Carballo acumula 8.000 viviendas vacías sin que se les vea una solución

Muchas necesitan rehabilitaciones, en algunos casos caras en exceso


carballo / la voz

En Carballo hay más de ocho mil viviendas vacías, entre pisos en el casco urbano (la mayoría) y las casas de la zona rural. La cifra procede del barómetro municipal, una radiografía anual de múltiples aspectos de la vida carballesa que lleva ya un tiempo sin hacerse, pero es muy indicativa de la situación. Los números no coinciden exactamente con los incluidos en los informes del PXOM, en el IGE o en la encuesta de infraestructuras de la Diputación, pero aunque hay variaciones que superan el millar de casas, la realidad es que la bolsa de vivienda inactiva o no usada es elevadísima para un municipio de 31.000 habitantes, con un casco urbano de 20.000. Y en esas ochomiles hay que diferenciar a su vez las muy viejas y las de los años del bum inmobiliario, y las que siguen casi en ladrillo y las que están en perfecto uso, pero por diversos motivos no se habitan, ni se alquilan, ni se venden. Están, y punto. Muchas afloraron cuando se empezó a cobrarles la tasa de la basura, con una cierta movilización social que al final quedó en nada.

¿Y qué se puede hacer? Todos los consultados coinciden que es un tema muy complejo, pero al final va a ser que nada. Alfredo Garrote, el arquitecto municipal, apunta a aplicar rehabilitaciones y recuperaciones allí donde se necesite. En algunas ciudades se aplican áreas de rehabilitación integral. En Carballo, en el barrio de A Milagrosa, hubo un interesante proyecto en esta línea en el 2008, denominado Temunde, recuerda, que pudo haber significado un gran salto urbanístico, pero al final los fondos no llegaron. Garrote señala que hay líneas de ayudas que salen cada año, pero que en todo caso las viviendas antiguas tienen el problema añadido de adaptarse a los nuevos requisitos, y eso es muy caro.

Coincide el también arquitecto Álvaro Fernández Carballada, director del equipo redactor del PXOM. Los pisos viejos e inhabitados necesitarían adaptarse a la nueva ordenación: materiales, aislamientos, accesibilidad, habitabilidad, dimensiones de patios... Muchos necesitarían una nueva licencia. Las exigencias nuevas son tan altas que en bastantes casos son casi imposibles de cumplir, o inviables económicamente. «Muchas veces es más barato hacer una obra nueva que finalizar otra», añade. ¿Podría excepcionarse para esos viejos inmuebles tantos requisitos? Es un debate abierto en Galicia, apunta el técnico. El caso de Carballo es llamativo, pero los hay similares no muy lejos (y lejos también), y pone el ejemplo de Santa Comba: hubo mucha autopromoción en unos años de bastante ansia constructiva, y los resultados están a la vista. En todo caso, aclara que las más de 7.500 viviendas vacías de Carballo pueden estar vacías, pero no inacabadas. Y pese a tanta capacidad, no hay un mercado de alquiler que demande su uso. Con todo, el PXOM permitiría incluso crecer en 12.000 más hasta el 2026 con los plazos marcados en el 2014. A ojos de hoy parece impensable.

«Moita xente non quere alugar»

Los pisos habitables que están vacíos podrían tener vida simplemente con alquilarlos, pero para eso tiene que entrar en juego la oferta y la demanda, y si falla uno de los factores, el otro poco tiene que hacer. «Hai moita xente que non quere alugar», señala Milagros Lantes, responsable del área de Urbanismo, en la que lleva ya muchos años, desde los inicios del actual PXOM. Además, no solo es alquilar: deben ser asequibles para que tengan más éxito. Pero coincide en que, al margen de esta opción, poner coto a tantas viviendas vacías es un problema complejo, en el que confluyen numerosas circunstancias, y que en todo caso es un tema que sobrepasa las competencias de cualquier municipio, donde la Administración autonómica debería decir y hacer algo, por ejemplo incentivar el alquiler, «e ter en conta tamén que cada sitio é un mundo».

José Bello Pallas es edil de TeGa y tuvo responsabilidades municipales en Urbanismo, pero también acumula mucha experiencia desde hace años como propietario y promotor de unos 40 pisos en Carballo. Cree que a muchos de los antiguos hay que darles ayudas para que puedan adaptarse a los requisitos de accesibilidad, «como fai Arteixo». Algo necesario, opina, para obras de reforma imprescindibles para muchos inquilinos, desde poner un ascensor hasta facilitar la entrada de una silla de ruedas. Cree que hay que mirar cada caso: «Hai que buscar solucións a cada edificio, e se non se pode facer nada, demoler», añade.

En Carballo ya se buscaron, en el 2013, espoletas para acelerar el alquiler con fines sociales. Los bancos se negaron a ceder las suyas, así que solo quedaba que propietarios particulares ofreciesen las propias, a cambio de beneficios como un seguro de impago de cuotas y de multirriesgos por daños, subvencionando recibos de basura o de IBI, y con supervisiones continuas. Las ofertas se contaron con los dedos de las dos manos.

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