Las cigüeñas de la Costa da Morte se quedan este año sin su nido

El invierno se llevó por delante el árbol que lo cobijaba en Andoio, entre Aldemunde y A Silva


carballo / la voz

Lo que en media Castilla y en buena parte del Lugo meridional no es más que una anécdota, en las tierras bajas de Bergantiños aún sigue constituyendo una novedad, pese a que ya han pasado cuatro años desde que las cigüeñas construyeron su primer nido en un árbol de la parroquia tordoiesa de Andoio. En una parcela particular a escasos metros de la carretera que enlaza A Silva con Anxeriz, y también a una mínima distancia del límite con Cerceda, por un lado, el este, y con el de Carballo, por el otro: hacia el norte, tras pasar el lugar de Baldaio (el único que existe como tal en Galicia, y no es carballés) ya se entra en el de A Cadaveira, que da la bienvenida en Aldemunde. Carballo también limite por el oeste, con Rus, pero en este caso hay que caminar un poco más.

En esta tierra de lindes, la atención lleva más tiempo puesta en la ornitología que en la toponimia. A principios del año 2017, hace ya cuatro, apareció una cigüeña que se encaprichó del lugar, y decidió que allí construiría su nido. Para ella y para otra que no tardó en llegar. Un viejo árbol con copa suficiente para hacer de pilar del nido, que fue creciendo con los años, con las temporadas invernales y primaverales, y hasta con las cigüeñas, que acabaron siendo tres, para gozo visual de los vecinos y hasta visitantes.

Pero eso se acabó, al menos en el mismo lugar. Este invierno, el árbol se desplomó, y con él, el nido, que aún puede verse desde la carretera. Un vecino, casi de casa con casa, comentaba justamente esta semana la pena que supone no tener ahora la compañía de estas aves, que ya empezaban a ser familiares. No, a medias. En realidad, y como corroboraba otro vecino del otro lado de la vía, sí están, pero solo sobrevolando su mismo su espacio habitual. Tal vez buscando un nuevo asentamiento, o quizás ya establecidas en uno distinto, pero regresando al conocido.

Puede que incluso no sean las mismas, aunque es difícil. Estos últimos años, algunos vecinos de la zona han colgado en sus redes sociales fotos de cigüeñas en campos de Anxeriz o San Paio, en Coristanco, entre otros puntos. Aún destacan como ya apenas lo hacen determinadas rapaces o las garzas que rondan el río Anllóns, más habituales, antes, en determinadas zonas del río Grande, sobre todo ya en tierras de Vimianzo.

Como apuntaba no hace mucho Fernando Pereiras de la Cal, las cigüeñas se están desplazando cada vez más hacia el noroeste. Los avistamientos de grullas, antes mínimo, también van a más, pero estas son migratorias, no comparables a las cigüeñas.

Además de en este punto, en los últimos años también se detectó un nido más al sur, en la zona de O Casal, en Xesteda, en el que hubo altas y bajas de sus moradoras.

Los cormoranes, fijos del Anllóns, ya en sus puestos  

Los cormoranes no corren riesgo de desaparecer: al contrario, parece que cada año hay más en zonas de ríos donde la trucha abunda, aunque no le hacen ascos a los ciprínidos o los escalos. El mejor mirador está en la zona de A Revolta, en Carballo, donde ya se pueden ver desde hace unos días en grupos numerosos. Y, si el observador tiene paciencia, también observará cómo se zambullen en el agua en busca de comida. El resto del tiempo adornan las copas de ameneiros y bidueiros o se entretienen en vuelos circulares. De gran tamaño, voraces y grandes cazadores, cada temporada que pasa los pescadores se quejan del año que le hacen a la fauna piscícola.

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