El artista local Manolo Eirín recreó en cerámica un plano de 1777. «Sempre é necesario refrescar de onde vimos para saber os camiños que debemos trazar», dice el regidor
18 mar 2022 . Actualizado a las 14:10 h.En pleno proceso de renovación y modernización urbanística, la zona de Baños Vellos de Carballo dará un paso más, también, en otra dirección, la de recuperación de la memoria histórica. Porque allí se instalará una fuente que ensalzará la importancia que ha tenido el termalismo en la vida social carballesa. Una construcción que será solo una pequeña parte de un proyecto que pretende poner en valor esa tradición termal del municipio y que también integra un espacio soleado que incluirá un canal elevado que discurrirá en dirección sur, una alberca, en la confluencia entre la Rúa Baños Vellos y Rúa Ourense, y una escultura.
De esa pieza se encargó el artista local Manolo Eirín, que recreó, en gres, el plano de las ruinas del balneario romano realizado por el arquitecto compostelano Miguel Ferro Caaveiro durante la excavación del año 1777 y que fue recogido por Gregorio Casado y Rosa María Franco en su investigación O balneario romano de Carballo segundo as fontes do Arquivo do Reino de Galicia.
Han pasado 245 años desde aquella exploración que se llevó a cabo gracias al redescubrimiento, sesenta y un años antes, de unos manantiales que ya habían sido explotados con mucha anterioridad y que habían quedado en el olvido. Porque, como el plano indica, todo apunta a que los romanos ya daban buen uso a estas aguas santas que aparecieron en lo que se conocía entonces por Agra das Caldas, un conjunto de leiras próximas a los Baños da Lagoa, que era el núcleo de población más próximo durante la primera década del siglo XVIII. En 1771, un texto judicial recogió la existencia de una capilla y de pequeñas casas para acoger a los enfermos que llegaban allí para curar sus dolencias.
El recinto fue creciendo y, en 1850, Antonio Mejide ya escribía sobre «dos edificios de seis habitaciones cada uno, otro con dos y tres departamentos distintos, uno para militares y dos para pobres...», lo que habla a las claras de la popularidad que llegó a alcanzar el termalismo carballés para la gente, sobre todo, de la provincia de A Coruña.
Pero la necesidad de vivienda, y el centralismo urbanístico, provocaron que, en la segunda mitad del siglo pasado, se tomara la decisión de convertir aquel abierto y esplendoroso espacio que delimitaba la Rúa Vázquez de Parga, en un conjunto de bloques en el que solo el balneario recordase parte de su pasado e hiciese honor al nombre de la calle.
No obstante, parece que ahora sí se quiere volver a destacar lo importante que son las termas en la historia de la localidad y, aunque no llegará a las dimensiones del primogénito, la zona volverá a contar con un espacio abierto entre tanto edificio gracias a unos trabajos que están siendo supervisados por técnicos de Patrimonio Cultural, precisamente por localizarse en el ámbito de protección de las termas romanas de Carballo, definido en el Plan Xeral de Ordenación municipal, aprobado en 2016.
«Sempre é necesario refrescar de onde vimos para saber os camiños que debemos trazar»
El alcalde de Carballo, Evencio Ferrero, la concelleira de Planificación e Estratexia Urbana, Milagros Lantes y el arquitecto municipal, Alfredo Garrote, se acercaron al estudio de Manolo Eirín para ver de cerca la escultura que recrea, en cres, los planos de Caaveiro. Una pieza que será el broche final para una reforma que debe reivindicar el peso histórico que tiene el termalismo en Carballo, o así lo espera el regidor: «Sempre é necesario refrescar de onde vimos para saber os camiños que debemos trazar e penso que o balneario ten que ser un referente na vida do pobo e así o pretendemos formalizar», comentó Ferrero, que todavía recuerda aquella zona de la Condesa antes de que «desafortunadamente, o desenvolvemento dos anos 70 levase moitos referentes, entre eles ese espazo onde estaba o balneario e onde se fixo unha intervención demasiado agresiva», sentenció.
Una idea de la pandemia
«Eu estaba argallando para outra cousa e, de repente, caiume o mapa de Caaveiro nas miñas mans, polo que algo tiña que facer con el», desvela Manolo Eirín, el artesano local encargado de una escultura que se ideó en pleno tiempo de pandemia. Una obra de 1 x 0,8 metros que realizó en gres y que se introducirá en una estructura de hormigón para recrear una imagen similar a la de un panel informativo o a la de un plano de un proyecto en construcción. «É para que a xente o poida tocar», señala Eirín sobre su escultura, que se alzará sobre un espacio abierto entre la Rúa Ourense y la Rúa Baños Vellos, cuyo pavimento también remarcará los puntos donde se encontraron las ruinas del balneario antiguo, que se destacarán en color rojo, como aparecen ya indicadas en el mapa original del que se valió el artista.