«En Carburos, las mujeres empujaban vagonetas»

A principios de los 60, el trabajo en la factoría de Cee era duro y estaba mal pagado, pero había mucho empleo

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carballo / la voz

La foto. Ramón Caamaño se asomó una mañana a la ventana de su casa-estudio de Corcubión, vio a cinco jóvenes remando en un batel y les hizo una foto. Todos ellos eran trabajadores de Carburos Metálicos y tenían entre 16 y 18 años. Durante poco más de un año representaron, con poco éxito, a la empresa en regatas. El lugar en el que el famoso fotógrafo muxián los inmortalizó está 10 metros al sur del hotel La Marina. Al fondo se puede ver el instituto Fernando Blanco y, a la derecha, la iglesia. Es un Cee completamente distinto al actual.

El protagonista. Antonio Ares es el último de los remeros que aparecen en la foto, el que va antes del patrón, Ventura Vázquez, que está ingresado en el hospital. Fue concejal del PSOE en Cee durante 16 años, del 83 al 99, cuando por un puesto quedó fuera del Concello. Trabajó en el laboratorio de Carburos Metálicos desde los 17 años, después de hacer el bachiller laboral en el Fernando Blanco, y dejó su puesto cuando hizo la mili. Al volver se empleó en el negocio de su padre, de reparación de aparatos eléctricos. Ahora forma parte de la asociación Amigos de la Banda de Música de Cee, como casi todos los amigos con los que aparece en la foto

La historia. El cambio que ha experimentado Cee desde finales de los años 70 ha sido extraordinario, tanto que resulta más fácil reconocer a los chicos que remaban hace 55 años por la ría, que un pueblo en el que el hospital, el mercado, el Concello, el centro de salud, el centro comercial y las calles más céntricas están en terrenos ganados al mar.

Lo que no ha cambiado es la ubicación de la principal factoría de la comarca de Fisterra. Lo que hoy es Ferroatlántica antes era Carburos Metálicos. Allí trabajaban a principios de los 60 muchos jóvenes de la zona como Antonio Ares, Manolo El Patricio, Manolo Soneira, Ángel Luis Alejandro y Ventura Sánchez, a los que Ramón Caamaño retrató cuando practicaban el remo. También entrenaba Ramón Insua, que ese día no formaba parte de la tripulación. El grupo estaba en el laboratorio, una de las zonas más tranquilas de la fábrica, aunque el sueldo era bastante escaso y solo uno de ellos, Ventura Vázquez, continuó en la factoría a la vuelta de la mili, pero como conductor.

Antonio Ares recuerda que entonces el trabajo era muy físico, había poca maquinaria e incluso las vagonetas que llevaban el mineral al puerto por raíles tenían que ser empujadas y eran las mujeres las que se ocupaban de ello. Recuerda el exedil ceense que entonces el empleo femenino era muy importante. «Había más de cien mujeres», recuerda. Realizaban labores no cualificadas, también de limpieza. Solo quedaban fuera de los hornos, donde la plantilla era exclusivamente masculina.

Las regatas eran habituales entonces. Las celebraban en Corcubión por las Mercedes, en Noia y en As Pontes, cuando eran de García Rodríguez, también en A Coruña, organizadas por Educación y Descanso. Antonio Ares, junto a sus compañeros, representó a Carburos Metálicos. Les daban permiso para ausentarse del trabajo y entrenar, pero en el año y medio que le dedicaron a los bateles antes de irse a la mili no dejaron el pabellón demasiado alto. De hecho, tienen el vago recuerdo de que el interés de la empresa por el mar disminuyó mucho.

La ría entonces era un auténtico estercolero, según recuerda Antonio Ares. De hecho, Cee vivía de espaldas al mar. «En la costa estaban las fincas y las casas estaban apartadas. Toda la basura iba al agua y olía muy mal», recuerda. Ese fue el motivo por el que cuando el alcalde José Sánchez decidió construir el relleno todo el mundo estuvo de acuerdo.

A pesar de Carburos Metálicos fueron muchos los jóvenes que se marcharon para buscarse la vida. Antonio Ares recuerda que Manuel, El patricio, emigró a Holanda, en tanto que Manuel Fernández hizo su vida en Barcelona, donde montó una empresa de electricidad. Él se hizo autónomo y siguió con el negocio familiar.

Recuerda que entonces Carburos Metálicos empleaba a unas 800 personas, pero «se ganaba más bien poco», recuerda. Con los años los sueldos se fueron equiparando con los que tenían los trabajadores catalanes, puesto que la empresa tenía su sede en Barcelona.

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