Elsa Gundín: «Es bueno dejar salir cómo nos sentimos»

El covid-19 genera diferentes emociones y cree que es importante normalizar muchas de ellas. Elsa Gundín es psicóloga


redacción / LA VOZ

«Ser psicóloga me permite acompañar a las personas para que puedan encontrar una solución nueva a su malestar», valora Elsa Gundín. Para su área profesional, el covid-19 está planteando muchas tesituras. En ello abunda.

-¿Por qué ese estrés ligado, por ejemplo, al confinamiento?

-Esta situación es nueva para todos: sobre la que sentimos que no tenemos control y de la que desconocemos cuándo será su final o de qué manera nos afectará. Esta incertidumbre, el creer que no podemos hacer nada, aumenta nuestra percepción de amenaza. Aunque en un inicio tiene sentido para protegernos y como mecanismo de supervivencia, mantenido en el tiempo, puede favorecer síntomas asociados a la ansiedad y depresión. Es muy importante tener en cuenta que cada persona, según sus circunstancias y recursos para hacerle frente a lo que estamos viviendo, podrá ser más o menos vulnerable a ese sufrimiento. Lo cual tampoco quiere decir que se vaya a convertir en un trastorno.

-Padres que compaginan trabajo y niños, en casa, se han visto cayendo en prácticas como el mayor consumo de pantallas. ¿Cómo gestionar esa culpa?

-En general, no estamos acostumbrados a prestarle atención a nuestras emociones, a cuidar nuestra salud mental como lo haríamos de la física. Es normal sentir culpa, miedo o rabia, o que nos hayamos podido sentir sobrepasados. No estamos teletrabajando en casa, estamos intentando teletrabajar en casa durante una crisis, con nuestra pareja, los hijos…Intentamos adaptarnos, y quizá en el proceso hayan surgido nuevas pautas familiares, que en otro contexto no encajarían. Estamos haciéndolo lo mejor que podemos, dadas las circunstancias. Nos lo podemos decir a nosotros mismos, ser más compasivos, menos duros y críticos. Hablarnos como le hablaríamos a alguien a quien queremos y que nos quiere (bien). Quizá necesitemos un tiempo a solas, escribir, leer… Realizar alguna actividad que nos permita soltar y aliviar esa emoción dolorosa. Pero sin silenciarla. Recordándonos que esto es temporal.

-¿Qué decirles a aquellos que sienten que el covid-19 les ha robado una parte de la vida que no volverá? Los primeros meses de un niño, por ejemplo.

-Esta situación ha supuesto una “pausa” en nuestra vida, por lo que es normal que puedan venirnos pensamientos negativos que generen emociones dolorosas en relación a la pérdida de tiempo, de proyectos… Como comentaba antes, una buena opción es poder dejar salir cómo nos sentimos, sin censurarnos, para después, poco a poco, buscar equilibrar la balanza con aquellas otras cosas por las que sentirnos agradecidos, pequeños momentos que nos ayudan a sentirnos un poquito mejor y a manejar la situación. No se trata de que el malestar desaparezca, no tenemos una varita mágica. Es más una cuestión de cómo aprender a sobrellevar lo que estamos viviendo. Y de nuevo, claro, dependerá de los recursos de cada persona y de sus circunstancias.

-Parece que la vuelta a la «normalidad» son terrazas, paseos, encuentros... ¿Pero qué pasa con aquellos que no quieren salir, regresar? ¿Es igual de «normal»?

-Desde el inicio del confinamiento hemos visto personas que no querían/no podían aceptar la realidad de la situación. Desconectados de sí mismos. Personas que no han seguido las normas de seguridad e higiene. Personas actuando de manera irresponsable frente a la sobreprotección. Hemos visto noticias e información de todo tipo, algunas contradictorias o cambiantes, y muchos bulos. Todo ello, sumado a la propia incertidumbre de la situación, favorece que en algunas personas aumente su sensación de amenaza. De ahí que se sientan mejor en un entorno en el que pueden sentir más control y seguridad, como su casa. Y esto es completamente normal: sentir miedo, preocupación o incluso ansiedad. Hemos detectado un peligro y estamos respondiendo para protegernos, para sobrevivir. Aunque nuestra respuesta pueda ser mayor de la que en realidad se necesita en estos momentos, y de ahí, el malestar. Para las personas que sienten esta mayor amenaza, pueden probar a hacer una vuelta más gradual. Quizá dar primero salir por su calle, después a la manzana… e ir avanzando poco a poco. Reducir la sobreexposición de información y procurar no alimentar el miedo hablando todo el día de ello con su familia. Entre otros recursos. En el caso de los niños, además se une lo que nosotros le transmitimos: el miedo se contagia. Aunque no sean capaces de entender todo lo que escuchan o ven, es suficiente para comprender que hay un peligro. El mismo que los retuvo en casa. Además de hacer una vuelta gradual, está bien que se les explique lo que se va a hacer en cada salida, cómo se irá o de qué manera nos protegeremos. Es mejor evitar las comparaciones con otros niños o ridiculizarlos. Reforzar todos los pequeños avances que vayan realizando. Si el malestar aumenta o si ya vivió episodios de miedos - ansiedad, se recomienda consultar con un profesional que ayude con recursos y estrategias específicas a sus circunstancias, y lo mismo para los adultos. Es igual de importante que con los adultos, el hablar de cómo se sienten y normalizarlo. Explicar los pasos que vamos a ir dando, escucharles y responder todas sus dudas, transmitiendo seguridad y confianza (ellos son nuestro reflejo). Esto podemos hacerlo a través de cuentos, vídeos o juegos, adaptados a las necesidades de cada niño y respetando sus ritmos, sin forzarles. Reforzando cada pequeño logro frente a sus miedos. 

-¿El covid-19 nos debería hacer repensar el ritmo de la sociedad?

-¡Por supuesto! Hay gente que pasa por la vida sin darse cuenta de que lo que es vivir, sin poder disfrutar. Y nuestra sociedad, los ritmos y normas no lo facilitan. ¿Sabías que en occidente hay una mayor tendencia al abuso de ansiolíticos y antidepresivos? Creo que algo positivo del confinamiento es el poder ofrecer ese espacio para reflexionar sobre nuestras vidas. Aunque quizá nos asuste lo que descubramos o no sepamos ni por dónde empezar a gestionar los pequeños cambios.

Más en detalle

Sinergia. Elsa Gundín es psicóloga con habilitación sanitaria, colegiada, y presta atención a niños, adolescentes y adultos. Nació en Francia en 1988, aunque al verano siguiente sus padres regresaron a Carballo, donde se establecieron. Es, además, cofundadora de Sinergia, centro carballés especializado en atención sanitaria, social y educativa, con diversas áreas: psicología, psicopedagogía o psiquiatría, entre otras.

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