El Concello de Carballo pone orden urbanístico en el Monte do Carme

La delimitación del núcleo afecta a 80.000 metros y 79 parcelas


carballo / la voz

El Concello de Carballo ha puesto en marcha la ordenación urbanística del núcleo de O Monte, que implica el Monte do Carme. Una delimitación de núcleo rural que afecta a 80.154 metros cuadrados e incluye 79 parcelas, y que se amplía a 19 más que suman 20.402 metros cuadrados. La mitad de esta porción añadida ya está edificada, pero de una manera (como el conjunto del núcleo) caótica, fruto de una construcción espontánea de los últimos años en la que no ha habido control ni medida.

Ahora la habrá viviendas fuera de ordenación, que en muchos casos empezaron como galpones o cobertizos, quedarán sujetas a las normas habituales de un núcleo rural, con todas las obras de ampliación, mejora o construcción que ello permite, sin las prohibiciones que establece la edificación en suelo rústico, en las que ha metido mano (sí, también aquí) la Axencia de Protección de Legalidade Urbanística. Como bien detalla el documento que está a exposición pública, la inclusión de las nuevas parcelas se realiza «a fin de posibilitar a mellora das condicións urbanísticas desta zona», algo ya previsto en el PXOM, con el fin último de «mellorar as condicións de vida dos seus residentes». Y, como también se explica en el plan y corrobora el arquitecto Álvaro Fernández Carballada, uno de sus redactores, todo esto se hace a petición de los vecinos.

Algo así apenas tendría trascendencia general (sí para los vecinos) en otros lugares, más que como un avance urbanístico añadido. De hecho, es una figura frecuente en concellos donde no hay PXOM, como Dumbría, donde ya han hecho varias delimitaciones para dar seguridad jurídica y permitir ciertas obras y crecimiento de núcleos. Pero el núcleo de O Monte (con el Monte do Carme como núcleo y varias viviendas que se extienden en su falda hacia lugares como A Costa, O Outeiro o A Grela), pese a lo escaso de su superficie en la zona sur de la parroquia de San Xoán, posee unas características históricas y sociales especiales que dan doble valor a esta mejora. No es la primera, ya que en los últimos años se han ejecutado servicios, como el saneamiento, avanzando hacia una integración o normalidad que hace 20 años parecía impensable.

No todos, claro, pero una parte de sus habitantes procedían en su momento de la esfera marginal, así que el hecho de que ahora se regularice de pleno todo este ámbito es un avance importante. Explica Carballada que la nueva ordenación permitirá colmatar una zona llena de aristas hacia uno y otro lado, además de ajustar la delimitación al plan catastral, a la realidad. Una zona en la que abundaban o abundan numerosos cobertizos que en realidad son viviendas, que fueron surgiendo al lado de los caminos. Uno de ellos, por cierto, y así aparece en los documentos que cualquier interesado ya puede consultar, es nada menos que el Camiño Real A Coruña-Fisterra, que conduce directamente hacia Ponte Lubiáns, justo al lado de A Igrexa, topónimo ahora vacío de viviendas que arrastra mucha historia, el origen de Carballo: aún poco conocido, menos aún investigado, e injustamente olvidado.

Mejoras pendientes en una zona que las necesita más que otras

O Monte es un punto elevado de Carballo, en la zona donde el primitivo núcleo fue naciendo hasta integrarse con el de Baños de Carballo, y creció gracias al comercio y la AC-552. Pese a su importancia histórica, ahí no hay rutas turísticas, ni murales en las paredes ni plataformas únicas. Ahí hay una buena parte de la población inscrita en lo que se pudo llamar zona marginal que ya no es lo que era, pero algo queda. El Monte do Carme fue un foco chabolista que surgió en unos terrenos que en su día fueron de la poderosa familia de los Romay, más tarde de la Iglesia (los donaron), con el apelativo de la Virxe do Carme aprovechando esa nueva propiedad religiosa, y después del Concello. Y hasta ahí llegaron familias que crearon su barrio y en ocasiones algún foco conflictivo.

La permeabilidad social ha propiciado que la radiografía de esa zona no sea la de hace diez años, y mucho menos la de hace veinte, pero el sustrato permanece, igual que palabras casi tabú como moinantes. Pocas veces un documento público lo recoge como tal, pero hace cuatro años lo hacía, y repetidamente, el de la Estrategia de Desarrollo Urbanístico sostenible con el que el Concello optaba a 5 millones de euros, con 1,2 más de las arcas municipales, destinados a la «inclusión total y efectiva del grupo demográfico como los moinantes, que ha sido siempre una preocupación prioritaria». Lamentablemente, esas buenas intenciones, traducidas en medidas diversas (formación, equipamientos...), quedaron sin poder ser aplicadas porque Carballo no fue incluida en esos fondos, pero al menos se puso sobre la mesa pública un problema que todos conocen, muy ligado a la exclusión social, pero el que poco se habla.

De hecho, el documento de ordenación urbanística no entra en esos detalles, aunque no se olvida de citar que numerosas parcelas están quemadas, recordando implícitamente el grave problema de microincendios que han colocado a Carballo en una de la parroquias gallegas con mayor incidencia de fuegos, con medidas de Medio Rural en función de esos datos, aunque sea notorio quién provoca esos fuegos, dónde y por qué.

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