Manuel Penedo: «Unha vez, de pequenos, un gardarríos veu detrás de nós coa escopeta»

Personas con historia | Lleva 50 años casado y otros tantos pescando en los ríos en serio, más allá de las salidas de joven. Sus compañeros de la peña del Río Va le acaban de dar un diploma por su experiencia en el río

Manuel Penedo, ayer, al lado de su casa de Buño.
Manuel Penedo, ayer, al lado de su casa de Buño.

Carballo / La Voz

La temporada de pesca fluvial en Galicia comenzará este domingo, día 15. La Costa da Morte es tierra de buenos ríos para las truchas y también de buenos pescadores, pero los tiempos de gloria han pasado. No porque los aficionados hayan perdido habilidades, sino porque los cauces son otros, mucho peores, con gran disminución de la riqueza piscícola.

Manuel Penedo Rodríguez, que tiene 72 años, habla con pasión y con conocimiento de causa de todo esto, de sus historias al borde de los ríos de toda la Costa da Morte, que conoce bien: de Carballo a Malpica, de Zas a Cee y Muxía.

Manuel lleva 50 años pescando de manera oficial, que son los que tiene la peña del Río Va, de Buño, que preside. Si no es la peña más veterana de la zona, es de la que más. Hace unos días, sus compañeros le dieron una placa por esa efeméride. También lleva 50 años casado, así que la celebración es doble. En realidad, con la caña lleva muchos más, desde que era niño e iba con su padre a la zona de la Ponte de Bértoa. Porque él es natural de Carballo, de la Rúa do Muíño. Pero fue casarse en Buño y empezar de una manera oficial. Y así toda la vida. Pero ya no es lo que era. «A pesca é unha sensación moi boa. Ou era antes. Marchabas e dicías: ‘Vou ás troitas’. E viñas con moitas habitualmente. Agora dis: ‘Vou dar un paseo ao río’». Todo ha ido a peor, explica: «Hai menos limpeza, a auga leva puríns, non se traballan as fincas do lado. Antes podías coller troitas grandes, agora case nada. Botas a cana e xa non sentes que che pique ningunha. O normal naqueles anos era pillar 12, ou 15, ou 20. Eu teño collido ata 30, e máis, andando ao saltón. Tamén había días que viñas sen nada, claro, pero eran os menos. Agora é o normal. E ademais, antes ía moita xente nova, rapaces cos maiores, hoxe dille a un chaval que vaia contigo! Non queren».

Manuel Penedo fue chapista, empleado de la construcción, y pescador desde muy niño.
Manuel Penedo fue chapista, empleado de la construcción, y pescador desde muy niño.

 «Do saltón e da miñoca»

Manuel es y fue de los clásicos, «do saltón e da miñoca, con cana da canaveira», de los de antes de moscas, cucharillas... De lo que sabían como trabajar en el río, «porque a troita, tonta non é». Había que saber echar el anzuelo con el saltamontes, «porque a troita estaba esperando a que caeran á auga para comelos, igual que comían eses cachos negros dos abeneiros que tamén caían á auga, e tamén se lle botaban. Parece que non, pero pescar ten a súa arte».

Los terrenos que lindan con los ríos están descuidados. «Dende que as máquinas fan todo, os arrós non se coidan nada. Sementan o millo e a metro e medio do río non lle tocan. E medra a herba e non se pode andar. Non pasan nin os xabarís. Antes levábanse as pólas que caían, xa nin iso. Non teñen nada que ver os tempos de agora cos que eu coñecín».

De niño, como le quedaba al lado de casa, pateaba el Rego da Balsa. Hoy es un regato canalizado que da nombre a un parque, una zona de solares de aparcamiento y hasta una biblioteca, pero entonces era un regato más que pasaba por una zona de braña e iba a desembocar, a descubierto, al Anllóns, justo donde ahora está el puente al lado del Parque do Anllóns. Ese último tramo canalizado pasa, entre otros tramos, por el cruce de la calle Ponte que no se llama así por casualidad. «O Rego da Balsa tiña moitas troitas, a pesar de ser estreito. E estaba limpo. Lembro ir poñer armadillas, ou apianzas, como lle chamabamos nós, á zona na que está a fábrica vella de Calvo. Unha vez, de pequenos, o gardarríos, ao que lle chamabamos Machetas, veu detrás de nós coa escopeta ao lombo. Nós empezamos a correr diante del cara a zona da estación vella de autobuses. Eramos rapaces e tiñamos medo. Teríamos 10 ou 12 anos». Un susto que le quedó grabado en el cuerpo, y que ahora relata con gracia, pero entonces no le hizo ninguna.

Os cormoráns son pescadores finos. Bucean máis rápido que as troitas

Ahora, los ríos de Carballo los ve sobre todo de paseo. Le llaman la atención los cormoranes que hay en A Revolta, sobre el Anllóns: «Son pescadores finos. Bucean máis rápido que as troitas, e comen moitas». Hay normas que no entiende, como cuando recientemente, en Verdes, un guardia le llamó la atención por estar sentado y la caña en el río. «Que tiña que tela na man, dixo. En medio século de pesca nunca me pasara tal cousa», señala asombrado.

La pesca es una afición que lleva en la sangre, pero su profesión es la de chapista, a la que se dedicó casi toda su vida, desde que empezó de muy joven en O Chorís. Después estuvo con Diamantino Torres, en la Rúa do Sol, y más tarde en un taller en Canta la Rana. También en la Citroën en Carballo, e incluso de obrero con el contratista Dámaso Ferreiro, con el que trabajó en numerosas obras públicas por toda la comarca. «Cando non había choio no taller, había que ir para as estradas», asegura. «Naqueles anos había que facer de todo para gañar a vida», concluye.

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