) hay que saber ganar y, también, perder. Tampoco la condición de que para la directiva esta sea su segunda campaña al frente del barco y, por lo tanto, muchas veces no sepan cómo dirigir el timón. La educación y el respecto deben ser los primeros valores enseñados en toda actividad deportiva.

Lo que no es normal es que en poco más de un mes, una misma entidad sea la protagonista de la peor cara del deporte. Y, en concreto, del fútbol. Porque algo que no se puede ocultar es que este sector sea donde más trifulcas se producen. Un motivo de que esto ocurra en la zona, además de que se trata del deporte más practicado, puede deberse, quizás, a las personas sin criterio ni buenos modales de comportamiento que encabezan muchas de las entidades. Si ni ellos mismos saben estar en un partido (hay algún presidente que incluso se atreve a insultar al entrenador de su primer equipo desde las gradas), ¿qué se espera que vayan a enseñarle a los jóvenes? Alguien debería de controlar esto. Aunque tampoco hay que olvidarse de que la educación donde primero se recibe es en casa. ¿Qué decir de los padres que insultan a los rivales de su hijo o al mismo árbitro? Evolucionemos y tomemos medidas.

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