El futuro del mítico Sinagoga del jardín carballés aún está en el aire

Una nueva licencia de actividad para negocio queda descartada por los problemas de accesibilidad. El gobierno local analizará varias opciones para este espacio


carballo / la voz

La cafetería Sinagoga de Carballo, en pleno jardín municipal, ya es historia, y con ella casi 30 años de historia reciente con su actual diseño, que fue el heredero de otros locales míticos en este espacio, por el que ha pasado siempre la vida de la localidad. A pocos metros, pero al lado, estuvo siempre el Concello, y desde principios de los años 70 lo tiene detrás.

Es un espacio municipal. La concesión terminaba en mayo del año que viene, pero finalmente hubo cambios y lo hará el último día de este mes, según fuentes municipales. Hasta el día 30 sigue técnicamente en manos del mismo concesionario, pero después ya pasa directamente al gobierno municipal. Que es el que tendrá que decidir qué se hace con él. Y de momento no hará nada. Seguirá cerrado a la espera de destino. Será necesario elaborar un estudio detallado para ver qué opciones existen. No se sabe qué se va a hacer, pero al menos sí se sabe lo que no: por ejemplo, no se sacará de nuevo a concesión porque no se le puede dar licencia de actividad (al haber cambio de titular), como confirmó ayer el alcalde. Sí se pudo en su momento, cuando la normativa sobre accesibilidad era otra, pero en la actualidad hay que cumplir unos estándares que en la actualidad no se producen. Necesita obras, y no pequeñas. Recuerda más o menos (hay muchas diferencias) al edificio de la Cámara Agraria de A Milagrosa, cuya adaptación para nuevos usos es inviable dado que necesitaría reformas profundas para garantizar la accesibilidad, de ahí que el Concello preferiría que se derribase para que el parque ganase más espacio. Pero eso ya depende de la Xunta, que es la titular, y pese a las reiteradas peticiones no se la ha cedido.

El Sinagoga es del Concello y este tiene la potestad de decidir su futuro. De hecho, puestos a hacer análisis, el derribo tampoco se descarta del todo. Y si el coste de las reformas necesarias y obligatorias (como ocurriría con la Cámara Agraria) fuese demasiado elevado, tampoco sorprendería esa decisión para dejar una buena parte de la plaza libre. En contra está el efecto nostálgico de un bar que, con sus sucesivas variaciones, forma parte de la historia de varias generaciones de carballeses.

Habrá que ver también qué se hace con los baños, de uso público, hecho que muchos visitantes desconocen. Su acceso estaba ligado a la concesión. Ahora quedan solo los del mercado, en el centro, una cantidad escasa para lo que debería ser normal en un núcleo urbano de 20.000 habitantes. Los que hubo en la Praza de Galicia, al lado de la fuente, están entullados. No existen, por tanto. Los del Parque do Anllóns fueron pasto de los vándalos casi desde su construcción.

Con el Sinagoga se va también un nombre especial, elegido en su día porque les gustaba a los dueños, pero no por algo especial. Ni por cuestiones judías ni por relación al lugar de Sinagoga, en Caberta (Muxía). Por cierto: el único que se llama así en toda Galicia. Los de Carballo casi siempre han sido O Sina.

Necesidades

El cierre del Sinagoga del jardín inspira varios interrogantes. Uno es qué va a ser el futuro de una cafetería que ya parecía parte del escenario y de la estética de la Praza del Concello. Pero hay más. Es una evidencia que en Carballo no sobran los baños públicos. En verano hay áreas de la plaza que huelen a orines y sería bueno que, al menos, no se den motivos para ello. Todo ello aconseja una solución a la altura de las necesidades públicas.

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Adiós a un nombre que forma parte de la historia de la hostelería local

  

El cierre del Sinagoga del jardín cierra una larga etapa de la hostelería local de Carballo, aunque el nombre se mantenga en el nuevo local de la calle Río Anllóns (antiguo Tella). Pero en el del jardín, que, con las reformas, antes fue Copacabana y La Castellana, ya no se mantendrá ese nombre. Ya desapareció primero en la Vázquez de Parga, en esa esquina tan visible que fue donde empezó todo. Abrió un 22 de junio de 1976 y cerró otro 22 de junio del 2014, tras 38 años de actividad. Después tuvo otros responsables, pero poco duró. Fue revolucionario en su momento: hamburguesas, perritos, sandwiches, platos combinados, cerveza a presión... Después llegaron el de la calle Desiderio Varela y el cambio de denominación en el del jardín. Tres hermanos estaban detrás de cada uno de estos locales. En el de Desiderio Varela uno de los dueños era Tino Seoane, que había tenido también un restaurante en la Rúa da Estrela, la Condesa, en honor a la antigua casa. Era muy bueno, porque llegó a estar recomendado en la guía Michelin en 1996.

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