García Gondar, sesenta años sembrando fe: el servicio del corazón

Manuel María

CARBALLO MUNICIPIO

El párroco García Gondar, en una imagen de archivo, años atrás
El párroco García Gondar, en una imagen de archivo, años atrás .

La iglesia parroquial de Carballo acoge a las 20.00 horas una misa de acción de gracias por estos seis decenios de sacerdocio

18 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay vidas que no se explican con cifras, aunque las cifras ayuden a nombrarlas. Sesenta años de sacerdocio pueden contarse en calendarios, pero no caben en ellos. La vida de José García Gondar se mide mejor por sus huellas: por las puertas siempre abiertas, por el silencio compartido cuando faltan las palabras, por las manos que bendicen y sostienen. Una constancia discreta, sin estridencias, que no busca brillo y, sin embargo, ilumina. Sesenta años es un camino largo para quien decidió no caminar solo. Desde aquel primer «sí» de su ordenación sacerdotal pronunciado con voz joven, hasta la serenidad honda de hoy, su ministerio ha sido una paciente labor de servicio.

Nacido en Oca (A Estrada) en 1943, fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1965. Aquel día comenzó una vida entregada, una vocación que no se quedó en las ideas, sino que se volvió camino, rostro y presencia. Desde entonces, su sacerdocio ha sido una oración caminada: fe encarnada en lo cotidiano, esperanza pronunciada en voz baja, acompañamiento fiel en los cruces de la vida. Ha estado presente en los momentos de alegría y en los de dolor más silencioso de todas las personas que han pasado por su vida.

El 1 de agosto de 1972 llegó a Carballo, joven y lleno de esperanza. Entró en la capilla de la Milagrosa y se detuvo ante la imagen de la Virgen. Este gesto sencillo marcó el inicio de una historia compartida que hoy suma 53 años. Desde entonces, Carballo dejó de ser un destino para convertirse en hogar. La parroquia de San Xoán Bautista se volvió espacio de encuentro, mesa común, refugio para quien buscaba sentido. Con el paso de los años, su ministerio se fue definiendo con una convicción clara y constante: «En Carballo sempre temos as portas abertas e a mesa preparada». La parroquia como casa de todos, como hospital de campaña para las heridas del alma, como lugar donde nadie sobra. Escuchó más de lo que habló, acompañó más de lo que juzgó, y enseñó que la fe se vive con los pies en la tierra y la mirada alta.

Pastor con olor a oveja, esas mismas ovejas que parecen habitar su despacho como un silencioso rebaño, entendió que el ministerio no es un pedestal, sino un puente. Como vicario de A Coruña y ahora como arcipreste, como moderador del equipo sacerdotal de la unidad pastoral de Carballo, trabajó codo a codo con otros presbíteros para fortalecer una pastoral enraizada en la vida real de las personas y en las parroquias del arciprestazgo de Bergantiños. Creyó en el trabajo compartido, en la Iglesia que camina junta, en la sinodalidad, en la comunidad como una familia donde todos colaboran, rezan, se ayudan y se cuidan mutuamente.

Su voz ha acompañado los momentos que han ido tejiendo la memoria espiritual y social de Carballo: las celebraciones de la Milagrosa, las fiestas del patrón San Xoán Bautista, el 50 aniversario del templo parroquial, las misas de cada día y las grandes convocatorias que reúnen al pueblo, todas ellas sostenidas por largas predicaciones. En todas ellas, su presencia no ha sido solo la de quien preside, sino la de quien camina al lado.

Más allá del altar, su sacerdocio se ha hecho compromiso. Como consiliario de Cáritas Interparroquial de Bergantiños, acompaña proyectos de inclusión social que no se conforman con aliviar la necesidad inmediata, sino que buscan dignidad, escucha y horizonte. Porque para él, la caridad nunca fue un gesto puntual, sino una forma de vivir el Evangelio con las manos abiertas.

Celebrar sesenta años de sacerdocio es celebrar una manera de estar en el mundo. Es reconocer que hay vocaciones que se sostienen por la gracia, sí, pero también por el trabajo diario, por la disciplina humilde, por una dedicación que no se cansa de empezar cada mañana.

Hoy, Carballo da gracias a García Gondar. Por el tiempo regalado, la palabra sabia y oportuna, la presencia constante y fiel. Agradece, además, su capacidad para abrir nuevos horizontes pastorales y sociales, y por ser pionero en explorar caminos inéditos, incluyendo el uso de las nuevas tecnologías como herramienta para llevar el Evangelio a todos los rincones. Carballo agradece que, en un mundo de prisa, José García haya elegido la permanencia; que, en tiempos de ruido, haya cultivado el silencio fecundo; que, en horas de duda, haya ofrecido esperanza sin promesas vacías. Sesenta años después, el servicio del corazón de este sacerdote continúa sembrando fe.