David Kaplun: «El hombre no ve a la mujer como algo que destruir, sino como su propiedad»

Habló en Carballo de masculinidades alternativas y de cómo revertir las tendencias violentas

M. L.
Carballo / La Voz

El antropólogo e investigador de género David Kaplun, miembro activo de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) fue uno de los ponentes de la primera Xornada Técnica sobre Violencia de Xénero.

-Habló de «Nuevas masculinidades» en la jornada.

-Si, aunque por lo general suelo hablar de masculinidades alternativas, ya que en realidad no son nuevas, sino que han existido a lo largo de la historia. Se trata de hombres que se han sentido incómodos con esa situación de privilegio en la que nos coloca el patriarcado y, o bien han enseñado a leer a una mujer de su entorno, o han permitido que ella hablase en determinados espacios reservados para hombres...

-¿Qué importancia tiene ahora?

-Estamos viviendo una época en la que se están radicalizando mucho las posturas. Tendríamos que empezar a mostrar no nuevas, sino masculinidades que se oponen a ese modelo hegemónico, pues estamos en un momento en el que los hombres nos sentimos también incómodos con ese papel que se nos otorga.

-¿Está la masculinidad ligada directamente a la violencia?

-Lamentablemente, la forma en la que se construye la masculinidad hegemónica está muy relacionada con elementos de violencia, y eso hace que no veamos toda la violencia que estamos generando, porque la naturalizamos. Por ejemplo, cuando un hombre saluda a un amigo le da un golpe en la barriga, y eso significa que le tiene aprecio. Sin embargo, si actúa del mismo modo con una mujer esta le dice que no actúe de esa forma, que ella «no es su amigote». Así, invisibilizamos un montón de violencia gracias a la violencia que hemos recibido y que después transmitimos, y solo con esas pequeñas llamadas de atención nos damos cuenta de que tenemos que actuar de otra manera.

Lo que hacemos con estas masculinidades alternativas es coger a los chicos, a los que les han formado en la agresividad, y deconstruir esa realidad, trabajarla.

-¿Qué tipo de hombre es el que ejerce la violencia sobre su mujer o sobre sus hijos?

-Puede ser cualquiera, no hay un perfil. La única cosa que tienen en común es que tienen alguna creencia más tradicional y machista: he conocido hombres machistas desde el nivel más bajo de formación hasta catedráticos.

-Eso en cuanto a formación económica, ¿pero qué hay de la educación recibida?

-Hablamos mucho de los agentes recibientes: cuando eres consciente de que eres capaz de transformar la realidad que tienes a tu alrededor, así como transformarte a ti mismo, tienes la habilidad de generar conductas más empáticas y afectivas. Por el contrario, si lo que tienes es la idea de que «el mundo es así y no podrá cambiarse» y de haber sido formado en una sociedad machista, es muy probable que termines reproduciendo algún patrón que agreda a alguna de las mujeres de nuestro entorno.

-¿Pero, por qué a la mujer? ¿Por qué no a otros hombres?

-En realidad, nos forman para transmitir la violencia a todos: nosotros somos los que más nos peleamos entre nosotros, pero también agredimos a mujeres, a niños, a animales y hasta al planeta. No es una cuestión de que os veamos como algo que hay que destruir, sino como una más de nuestras propiedades: los hombres estamos en la cima de la cúspide, y así se sienten muchos.

-¿Hay diferencias entre sociedades o países?

-Desde luego, el machismo tiene elementos muy culturales. Conozco realidades en Brasil, Venezuela, Argentina, México, España... y, aunque en todos esos lugares el machismo se lleva a cabo de manera diferente, siempre tiene elementos muy comunes: los hombres solemos asumir que somos «el no va más» de la evolución. Por ese motivo, asumimos actitudes muy particulares y accedemos al resto de cosas como si fuesen pertenencias: eso sí, la forma en la que el hombre hace ver a la mujer que le pertenece varía en función de la cultura.

-¿Se puede revertir ese proceso?

-Por supuesto, toda violencia se puede revertir siempre y cuando lleve un proceso de conciencia previo. Cuando somos conscientes de que somos agresores podemos buscar estrategias para minimizarlo. Ahora bien, a las mujeres no os cuesta reflexionar y trabajar en común; pero a los hombres se nos ha formado para trabajar más bien en solitario: percibimos a otros hombres como posibles competidores, y eso complica todo el proceso necesario para revertir esa tendencia a la violencia.

-Hemos evolucionado bien poco, entonces: seguimos comportándonos como orangutanes.

-Lo que pasa es que la teoría evolucionista solo nos ha mostrado una faceta de los machos (no solo de orangutanes, sino de muchas otras especies) que se asemeja al modelo de masculinidad hegemónica que interesa que reine en la sociedad. Pero estos animales tienen otras conductas: tienen hijos, los cuidan, juegan con ellos... No lo sabemos todo de ellos, ni mucho menos.

-Los jóvenes deberían haber aprendido mucho y, sin embargo, se ven en los institutos actitudes verdaderamente machistas.

-Es que formamos muy poco en esto. La educación en género no está transversalizada, sino que se da a cuentagotas en espacios formativos. Sin embargo, lo que reciben continuamente es un modelo capitalista, violento y muy machista: en películas, series de televisión e incluso en los dibujos animados.

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