El tramo dos de la autovía


Carballo / La Voz

Después de 13 largos años, el tramo uno de la autovía de la Costa da Morte es, por fin, una realidad. No está mal, la espera pudo ser más larga. Pero lo importante es que, aunque sea el tramo uno, es un tramo. Peor es nada. Hay que ver el vaso medio lleno. Sobre todo cuando se trata de la Costa da Morte. La hemeroteca, esa maravillosa herramienta, guarda con mimo aquella frase lapidaria lanzada por la que fuera ministra de Fomento con José Luis Rodríguez Zapatero, Magdalena Álvarez, quien definió el proyecto de infraestructuras tras el desastre del Prestige como «Plan Galicia de mierda».

Aquel programa era una especie de cajón de sastre en el que cabía de todo. A día de hoy poco se sabe de la inauguración del Parador de Muxía, y nada del polígono de Coristanco, el primer Concello en solicitar las ayudas para su construcción y que más de un decenio después sigue sin área industrial. Ni se le espera. Mientras, un buen puñado de empresarios se enfrentan a sentencias en firme de derribo por ilegalidades urbanísticas.

La apertura del tramo uno de la autovía supone una bocanada de aire fresco. Una mirada a un futuro en el que los brotes continúan sin ser verdes. Pero algo es algo. Es una gran obra. No tiene nada que ver con la chapuza de la AG-55. Ahora bien, no hay que olvidar que el proyecto inicial incluía la autovía hasta Cee. No es lo mismo vertebrar una comarca que vertebrar media comarca. Los vecinos de Cee, Fisterra, Corcubión, Dumbría o Vimianzo también tienen derecho a una buena autovía, de calidad y gratuita.

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