Las obras del Fogar obligan a cambiar horarios y accesos para reducir riesgos

Las goteras volvieron a los pasillos, las aulas y la zona de la cocina y del comedor


caRBALLO / LA

Desde hoy mismo, los casi 800 alumnos que tiene el colegio Fogar de Carballo están obligados a utilizar el mismo acceso, ya que el otro que se había habilitado para los niños de infantil ha tenido que ser clausurado por el riesgo que supone su uso.

La situación se está complicando cada día más y debido a que las obras se han extendido a cada uno de los rincones del colegio ha sido necesario modificar los horarios para que no haya aglomeraciones a la entrada y la salida. Desde hoy, los menores de 6 años accederán al centro diez minutos más tarde que sus compañeros, cuando los estudiantes de primaria estén ya en las aulas y saldrán quince minutos antes, a las 2,05.

El acceso por la parte trasera, que da al patio de infantil, está cerrado desde el inicio del curso por las obras. Por eso se habilitó un espacio en uno de los portalones de la avenida de Bergantiños, pero la empresa Fonsan ha extendido las labores a esta zona también, antes de que se haya podido abrir la anterior, lo que ha obligado al equipo directivo a hacer malabares para mantener la necesaria organización en un centro de estas características, ya que es el segundo en número de alumnado de toda Galicia.

Docentes y padres reclaman medidas para que la obra influya lo menos posible en el normal funcionamiento del colegio. Pretendían desde el claustro y la ANPA que la empresa constructora realizara el trabajo por partes, lo que aliviaría la presión, pero en este momento «hai obras por tódolos rincóns do centro», dijo el director. «O tempo que dedicamos ás obras tíñamos que dedicalos á docencia», lamentó Fernando Garea.

Todas las semanas hay una reunión de trabajo sobre el desarrollo del proyecto, pero los problemas no cesan. Las quejas de los padres son continuas porque no se están dando las debidas condiciones de seguridad y los niños tienen acceso al material de la obra. Eso provoca que los docentes tengan que estar constantemente pendientes, ya que no hay ningún lugar en el que no haya actividad laboral.

De hecho, fue la ANPA la que atendiendo a las quejas de los padres presentó una reclamación a Educación porque los niños más pequeños tenían que entrar al centro justo debajo de donde habían montado unos andamios los obreros. Fue entonces cuando la dirección decidió contactar con la Xunta para solicitar el cambio en los accesos. De las tres puertas que tiene el colegio, únicamente se puede utilizar una en estos momentos.

«Si no la acaban ellos, la acabamos nosotros»

El entroido, por definición, combina el humor y la crítica, y en el colegio Fogar han decidido echar mano de la ironía para tomarse de la mejor manera posible la obra a la que lleva sometida la comunidad educativa desde que comenzó el curso.

El lema de este año es: «Si no la acaban ellos, la acabamos nosotros». Se refieren a la reforma y por ello ya están empezando a preparar los disfraces. Los habrá de carpinteros, albañiles, electricistas, pintores... Todos los profesionales que llevan meses desarrollando su labor en un centro educativo en el que hay casi 800 escolares que tienen que lidiar con ruidos, humedades, goteras y falta de espacio sobre todo en las zonas exteriores, ocupadas casi por completo por material de construcción y andamios.

Estuvieron a punto de quedarse sin festival de Navidad porque fue necesario suspender las clases por inundación, justo antes del inicio de las vacaciones, y ayer mismo estuvieron a punto de tener que marchar de nuevo a sus casas por el riesgo que suponía andar cerca de los tejados sin terminar con las fuertes rachas de viento que hubo en la mañana de ayer. Finalmente las clases pudieron comenzar a la hora de habitual, aunque cambiando la zona de entrada.

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