Llueve sobre mojado en la autopista


Hace unas semanas, un usuario habitual de la autopista AG-55 entre A Coruña y Carballo se quejaba, en las páginas de esta Edición, de las carencias de esa vía, que recorre a diario ida y vuelta, y muchas veces en moto, sobre todo festivos y fines de semana. Con toda la razón: basta que alguien tenga que usar esa vía varios días seguidos para constatar los problemas que se arrastran desde hace ya tantos años que parece que son normales. Que forman parte del trazado, vaya, igual que el color del asfalto o las curvas. A veces nos anestesiamos tanto con la normalidad que no le damos importancia hasta que nos toca vivirla de una manera directa y frecuente. O tal vez porque asumimos que no hay remedio: lo que mal se hizo en su momento no tiene arreglo en la actualidad. Un mal que se hace mayor aún cuando entramos en la autovía da Costa da Morte, que parece una pista de aterrizaje por lo amplia y segura.

Es increíble que, aún a estas alturas, los días de lluvia la autopista siga siendo una pista de patinaje en según qué tramos, con grandes pozas que invitan al aquaplanning si no se conduce con precaución. Esto es, despacio. Hay usuarios habituales que ya tienen marcado en un plano los kilómetros más peligrosos, tanto de ida como de vuelta. Hacia A Coruña, del 25 al 25,5; del 17,5 al 17; del 13,5 al 12; del 7,5 al 7; del 5,5 al 5,3, y del 4,8 al 4,3.

En sentido A Coruña-Carballo, los charcos suelen formarse sobre todo entre los kilómetros 3 al 4, del 6 al 7,5, del 17 al 17,6, y del 22,8 al 23,9, según los datos que han ido recuperando estos conductores. Visto lo visto estos últimos días, diría que incluso hay más lugares así. Ya sé que no se puede variar el trazado a estas alturas, pero tal vez alguna capa más o distinta en estos lugares daría más tranquilidad. No hacen falta las señales de limitación: ya el sentido común las dicta. Todos hablan (hablamos) de los 100 de máxima en la bajada desde el primer peaje hacia A Coruña, ya en territorio arteixán. Lo hacemos por ese radar de tramo que obliga a ir con el freno o en cuarta, y que a algunos le pone más respeto que los charcos citados. Pero no hay que olvidar la luminosa que marca los 80 de máxima justo al salir de A Coruña y antes de pasar por Sabón, que también tiene lo suyo.

Está claro que no hay que correr, pero en una autopista los 120 deberían ser seguros por defecto. Más aun teniendo en cuenta los automóviles modernos, con una seguridad nunca vista. Pero no, a veces parece una vía comarcal.

Claro que hay cosas que sí cambian año tras año, y son los cinco céntimos que va subiendo cada mes de enero el peaje. Ida y vuelta ya pasa de cinco euros: también da mucho respeto ese dinero.

Por Santi Garrido CIUDADANA

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