El covid les arrebató el baile semanal que les daba la vida

Los divertidos de la tercera edad no ven el momento de volver a gozar en la pista a ritmo de rumbas, cumbias y pasodobles


carballo / la voz

La Costa da Morte siempre fue una comarca muy activa en lo que a verbenas se refiere. Así es que sus habitantes llevan la marcha en el ADN. Incluso los que ya pasan de los 60 siguen con las mismas ganas o más que cuando eran jóvenes. Pero la pandemia les quitó lo que les daba la vida, el baile semanal, ya fuera en restaurantes, centros municipales o en las fiestas de los pueblos. No ven el momento de volver a disfrutar en la pista a ritmo de pasodobles, bachatas, rumbas y merengues.

«Fun danzar ata co brazo escaiolado!»

Alsira Calviño Muíño, de Rus, Carballo (63 años), aunque afincada en Sofán, era la encargada de abrir el baile los jueves por la tarde en el restaurante A Fronteira de la propia parroquia carballesa. «Se non vai un, non van o resto!», explica entre risas. Siempre acudía con su marido, Silvestre Rama Rabuñal, y la pandilla de amigos. «Iso era unha marabilla. Ti sabes o que desfrutabamos alí? Eramos un montón, tantos que nin colliamos no comedor, pero a nós con tal de bailar, como se tiñamos que comer nunha esquina!», recuerda. No importaba llegar cansada del trabajo o tener que cuidar de los mayores de la casa: «Meu pai era o primeiro que quería que foramos», comenta.

A principios de marzo, su esposo falleció de un infarto repentino a los 68 años, y días después se decretó el confinamiento. No les dio tiempo a echar el último baile en Rus, el día 19, para el que ya estaban anotados. Pero Alsira es una mujer fuerte y mantiene la moral alta. «Levabanos moita idea, a min sobre todo. El ó principio non quería ir, pero despois xa tiña case máis ganas ca min», relata.

Fue a través del baile cómo se conocieron en San Sadurniño, Alta de Rus. Solían hacerlo sueltos, unos con otros, y con todo tipo de canciones: «Eramos como irmáns», cuenta orgullosa. Bardáns y Anxeriz, en Tordoia, y A Silva, en Cerceda, eran otros de los lugares a los que acudían con la excusa de brincar una pieza. «A min levoume idea dende pequena, co baile galego. E agora, xa máis maior, fun danzar ata co brazo escaiolado! A morte do meu marido, para min foi moi brava, pero se podo, hei bailar ata que morra», confiesa.

«Namoreina bailando»

Venancio Amarelle Fernández y su mujer, María Josefa López Abelenda, de Oza, Carballo (65 y 63 años), eran fijos en el baile de los domingos a la tarde en el Pazo da Cultura carballés. «Chegaba a fin de semana e tiñas esas ganas», recuerda. Siempre fueron de la mano, y es que, de hecho, así fue cómo Venancio la enamoró: «Foi na sala de festas Macías [en Carballo]. Para as que non sabían bailar xa non miraba», cuenta entre risas. Lo suyo es el agarrado, a ritmo de pasodobles y bachatas, aunque confiesa que le dan a todo. Durante el verano, era el turno de las verbenas en Razo, Cances, A Laracha y Coristanco, entre otros lugares.

En el confinamiento, aún bailaban en casa, pero con el tiempo, se les marcharon las ganas. «Soñamos co momento de poder volver a facelo nos bailes e nas verbenas», dice el bailador nato de la casa. Llegaron a ir a clases para perfeccionar la técnica, pero Venancio prefiere «ir ó paso que o corpo me pida, non ó que me diga un profesor. Eu teño a música na cabeza», sentencia.

«Coñecín moitas mulleres. É un bo sitio para ligar, se queres»

Justo Varela Lema, de Cereo, en Coristanco (63 años), se pasó toda la vida trabajando entre Cataluña y Suiza. Ahora está asentado en la comarca y aprovecha para disfrutar más de la vida. Los bailes de Vimianzo y Santa Comba son de gran importancia para él en ese sentido. Estuvo casado 29 años, pero ahora está soltero. Confiesa que son «un bo sitio para ligar, se queres». A él, de hecho, no le fue nada mal: «Coñecín moitas mulleres e fixen moitas amizades. Algunha vez liguei e, outra, incluso dixen que non», suelta. «Gústame ser libre. Bailas con todo o mundo para pasalo ben. E se hai algo por alí...», añade. Confiesa, con retranca, que ahora «as noites fanse máis largas, sobre todo pola fin de semana», por eso no le da llegado el momento de que la juerga regrese. Suele destacar en la pista con sus bailes. Es algo que siempre le gustó hacer. Lo suyo son las rumbas y los merengues.

Todos estos bailadores tienen en común que son seguidores de la cantante, Rocío Pérez, de Rus. Para ellos es su diosa.

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