Turistas, «instagramers» y fotógrafos se la juegan de nuevo en Monte Neme

Antonio Longueira Vidal
Toni Longueira CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO MUNICIPIO

Basilio Bello

Pese al cierre perimetral y la prohibición de paso, decenas de personas se acercan a diario hasta las peligrosas pozas carballesas y a los desniveles de más de 40 metros de altura

26 jun 2021 . Actualizado a las 19:28 h.

Cinco chicas, móvil en mano, cruzaron el jueves la destrozada puerta que delimita el acceso al recinto para dar una vuelta. No fueron las únicas. Justo en ese momento dos parejas, cogidas de la mano y con mochilas a la espalda, se fotografiaron en amor y compañía junto a uno de los taludes de más de 40 metros de altura para coger bien la panorámica de fondo: las balsas de color azul turquesa (por el efecto del sílice). Un fotógrafo aprovechó el buen tiempo para hacer un book en este árido y, a la vez, peligroso lugar carballés.

Monte Neme fue una mina de la que se sacó wolframio, estaño e hierro. Y también un punto importante de extracción de áridos. La actividad minera se prolongó durante casi 90 años: de junio de 1923 a septiembre del 2012. Era un entorno desconocido, incluso, cuando en la noche del 10 de febrero del 2014 una de sus balsas reventó liberando ladera abajo 24.000 metros cúbicos de tierra, piedras, lodos y arena.

Ahora, este mítico monte que hace de frontera natural entre Carballo y Malpica y cuya cumbre se sitúa a 400 metros sobre el nivel del mar, se ha consolidado como un peligroso y atractivo turístico. Historias de nazis llevándose wolframio hacia Alemania, leyendas de aquelarres y conjuros en el círculo lítico Eira das Meigas... Su árido paisaje fue utilizado como improvisado plató de grabación de películas, también lugar de culto para instagramers, muchos de los cuales no dudaron en bañarse y grabarse en las peligrosas aguas color turquesa (efecto del sílice), con consecuencias en algunos casos: lesiones cutáneas leves, irritaciones en los ojos y episodios leves de gastroenteritis. Otros no tuvieron reparos en bajar por las peligrosas rampas de arena de cantera para cruzar las balsas en todoterreno.

Youtube

Pero llegó la pandemia y las visitas a sus inestables, sinuosos y peligrosos bordes de taludes, algunos de 40 metros de altura, quedaron canceladas durante casi un año. La Xunta invirtió 148.000 euros para precintar y vallar el recinto. Pero parece que la medida no ha surtido el efecto deseado. Todo lo contrario.

La Xunta ya invirtió más de 200.000 euros en ineficaces medidas de seguridad

Ante la constante y masiva proliferación de visitantes e instagramers en Monte Neme, sobre todo, en las balsas de agua color turquesa, y dada la pasividad de la antigua concesionaria (ya disuelta) ante los sucesivos requerimientos, la Dirección Xeral de Enerxía e Minas se puso manos a la obra para reducir las probabilidades de un accidente. Las actuaciones, que acometió Tragsa en diciembre del 2019, es decir, tres meses antes de decretarse el estado de alarma y confinamiento de la población, consistieron, según confirmaron en la Consellería de Economía, Industria e Emprego, «en trabajos de seguridad y control en todo el perímetro minero, la rebaja de algunos taludes [algunos de más de 40 metros de altura], la instalación de nueva señalización de peligro y la colocación de vallas para el evitar el acceso a un espacio privado». Las obras se realizaron de forma subsidiaria por parte de la Xunta ante la negativa de la antigua concesionaria de acometer el plan de regeneración, aprobado por la Xunta en diciembre del 2014, por importe de 794.000 euros.

La Administración autonómica destinó en aquella ocasión casi 148.000 euros, cuantía a la que habría que sumar otros 60.000 aportados en dos tandas: en febrero del 2014 y en noviembre del 2016. La primera, para arreglar los daños en la balsa que reventó el 10 de febrero del 2014. La segunda, para sellar una segunda laguna que amenazaba con desbordarse. La Xunta también ordenó en abril del 2014 la retirada de 150 toneladas de chatarra.

JOSE MANUEL CASAL

Embalses y antiguos entornos mineros: hermosos parajes que ocultan peligros, algunos con consecuencias fatales

Nadie pensaba que junto a una de las orillas más frecuentadas del embalse de A Fervenza para la práctica deportiva existía un pozo de 10 metros de profundidad cubierto de lodo, en el que acabó pereciendo un joven de 14 años hace 11 días. En Monte Neme, por suerte, no hubo que lamentar una tragedia como la ocurrida hace un par de semanas en el tramo mazaricano del pantano. Pero visto lo visto y comprobando los riesgos que asumen muchos de los que acuden a Monte Neme no sería de extrañar que algún día haya que dar el aviso al 112.

Los embalses y los antiguos entornos mineros conjugan a la perfección belleza con peligrosidad. En la antigua mina de caolín de Coéns, en Laxe, hay un gran pozo, pero su perfecto vallado dificulta, y mucho, el acceso a los que tientan a la suerte para conseguir la mejor fotografía o el mejor vídeo con la que arrasar en Tik Tok o Instagram. En el lago de As Encrobas, una de las características del entorno radica precisamente en su cierre perimetral. Algo que no sucede en Monte Neme, pese a la inversión realizada por la Xunta.

Queda lo más importante: la inversión de 794.000 euros para rebajar el nivel de los taludes, proceder al sellado de las balsas, fijar el suelo con especies arbóreas autóctonas y vallar el perímetro. En la Xunta entienden que es la antigua concesionaria, Leitosa, sociedad ya disuelta por orden judicial, la que debería acometer los trabajos, mientras que los antiguos concesionarios consideran que debe ser el Gobierno autonómico el que debe pagar la minuta, toda vez que el contrato firmado en su día no se incluyó un plan de regeneración.

¿En quién recae la responsabilidad si una persona fallece en Monte Neme? Este entorno es de titularidad privada. Los derechos mineros caducaron el 27 de julio del 2015. Según la Xunta, el responsable es la mancomunidad de montes de Razo, su actual y legítimo titular. En todo caso también dejan claro que el que accede a este entorno «lo hace bajo su responsabilidad».