El orgullo de un ginecólogo de cabecera

La calidad asistencial y la humanización guían el trabajo de este especialista afincado en Cee

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El orgullo de un ginecólogo de cabecera La calidad asistencial y la humanización guian el trabajo de este especialista afincado en Cee

Cuando inicié mis estudios de Medicina, la idea que tenía era especializarme en Psiquiatría y tuve muy buenos profesores en esta disciplina, pero fueron los de Obstetricia y Ginecología los que consiguieron apasionarme por esta especialidad. Durante quinto y sexto fui alumno interno pensionado de la Cátedra de Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de Zaragoza y todavía recuerdo las preguntas que me tocaron en el examen de acceso: Placenta previa y Cronología sexual de la mujer. Teníamos un sueldo de unas 200 pesetas al mes. Sí, 7 pesetas al día. Incluso hace treinta años eso era una miseria y las bromas al respecto eran frecuentes. Un día, tomando un café en la facultad, se me acercó el catedrático Heraclio Martínez y muy serio me dijo: «Don Íñigo, le voy a echar del departamento. Me he enterado que con el sueldo de interno mantiene usted a una querida». El ataque de risa fue enorme, por el chiste y por hacerlo una persona que aparentaba tan seria, un profesor que simplemente con su presencia imponía, no miedo, sino un respeto tremendo.

Recuerdo perfectamente el primer parto que vi, siendo alumno. Y recuerdo también el primer parto al que asistí ya de residente. Al iniciar la especialidad los residentes mayores nos llevaban de la mano en nuestros primeros pasos; resuena todavía en mi cabeza al más experimentado explicándonos mientras atendía un parto y a la vez nos decía: «Esto lo vais a tener que hacer vosotros en breve». Yo pensaba: «¿Cómo voy a poder yo atender a esta especie de cataclismo de la naturaleza? No puedo. Una cosa es ver partos y otra muy distinta tener que atenderlos». El compañero debió percatarse de mi cara de susto y me tranquilizó: «Yo también tuve miedo, no te preocupes». A los pocos días llegó el momento. Había una mujer de parto y una matrona (Otilia) nos dijo a los nuevos: «A ver cuando os estrenáis!!». No me lo pensé y así fue como asistí a mi primer nacimiento, con la ayuda de esta matrona a la que le sobraban cocimientos y experiencia. No pensaba yo en ese momento la importancia que iba a tener en mi desarrollo profesional la relación con el colectivo de matronas, lo mucho que me iban a enseñar y la cantidad de horas que íbamos a compartir en las salas de partos. Después de ese primer parto han venido otros muchos, todos distintos y a pesar del tiempo transcurrido no deja de emocionarme el asistir a este proceso.

Un cuarto de siglo de trabajo

Próximamente se van a cumplir veinticinco años desde que acabé la especialidad. He ejercido en los hospitales Sant Jaume de Olot (Girona), de Verín (Ourense), Povisa en Vigo y Virxe da Xunqueira de Cee, y en todos he aprendido muchísimo. En Olot me estrené como especialista y no pude caer en mejor sitio ni con mejor jefe de servicio, César Blasco, que me facilitó quitarme el cascarón de residente y convertirme en adjunto. No solo aprendí ciencia y técnica de la especialidad, sino también una forma distinta de relacionarme con las pacientes, y fue mi primer contacto con la calidad asistencial, otro de los campos que me han interesado, en el que me he formado y he tenido responsabilidades paralelamente, o más bien complementariamente, al ejercicio de la ginecología. Entiendo la calidad asistencial como una herramienta que va a proporcionar al servicio que damos una serie de atributos (equidad, seguridad, uso eficiente de recursos, excelencia clínica, atención oportuna en el tiempo, participación de las usuarias en la toma de decisiones, etcétera) que facilitan el cumplimiento de nuestro deber profesional.

Trabajar en un hospital comarcal tiene sus limitaciones: los medios son más reducidos, se hace una medicina más generalista, menos superespecializada, pero no es menos cierto que se puede hacer una gran labor. Estoy convencido, además, de que este pequeño tamaño ha facilitado un mayor acercamiento con los usuarios/pacientes que ha sido fundamental para poder dar ese toque que caracteriza al Virxe da Xunqueira: la humanización en la asistencia que damos.

La tecnología se ha desarrollado de forma vertiginosa, lo que ha permitido obtener cada vez mejores resultados, pero también ha llegado a convertirse en una barrera en la relación entre médicos y pacientes/usuarios. Más preocupante ha sido quizá este despliegue en la asistencia al parto, donde se ha tratado a las embarazadas como si parir fuera una enfermedad. Además, el acceso a las nuevas tecnologías de la información ha facilitado que los pacientes/usuarios puedan consultar artículos científicamente validados e información de procedencia y calidad dispar. Esto favorece una nueva forma de relación donde sin dejar de ser importantes las competencias y habilidades técnicas, la humanización se hace imprescindible.

Con esta idea se ha ido fraguando en la última década, un modelo de atención en el que, sin peligrar los buenos resultados se ha ganado en calidez, y en el que las mujeres van retomando su papel protagonista. El servicio de Obstetricia del Virxe da Xunqueira lleva trabajando en esta línea, incluso desde antes de que esto se convirtiera en un proyecto institucional, y es por tanto para mí un orgullo trabajar con este equipo que ha hecho posible tantos logros.

Llevo casi 18 años en el Virxe da Xunqueira. Un día aparece en la consulta una chica, acompañada de su madre que le dice: «Este es el médico que me atendió cuando tú naciste». A partir de ahí la historia se repite de vez en cuando, empiezas a atender a chicas a cuyos nacimientos asististe, y entonces te conviertes en algo así como el ginecólogo de cabecera. Y la verdad es que esto me gusta, me encanta ser ginecólogo de pueblo, ginecólogo de cabecera, es un orgullo.

DNI. Íñigo Montesino Semper. Nacido en Irún (Guipúzcoa, 1962) llegó al hospital Virxe da Xunqueira en 1999 tras haber pasado por el Sant Jaume de Olot (Girona), el de Verín (Ourense) y Povisa en Vigo. Fue director médico del hospital ceense entre mayo del año 2006 y octubre del 2008 y en la actualidad es el responsable del servicio de Obstetricia y Ginecología.

 

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