Los graves casos de alcoholemia son el principal lastre del tráfico en Carballo

En mes y medio, seis conductores, cuatro de ellos involucrados en accidentes, dieron positivo, con tasas de entre 0,94 y 1,54


Carballo / La Voz

«Los casos más graves de alcoholemia, es decir los de los conductores que, como mínimo, cuadriplican la tasa, suelen representar entre el 2 y el 3?% de todos los positivos que detectamos al año en las carreteras», apuntan en Tráfico de la Guardia Civil. En Carballo la gravedad del problema viene siendo de tal magnitud que en el 2017, por primera vez en 30 años de estadísticas por parte de la Policía Local, las condenas por positivo superaron con diferencia a las multas. La Policía Local abrió en aquel ejercicio un total de 51 diligencias penales (por tasas superiores a 0,6), frente a las 30 administrativas.

Y esta tendencia, lejos de reducirse, parece ir en aumento. O eso es lo que se desprende de las últimas denuncias trasladadas desde la jefatura a los juzgados de Carballo. Solo en el último mes y medio, los graves casos de alcoholemia al volante se saldaron con cuatro accidentes de tráfico (por suerte sin heridos graves) en el casco urbano y seis positivos en los test preventivos, que oscilaron entre el 0,94 y el l,54, siempre, claro está, a la espera de lo que determinen los resultados del laboratorio.

El último caso, este sábado

El último caso se produjo sobre las tres de la tarde del sábado en la avenida de Razo. Un Audi A4 impactó contra otro turismo, estacionado, en las inmediaciones del Pirata Bar. La Policía Local realizó la prueba al conductor del Audi A4: J.L.R.E., nacido en 1970 y vecino de Oleiros, arrojó en el muestreo inicial 1,05 y 1,04.

En la medianoche del pasado domingo, día 14, un joven de 24 años, A.?G.?M., vecino de Cabana circulaba con un Seat Ibiza y al llegar a la intersección de A Ponte da Pedra y rúa Fábrica hizo un recto, invadió la rotonda y estampó el vehículo contra una señal. Por suerte, en aquel instante no circulaba ningún otro turismo por la zona. El supuesto infractor dio 1,13 y 1,06 miligramos por litro de aire espirado.

No fueron los únicos casos. El más grave lo protagonizó un vecino de Tordoia el 9 de diciembre. Nacido en 1976, a J.?A.?C.?O. no se le ocurrió mejor idea que subirse a un Toyota, pese a que tenía el permiso retirado por orden judicial hasta el 28 de junio de este año. El vehículo carecía de seguro e ITV en vigor y aun así se puso a circular por el casco urbano de Carballo, hasta que fue interceptado en la rúa Miño por una patrulla de la Policía Local. Dio 1,54 y 1,46 en las pruebas practicadas, siete veces más de lo máximo permitido.

Peor le fueron las cosas a otros dos jóvenes conductores, que, como el de Cabana del pasado fin de semana, acabaron destrozando sus turismos. Un carballés que arrojó casi un miligramo de alcohol por litro de aire espirado embistió su Lexus contra el camión de la basura en la intersección de la rúa Doutor Fleming con Vázquez de Parga en la madrugada del 20 de diciembre. Unos días antes, en concreto el 8 de diciembre, lo hacía otro joven, pero en este caso su vehículo se fue contra unos contenedores de la rúa Berdillo. El coche acabó volcado sobre la carretera y destrozado. El conductor dio 0,94.

Más casos

También con el alcoholímetro se topó L.?V.?E., un residente en la capital de Bergantiños y nacido en 1975, que arrojó en el test 1,01 y 1,07 tras ser interceptado por la Policía Local en el casco urbano de Carballo. Fuera de este municipio hay dos casos llamativos. El primero, un larachés reincidente que, en un control de Tráfico efectuado a finales de noviembre en la DP-2404, dio 1,19 y 1,25. El segundo fue el de una xalleira de 43 años, que nunca se había sacado el carne de conducir, y que dio 0,70 y 0,72, respectivamente, en un control de la Guardia Civil en Coristanco.

Más sanciones

Ni las duras campañas televisivas ni la mayor presencia de agentes parecen evitar los desmanes. No es de recibo subirse a un vehículo en semejante estado de embriaguez. Endurecer las multas y las condenas debería conllevar siempre la obligación a los que les gusta ir ebrios al volante a visitar el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo o la prisión de Teixeiro para que les cuenten cómo es un día en estos centros. Quizás así se concienciarían del grave problema.

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