carballo / la voz

El 8 de agosto del 2018 la amenaza que suponen las toallitas higiénicas para el sistema de aguas residuales de Carballo salía a la luz de forma abrupta, cuando una tormenta de verano ponía de manifiesto de la peor forma posible el colapso de las tuberías. Miles de residuos higiénicos formaban una masa pestilente a la vista de todo el mundo en calles céntricas del casco urbano. Fue entonces cuando se supo que esas conductas desinformadas o incívicas tuvieron un sobre coste de 135.000 euros, solo en un año, en el 2017.

El Concello ha invertido 464.056 euros en un sistema de desbaste para la depuradora de A Cepeira. La adjudicación, curiosamente, fue unos días antes de ese episodio, lo que indica que ya era una preocupación antes de que se expusieron por Gran Vía y Doctor Fleming.

El gobierno local ha hecho un cálculo que resulta, cuando menos, sorprendente. A la EDAR de la parroquia de Sísamo llegan todos los días más de una tonelada de residuos higiénicos inapropiados, básicamente toallitas, pero también compresas, pañales, bastoncitos y profilácticos. Mucho de este material tiene la característica de ser biodegradable, pero el problema es que tarda dos días en completar ese proceso y para entonces ya ha atascado los principales aparatos del sistema de depuración de aguas, desde las bombas hasta la propia planta de tratamiento.

Para el río Anllóns se trata de un problema gravísimo de contaminación. Cuando el caudal es demasiado y se colapsa el sistema, las aguas residuales salen por los aliviaderos que hay a lo largo del paseo peatonal, sobre todo en su último tramo, lo que provoca el arrastre de los restos sólidos. No hay más que pasar tras una crecida para observar cientos de toallitas atrapadas en las ramas de los árboles de las orillas. Son las que no han seguido su curso hasta la desembocadura o el mar. De hecho, en la playa de Laxe, a finales de octubre hubo una limpieza y en apenas unas horas retiraron kilos de este material.

El Concello de Carballo alerta del daño medioambiental que supone echar las toallitas el váter. Las que no dañan la depuradora o van río abajo se retiran de las rejas de entrada, se compactan y se mandan a la planta de tratamiento.

Prohibir o concienciar

Ahí es donde van las que cada semana se recogen en la EDAR de Zas. El problema es ya tan importante que el alcalde aseguró a finales del 2017 en Radio Voz Bergantiños: «Non entendo como o Goberno a nivel estatal non fala cos fabricantes e prohibe isto», dijo. Desde el Concello carballés, por su parte, recuerdan que «aínda que no paquete diga que se poden tirar polo váter porque son biodegradables», lo cierto es que las fibras que las componen llegan a formar grandes madejas que atascan desde colectores a bombas pasando por las válvulas y demás equipos.

«Desde o Concello facemos unha chamada á conciencia cidadá sobre os problemas que ocasionan este tipo de produtos cuxo uso está cada vez más estendido e que, polo tanto, chegan en maiores cantidades á depuradora», dicen desde el consistorio.

La misma opinión tienen los técnicos, que manejan datos alarmantes. De hecho está extendido que el 80 % de los problemas de bombeo que se producen en los sistemas de residuales de la zona se deben precisamente a estos materiales. Cuando falla una bomba no solo cuesta miles de euros repararla o cambiarla, sino que la red entera entra en colapso, lo que supone que parte de las aguas sucias terminan en el mar o en el río sin ningún tipo de tratamiento y eso ocurre en todos los municipios de la Costa da Morte, aunque en algunos lugares resulta más evidente.

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Más de una tonelada de residuos higiénicos amenaza cada día el sistema de residuales carballés