«As leccións que me ensinou meu pai servíronme de moito»

«Díxome onde máis fallaban os porteiros», cuenta el pichichi del Bergantiños juvenil B de Primera Autonómica, Lucas Caamaño


Carballo / La Voz

Lucas Caamaño Méndez es el ejemplo perfecto de esfuerzo, constancia y dedicación. Se ha convertido en el pichichi del Bergantiños juvenil B y en el segundo del grupo coruñés de Primera Autonómica a base de hacer 432 kilómetros, como mínimo, a la semana, para desplazarse desde A Ponte do Porto (Camariñas) a Carballo. Tiene 16 años y llegó, hace tres, al club rojillo.

«Eu estaba no Soneira e chamáronme do Bergantiños para facer unhas probas», comienza explicando el juvenil de primer año. «Gusteilles e dixéronme que me collían para o cadete B co obxectivo de ascendelo á Liga Galega», añade. Lo que sucedió fue que, con su llegada, no solo cumplieron la meta, siendo Lucas el máximo goleador del equipo y el segundo de la categoría, sino que el conjunto subió, luego, a División de Honor.

En la actualidad, jugando normalmente de extremo izquierdo y, a veces, de delantero centro, va camino de repetir historia. Lleva 23 tantos anotados en 22 partidos, a una media de 1,045 por encuentro, aunque en realidad su especialidad son los dobletes, los hat trick e, incluso, los póker de goles. La mayor cantidad de tantos que envió con sus botas al fondo de las mallas fue en el choque contra el San Tirso del pasado mes que terminó con 4 a 1 en el marcador. Apuntó bien cuatro veces en menos de diez minutos, cuando el partido ya estaba en su recta final ante el segundo clasificado, ojo. Para quitarse el sombrero.

«Non teño estratexia algunha para marcar, salvo a de esforzarme. Contra o San Tirso, simplemente vinme arriba», dice el protagonista. El secreto es el siguiente: «As leccións que me ensinou meu pai servíronme de moito. Díxome onde máis fallaban os porteiros», comenta Lucas. Su progenitor es Antonio Caamaño Miñones (A Ponte do Porto, 1972), guardameta «toda a vida», dice. Y es que desde que iba al colegio hasta el pasado año mismo, jugó al fútbol con guantes. Tuvo sus parones. El último, de hecho, se debe a su hijo: «Xogaba no Porteño de veteranos e coincidíanme os meus partidos cos do meu fillo. Entón, considerei que o máis importante era ir con el, aínda que o gusaniño por xogar téñoo sempre».

A Antonio y a su mujer, que es la que se encarga de llevar a Lucas a los entrenamientos, no les importa estar a 45 minutos en coche de Carballo: «Cústanos tempo e diñeiro, pero apoiámolo ao cen por cento. Vemos que lle gusta, que se esforza, que o fai ben e, sobre todo, que está ben. E iso é o que importa, especialmente nestas idades complicadas». Y es que Antonio ya llevaba a su hijo a los entrenamientos de su equipo, el As Baleas, cuando este tan solo tenía cinco años. Desde que Lucas nació tuvieron una complicidad que no hace más que incrementarse con el paso del tiempo.

Ambos son del Real Madrid a muerte: «Ese é o terceiro apelido da familia», suelta Antonio entre risas. No obstante, anteponen a Messi a Cristiano como mejor jugador: «É importante recoñecer cando un rival o fai ben», añade. Un hecho que ya dice mucho de los buenos valores deportivos que este padre le inculca a su hijo, un aspecto muy importante para el futuro de Lucas.

El adolescente aspira a corto plazo a jugar en la Liga Galega Xuvenil, aunque ya fue convocado en alguna ocasión, y a poder llegar al primer equipo del Bergantiños, a larga distancia. El otro equipo, a mayores de los ya mencionados, en el que este joven se formó fue en el Vimianzo.

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