Los Testigos de Jehová: de un hórreo en Carballo a las reuniones telemáticas

Santiago Garrido Rial
s. g. rial CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO MUNICIPIO

El hórreo de Xoane. Hace unos 55 o 56 años, los Testigos de Carballo y comarca empezaron a reunirse en este hórreo de Xoane, que poco ha cambiado. Fue el primer lugar de Galicia clandestino. Hace más de 30 años, una revista de esta congregación destacaba ese salto. En 10 metros cuadrados se congregaban hasta 23 personas.
El hórreo de Xoane. Hace unos 55 o 56 años, los Testigos de Carballo y comarca empezaron a reunirse en este hórreo de Xoane, que poco ha cambiado. Fue el primer lugar de Galicia clandestino. Hace más de 30 años, una revista de esta congregación destacaba ese salto. En 10 metros cuadrados se congregaban hasta 23 personas. TDJ

La pandemia del coronavirus también ha afectado al día a día de estas congregaciones

14 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Ningún sector se ha librado, de una manera o de otra, de los efectos y limitaciones de la pandemia. También la religión: limitaciones de aforo en las iglesias y capillas, restricciones en los tanatorios o entierros (en los momentos más duros, hace casi un año, los accesos eran casi testimoniales), medidas de seguridad y distancia social en las celebraciones, de rito católico casi en su totalidad en la comarca.

Casi, sí, pero no total. Los Testigos de Jehová llevan ya varios decenios asentados en la comarca. No son multitudinarios, pero entre el centro de reuniones de Carballo y el de Cee (que ellos citan como Corcubión, por el partido judicial al que pertenece) concitan a unas 250 personas en sus tres congregaciones, dos en gallego y una en castellano. El verbo debe usarse en pasado, claro, porque desde hace un año no hay reuniones presenciales. Curiosamente, ellos no esperaron a que se decretase el estado de alarma, del que se cumplen justamente este fin de semana doce meses, sino que se adelantaron unos días. En la comarca, y en todo el mundo. Y ahí comenzaron las reuniones por videoconferencia. «Foi todo un reto, sobre todo para os maiores», explican desde la agrupación de Carballo, muy destacada, que recibe a fieles de toda la comarca y también de Arteixo.

Los vecinos de la calle Carlos Casares, muy cerca del Pazo da Cultura, estaban acostumbrados a verlos al menos dos veces por semana en la entrada y salida de su bajo, una imagen que no ha vuelto a repetirse desde entonces. «Pero non deixamos de reunirnos nin de predicar, aínda que non se nos vexa de casa en casa ou polas rúas», añaden.

El telemático ha sido un salto cualitativo, y en Carballo sobre todo, con toda su historia, en dos vertientes. Una, los inicios, en una época, la franquista, en la que las reuniones tenían que ser clandestinas. Todo empezó en Galicia en un hórreo de Xoane, en la parroquia de Goiáns, a mediados de los años 60. El cabazo, con algunos cambios en su estructura, sigue en pie.

El hórreo de Xoane sigue en pie
El hórreo de Xoane sigue en pie TDJ

El otro hito de los Testigos es que en Carballo se estableció la primera congregación de Testemuñas de Xehová en gallego. Ahora, en Galicia, ya son 18, en las que reúnen unas mil personas. La fachada del local carballés incluye información en ambos idiomas y los teléfonos, web y código QR para quienes quieran información o contacto.

Con las pantallas como instrumento principal, de momento, la actividad no para: «Agora estamos participando nunha campaña por carta e teléfono para invitar a quen desexe asistir a dúas reunións relacionadas coa morte de Xesús», indica, además de otros artículos en su web sobre las actividades en general durante la pandemia. A lo largo de este mes habrá conferencias y actos especiales los días 20 y 27. En todo caso, en www.jw.org hay información en más de mil idiomas. Y el gallego salió de un cabazo de Carballo y sus locales posteriores.

Ocho años con el local de Vilanova, en el municipio de Cee

Además del bajo de la calle Carlos Casares, en cuya preparación participaron durante semanas, a finales del 2010, numerosos testigos, el otro local de la comarca fue estrenado en Vilanova (A Pereiriña, Cee) a principios del 2013. En concreto, el martes 26 de marzo, con dos charlas, en gallego y castellano, coincidiendo con el arranque de la Semana Santa.

Esta comunidad religiosa había ido levantando el edificio en los fines de semana, con carpinteros procedentes de Muros, Negreira o Noia; albañiles de Vigo, Ferrol o Monforte, y electricistas de Lugo. De las cerchas, según se relataba entonces en un artículo en La Voz, se encargan constructores vascos. Todos un esfuerzo y trabajo conjunto que dio resultado mucho más rápido de lo que es habitual.