Cuadriplica la tasa de alcohol después de caerse cuatro veces delante de los policías

Una patrulla estuvo una hora tratando de evitar que un carballés cogiera el coche


Carballo / La voz

La llegada de la denominada nueva realidad trajo consigo viejos hábitos, algunos nada saludables y aconsejables. Evaristo reside en Carballo y ronda los 70 años. Este jueves por la noche salió a dar una vuelta por la capital de Bergantiños. En torno a la medianoche salió de un local tras apurar una última consumición. Iba dando tumbos por la calle y se tenía en pie por los pelos, según los testigos.

Una patrulla de la Policía Local de servicio observó el comportamiento errático de este hombre, pero continuó con su recorrido. Instantes después localizó a este mismo individuo intentando subirse a un vehículo estacionado en la calle, a la altura del número 41 de la rúa Fomento. Los agentes pararon y fueron a hablar con él. Le indicaron que, por favor, no se subiera al turismo porque su supuesto estado de embriaguez se lo impedía, con el consiguiente riesgo que eso conllevaba. Intentaron por todos los medios que depusiera su actitud. Mientras que se prolongó la conversación, Evaristo se cayó en hasta cuatro ocasiones al suelo y tuvo que ser auxiliado por los policías para recuperar la verticalidad.

Instantes después, y en medio de la conversación, se acercó al lugar un vecino que dijo conocer al septuagenario. Le comentó a los agentes que él se encargaría de llevarlo hasta su casa y los agentes accedieron a la propuesta.

Pero un rato después estos mismos policías volvieron a ver a Evaristo por el centro de Carballo. Caminaba como buenamente podía en dirección a la rúa Fomento, por lo que decidieron esperar a ver qué hacía. Y comprobaron atónitos como aquel hombre trataba de acceder al vehículo. La patrulla entonces decidió actuar de nuevo. Los agentes lo volvieron a parar en la rúa Fomento para instarle de nuevo a que no cogiera el coche, evitando así una fuerte multa y lo más importante, prevenir una posible tragedia en la carretera.

Negó la mayor

Pero Evaristo negó la mayor. Dijo que no iba a coger el coche, para nada, sino que estaba dando un paseo nocturno para que le diera el aire. Es más, hizo entrega de las llaves del coche para que los policías comprobaran que actuaba de buena fe. Pero los uniformados ya no le creyeron. Evaristo llevaba una hora mareando la perdiz. Los uniformados sospecharon que estaba tramando algo porque en la base de datos figura que ya había dado positivo en un control de alcoholemia anterior, por lo que hicieron el amago de marchar para ver qué hacía.

Dicho y hecho. Fue desaparecer, supuestamente, el vehículo policial y Evaristo sacó algo de uno de sus bolsillos, que resulta ser un segundo juego de llaves. Abrió la puerta del conductor del coche, se subió, puso la llave en el contacto, lo arrancó y realizó la maniobra para salir de la plaza de aparcamiento. Entonces los policías regresaron a la altura del número 41 y pararon el turismo. Al volante iba Evaristo. Ya no hubo más charlas ni conversaciones. Se le requirió la documentación y que se identificara para la realización de la prueba de alcoholemia. Y dio positivo: 0,97 y 0,94 miligramos de alcohol por litro de aire espirado, casi cuatro veces más de lo máximo permitido y una hora después de la primera conversación. La tozudez de Evaristo le supone tener que ir a juicio rápido esta próxima semana, toda vez que la Policía Local abrió diligencias penales contra él por un delito contra la seguridad vial.

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