Fina Lois, una vida por los demás

SOLIDARIDAD EN CARBALLO | Maestra jubilada, dedica su tiempo a recibir ropa, calzado y comida para darla a los necesitados, y sin preguntas


carballo / la voz

En la calle Vila de Noia de Carballo, la que sube desde la Gran Vía hacia el instituto Alfredo Brañas, hay un pequeño cartel sobre la puerta del antiguo bar O Recreo que dice: «Somos familia». También aparece un número de móvil de contacto, pero ya no funciona, así que mejor no llamar. Son los pocos signos de que este antiguo local hostelero se dedica ahora a otras funciones, que cada vez son más conocidas gracias al trabajo diario e incansable de Fina Lois Ordóñez, maestra jubilada, a quien en absoluto se le echan los 80 años que tiene: ni por su aspecto, ni por su vitalidad.

Fina, natural de Rebordáns, en Pazos (Ponteceso), ha convertido este antiguo bar (no tiene más que palabras de agradecimiento a su dueño por la cesión) en un centro de solidaridad para las personas y familias más necesitadas. Ayudaba antes en una tienda de segunda mano, el volumen de trabajo iba a más, pero cerró el local y apareció esta oportunidad. El sistema de trabajo es muy sencillo: el que lo desea aporta lo que quiere, sobre todo ropa y calzado, y el que lo necesita acude a recogerlo, tras la selección. Y no hay cuatro cosas, precisamente: ¡hay cientos de artículos! Incluso miles. Ropa de hombre y mujer, de niño y bebé, juguetes, muchísimos pares de zapatos, zapatillas... También hay alimentos, tanto perecederos como no. Si Fina ve que quedan sin consumir, los lleva a Cáritas.

Los que precisan este tipo de ayuda acuden al local, y sin necesidad de explicar nada, cogen lo que precisan y se van. No hay preguntas. Y los horarios (a partir de las 20.30 horas) permiten que todo se haga con discreción. Fina, no obstante, echa un ojo, pero más que nada para evitar la picaresca. Aunque parezca increíble, también la hay con estos temas, pero por suerte es mínima. No solo es un local para entregar o recibir, también hay muchos que acuden para hablar con ella, contarle sus problemas. No es psicóloga, pero como si lo fuera. «Hai moita xente necesitada en todos os aspectos», señala esta mujer, católica convencida y practicante, fundadora de grupos de renovación, bíblicos y de vida ascendente, impulsora de grupos de apostolado en años en los que no era fácil hacerlo, y convencida acérrima de la necesidad de educación para conocidos grupos marginales de Carballo a los que ella daba clase con mucho entusiasmo, incluso subiendo al Monte do Carme a buscar a alguno cuando no acudía a clase. Eran otros tiempos. Ahora, ella misma se enorgullece de decir que algunas de aquellas familias también aporta material si le sobra para ayudar a otros.

Los que donan no son solo de Carballo. Son incluso más de fuera, desde Fisterra, familias amigas de sus años de profesora, y del resto de la comarca. Lo que reciben son familias normales, muchas de ellas inmigrantes. No es solo ropa o calzado: es llevarlos al médico a A Coruña, arreglar papeles, buscarles trabajo... por eso los donativos económicos también son bien recibidos. Alguna gente hay que le echa una mano, por suerte. Y la ayudan a preparar enormes paquetes de ropa que viajan, por ejemplo, hasta Senegal (y Santo Domingo, Uruguay...), para las familias de estos inmigrantes carballeses. Hay un mundo de historias en el interior de este bar atestado ahora de prendas.

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