Ana Cores: «Ahora vivo como una reina, pero fregué casas y puse muchas copas»

Pablo Portabales
Pablo Portabales A CORUÑA

CARBALLO MUNICIPIO

Ana Cores, odontóloga de A Coruña
Ana Cores, odontóloga de A Coruña MARCOS MÍGUEZ

Esta odontóloga dirige junto a su marido las clínicas dentales Herrera & Cores

27 sep 2021 . Actualizado a las 15:28 h.

Siempre sonriente. Siempre impecable. Siempre con ropa colorida. «Soy muy presumida, pero en 20 minutos me arreglo, no le dedico más tiempo. Me encantan los vestidos y las americanas y nunca visto de negro. Mis prendas son de colores vivos, llamativos, fosforitos... Me animan», reflexiona la odontóloga Ana Isabel Cores Suárez. Tiene 41 años y dos hijos, uno de 5, y otra de 12 fruto de una anterior relación de su marido y socio, Gabriel Herrera. «Hace 8 años que me enamoré. Nos conocimos en la cena de empresa de una clínica en la que trabajaba en Carballo. Existe la media naranja. Yo la encontré. Nos casamos en menos de un año. Me pidió matrimonio en Venecia, que siempre había sido mi sueño ir. Somos muy de estar juntos y hacemos muchas escapadas. Suena empalagoso, pero me encanta estar con él, y eso que trabajamos en la misma empresa. Compartimos todo», analiza. Dirigen las clínicas dentales Herrera & Cores, una en la calle Concepción Arenal de Cuatro Caminos y otra en O Temple. «Empezamos él y yo y una higienista, y ahora somos 20 empleados. Nos sentimos muy orgullosos de la trayectoria y de los premios que nos están dando. Nos van las cosas bien a base de mucho trabajo. Ahora vivo como una reina, pero en su día fregué casas y puse muchas copas en discotecas», confiesa. Dice que se está planteando escribir un libro. No me extraña, su vida es apasionante.

Carrera a los 26 años

Cuando da charlas a otras mujeres suele decirles: «Los sueños, si los persigues, se hacen realidad. Le digo a la gente que confíe en sí misma». Sabe de lo que habla, porque no lo tuvo fácil. «Si yo he podido, puede cualquiera. Provengo de una familia muy humilde de Santiago. Con 17 años tuve que empezar a trabajar de dependienta y a poner copas en locales consciente de que mi familia no podía pagarme los estudios. Me iba manteniendo y saqué el título de higienista dental. A veces cerraba un pub a las siete de la mañana y dos horas después ya estaba trabajando en una clínica dental. Pero quería llegar a algo más. Me presenté a la única plaza que había para Odontología para mayores de 25 y me licencié a los 31. Me puse a estudiar la carrera con 26 años. Tuve que dejar la clínica para tener tiempo, pero para poder comer y pagar la habitación en la que vivía fregué casas y también me llamaban de una empresa de cátering para trabajar de camarera en eventos. Una vez tuve que servir a mis compañeros de clase», recuerda. «Por eso ahora vivo mucho todo. Me encanta viajar. Antes nunca pude y ahora sí», relata.

Cocina y «fitness»

No para. Hace poco terminó un máster en Educación Emocional en Santiago, asiste a cantidad de cursos sobre su trabajo, que es de formación continua, y está pensando en apuntarse a un curso de cocina y acudir a un campeonato de fitness. «A raíz del confinamiento fui montando el gimnasio en casa. Hago una hora de ejercicio al día, sobre todo pesas. La verdad es que se nota. Me levanto a las seis y cuarto de la mañana. Tomó un café y practico un rato mindfulness antes del fitness. Mi marido me prepara un zumo de frutas cada mañana y también desayuno tostadas con un buen aceite de oliva. Hay tres cosas de las que soy muy fan: el café, el aceite y el vino. Nos encanta ir de viñedos», afirma. Le gusta ir a buenos restaurantes y asegura que es buena cocinera. «Me sale bien la fideuá o la lubina a la sal. Queremos apuntarnos a un curso de cocina, pero disponemos de poco tiempo por el trabajo. Vemos más de cien personas al día y somos conscientes de que no todas pueden quedar satisfechas, pero lo intentamos. La exigencia en la clínica es muy alta». Dice que su principal defecto es su fuerte carácter, aunque no lo parece. Le gustan las redes sociales y confiesa que es de las que se anima a todo. «Creo que no tengo sentido del ridículo», sentencia Ana Cores durante nuestra charla en La Granera. «Necesito retos, alguna motivación al margen del trabajo. Por eso estoy pensando en escribir el libro», insiste sin perder nunca la sonrisa. Contenido tiene de sobra.