Manuel Carballido, testigo carballés del accidente del Iberia en Santiago hace 70 años

Viajaba en el bus que se incendió, de camino a Carballo, en el que además murió un vimiancés


carballo / la voz

El miércoles se cumplieron 70 años de un trágico accidente de un autobús ocurrido en Santiago, en la zona de Galeras (al lado de O Pombal) en el que se vieron involucrados jugadores del equipo de fútbol del Iberia Sporting de Santiago, además de otros ocupantes del vehículo, y no pocos, porque aunque tenía capacidad para 18 plazas, llevaba diez pasajeros más. Tres de ellos, fallecieron, y los demás resultaron heridos en mayor o menor grado.

El siniestro ha perdurado en la memoria de numerosos compostelanos de cierta edad, y en al menos dos generaciones, y si muchos jóvenes lo conocen es porque varias personas se han encargado de mantener ese recuerdo a pesar de los años. Sobre todo, en homenaje a unas mujeres que arriesgaron sus vida para salvar a más pasajeros: un grupo de diez prostitutas del Pombal que, al ver el siniestro, sobre todo cuando el autocar se envolvió en llamas tras chocar, salieron con mantas mojadas para socorrerlos. De no ser por ellas habría habido más víctimas.

El autocar siniestrado, antes de que lo comprara Manolito
El autocar siniestrado, antes de que lo comprara Manolito

Uno de los heridos era de Carballo: Manuel Carballido Gesto, que tiene 94 años y vive en el Barrio das Flores. Esa es una de las conexiones directas con la comarca, en la que este suceso nunca ha tenido demasiada difusión, siempre centrada en Santiago. Y eso que los nexos son varios: el autocar se dirigía precisamente a Carballo, donde el Iberia iba a disputar un amistoso (era domingo) contra el Bergantiños en el Pedras Brancas. Uno de los jugadores del club santiagués, Barrigón, también era carballés. Y precisamente uno de los tres fallecidos, Luciano Lafuente, que tenía 23 años, era de Vimianzo.

Justamente Lafuente era el que tenía relación con Carballido, ya que ambos, que eran amigos y se conocían sobre todo de verde en las ferias, acababan de llegar a Santiago procedentes de A Estrada, para encargar y pagar la carrocería de un automóvil.

La calle Galeras, en los años 50
La calle Galeras, en los años 50

La empresa Manolito

Los dos comieron en el mítico Fornos, en la Praza de Galicia, y desde allí buscaron sitio en el bus de la empresa Manolito. A Carballido le venía bien, por ser directo a Carballo, pero Lafuente había perdido un enlace hacia Vimianzo y optó por dirigirse también a Carballo para seguir después hacia Soneira, según relataba la crónica que Pepe Alvite publicó en La Voz tal día como ayer de hace 70 años.

Nacho Mirás, que fue periodista en La Voz, ya fallecido, investigó muchos este suceso, y hace doce años, hablando con Juan Santos, que lo vivió en primera persona, lo relataba así: «Quedaban por delante muchos kilómetros hasta Carballo y salían tarde. Así que Manolo, el conductor, decidió no perder más tiempo. “Ao pouco de saír estivo a punto de darlle a un dunha moto”, cuenta Juan Santos. Después de girar en Porta Faxeira, el autocar de la empresa Manolito enfiló la bajada del Pombal, que estaba adoquinada hasta el cruce con la Rúa das Hortas. Llegando ya a Galeras, y en el desnivel donde terminaba el adoquín y empezaba una pista de tierra, el coche dio un bandazo a la izquierda y chocó contra un árbol. Con el rebote, se fue a la derecha y acabó empotrado en un platanero de Indias de una fila de árboles que había donde hoy se levantan edificios. Ocurrió “fronte por fronte” del viejo edificio de Fenosa. “O coche quedou cravado e comezou a arder”, recuerda Chucho. El depósito de gasolina se incendió y el vehículo se convirtió en una terrible bola de fuego. “Eu puiden saír pola porta de atrás, pola manía que teño de viaxar sempre no lado da dereita”, recuerda el veterano defensa del Santiago, que solo se quemó un poco el pelo y la gabardina que llevaba puesta».

El Iberia Sporting, el año antes de accidente
El Iberia Sporting, el año antes de accidente

Meses hospitalizado

Peor lo tuvo Manuel Carballido: «Lémbrome do accidente, pero nada máis. Só sei que estiven un día ou dous nun hospital, o actual Hostal, e logo nove meses noutro, o Echeverry. Rompín a cadeira, o brazo dereito... Aínda hoxe sinto algún achaque por iso», explicaba ayer. Pero detalles de lo que pasó no puede dar, porque no se acuerda, apenas del «ruído da xente, do que se falaba na volta». Recuerda perfectamente, eso sí, a su infortunado compañero Lafuente, uno de los tres con peor fortuna aquel día. Los otros dos fueron Ricardo Casal, directivo del club, y el utillero Juan Arcos, que iba en el techo del vehículo. Y también recuerda el autocar, que según la crónicas estaba desvencijado, carrozado en madera, con los asientos corridos.

«Só sei que estiven un día ou dous nun hospital, o actual Hostal, e logo nove meses noutro»

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