«Empezamos de cero e creamos un museo»

Hace 25 años comenzaba el último impulso para dar a los fondos del Fernando Blanco el relieve que se merecían


Carballo / La Voz

La foto. Jueves, 16 de septiembre de 1993. El conselleiro de Cultura, Daniel Barata, visitaba el instituto Fernando Blanco de Cee con el director de Patrimonio. No conocía el importante legado cultural y científico que se acumulaba en las centenarias dependencias, y tras recorrerlas, destacó la importancia de lo que había y la necesidad de preservarlo. No se quedó en palabras amables, sino que inició los trámites para aportar ayudas que permitiesen la catalogación de los fondos, tan diversos en temática. Muchos de ellos pueden verse en la actualidad en el Museo Fernando Blanco, en la Alameda, la antigua Escola das Nenas, cuya restauración fue todo un logro.

Los protagonistas. En la imagen aparecen Jesús Casas Camino, que era el director del instituto Fernando Blanco; Manuel Castro, que era el alcalde y por tanto presidente el patronato de la Fundación Fernando Blanco; Manuel Lamela, que también fue director del centro (y alumno, y profesor), pero que en ese momento era el representante en el consello escolar por parte del Concello, en el que estaba de concejal (también fue alcalde), además de muy implicado en la recuperación del patrimonio del instituto. Junto a ellos, el conselleiro Daniel Barata Quintas, ourensano, de Centristas de Galicia, nombrado por Fraga en 1990, acompañado del director xeral de Patrimonio, Iago Seara.

La historia El instituto Fernando Blanco de Cee ha sido clave en el desarrollo educativo de la localidad y de la comarca en general, pero su valor va mucho más allá. Joya arquitectónica, jardín botánico, elemento clave para entender las encomiendas que los emigrantes con fortuna hacían para mejorar la vida de quienes fueran sus vecinos, a lo largo de los años había ido acumulando un importante legado cultural y científico que, sin embargo, estuvo mucho tiempo olvidado en el desván del edificio. Literalmente.

Para evitarlo, un grupo reducido de ceenses trabajó durante mucho tiempo para dignificar todo ese patrimonio. Hay varios nombres, pero sin duda uno de los que han sido clave -si no el que más- es el de Manuel Lamela Lestón. En todas sus vertientes: alumno, profesor, director, concejal, alcalde. «Nós viamos aquilo como a nosa casa», recordaba ayer. El Fernando Blanco era mucho más que un instituto. Y esa parte museística estaba a un lado. Incluso llegaron a desaparecer muchas piezas en otras épocas. Y existía el riesgo cierto de que todo eso se perdiese.

Para evitarlo, tanto Lamela como otros compañeros ya venían trabajado de manera silenciosa con muchas piezas. Y articulando ya las actividades que se celebrarían en 1996 para conmemorar el bicentenario el filántropo. Ya en 1981 se había celebrado un acto conmemorativo, el primero, por el centenario de la colocación de la primera piedras del instituto: misa a cargo de Baldomero Louro, una placa, la tuna de Santiago, conferencia de Francisco Mayán, la Masa Coral Cantigas da Terra, verbena popular...

Pero faltaba ese empuje definitivo para la preservación, y hace justo un cuarto de siglo puede situarse ese punto de inflexión, con el apoyo autonómico de la Xunta a la catalogación (Lamela recuerda que sufragó restauradores ) y posteriormente a la creación del museo, aunque en este caso el empuje económico llegó de varios frentes. Fue un trabajo arduo. Y no de repente. En aquellos recordados actos del bicentenario ya se había comprometido a crear ese museo necesario: «Empezamos de cero e creamos un museo», resume Lamela. Es uno de los logros de los que está más orgulloso. Le gustaría que se dinamizara aún más, porque una sala de esta características es poco común en Galicia, y aporta elementos didácticos necesarios para comprender el sistema docente durante más de un siglo. Queda muchos material aún sin exhibir, guardado en cajas, en vitrinas... Lamela recuerda que una de las estancias de la Casa da Cultura (una obra que tardó demasiados años en terminarse) estaba precisamente pensada para albergar ese material.

El Fernando Blanco tiene muchas más historias. Como cuando se construyó el Agra de Raíces y apenas quedaron unos 50 alumnos en la FP. Cuatro años más tarde había 500.

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