«Siempre seré de espíritu navideño»

Con un pie en Carballo y Montecelo y otro en Madrid, son estas unas fechas que le gustan a la actriz María Tasende. Así habla de sus Navidades y de sus proyectos presentes e inminentes


Carballo / La Voz

El regreso a casa de la actriz María Tasende (1977) va más allá de la Navidad, pero en realidad tampoco es un regreso total: «Vine a pasar las vacaciones de verano, había acabado las cosas que estaba haciendo en Madrid, me puse con un proyecto propio, grabándolo y protagonizándolo aquí, y de momento aquí sigo», cuenta.

-¿Ha dejado Madrid?

-No, para nada, ando yendo y viniendo siempre. Ocurre que antes vivía allí y ahora desde agosto voy y vengo. Mi base está entre Carballo y Montecelo (Coristanco): me considero de ambos sitios e incluso un poco madrileña también, porque la mitad de mi vida ha sido vivida allí. Es algo así como una segunda casa.

-Uno de sus papeles más conocidos últimamente ha sido el de Juliana, en «Acacias 38». ¿Qué balance hace de aquel tiempo?

-Fue una experiencia muy bonita. Estuve unos cuatro años trabajando seguido en series diarias, primero en O Faro y después en Acacias, y si bien es cierto que se hace cansado en el sentido de levantarte, grabar, llegar a casa, estudiar, levantarte, grabar... realmente estoy deseando ya tener otro proyecto de este tipo.

-¿Y el regreso a Carballo desde el bullicio de Madrid?

-En realidad no siento que haya vuelto del todo, porque siempre ando entre Madrid y Galicia. De hecho, volveré allí en febrero, porque daré unas clases de interpretación ante la cámara en una escuela de actores: es un reto nuevo que me apetece mucho. A ello se une este proyecto personal que tengo entre manos. Son mis dos planes clave para este 2019 que empieza.

-¿Cómo marchan sus Navidades?

-Siempre me ha parecido una época muy especial. Me gustan las sobremesas largas con la familia y los vinos con los amigos por la calle Coruña. También la llegada de Papá Noel, porque al tener muchos sobrinos es emocionante presenciar el momento.

-Cuando uno es niño le regalan y cuando crece toca otro papel.

-¡Sí! Aunque siempre hay algún detalle con los mayores [ríe].

-No es de los que odian la Navidad, entonces.

-Para nada. Es verdad que con los años se va volviendo más nostálgica, menos colorida, pero siguen siendo fechas que me gustan. Uno nunca sabe lo que va a pasar, y mejor no pensar, pero creo que siempre seré de espíritu navideño.

-Se le ha visto por el Casino, implicada. ¿Cómo lo ve?

-Da gusto ver cómo un símbolo de Carballo, que estuvo a punto de desaparecer, no solo ha logrado sobrevivir, sino que está creciendo mucho este año. La Nochevieja del 2017 la pasé allí precisamente, porque también organicé un poco la fiesta, pero la de este 2018 la pasé en Tánger (Marruecos). Es el cuarto Fin de Año que voy allí: tengo unos buenos amigos y casi es ya tradición. Me encanta: cambias de aire totalmente, de cultura, de paisajes, de gente... Es como viajar en el tiempo. En Navidad o no, siempre que puedo, ya sea por tiempo o por cuenta corriente, me pego una escapada.

-Conserva el alma viajera de la que ya tiene hablado.

-Más cerca o más lejos, pero sí, sí, totalmente, nací viajera y moriré también viajera, me temo.

-¿Destinos pendientes?

-¡Muchísimos! Países de Sudamérica, Centroamérica... En Asia también me quedan algunos. Le tengo muchas ganas a Cuba, a Canadá, a Islandia, a Suecia, a Dinamarca, a Noruega... También a Argentina. Volvería además encantada a Brasil, a Perú o a Colombia.

-¿Y su balance del 2018?

-La vida de los actores tiene años en los que trabajas mucho y otros que no tanto. El 2018 en ese sentido ha sido flojillo, pero también es cierto que las épocas de poco trabajo a veces son necesarias para plantearte cosas y para reflexionar. Puede que se vivan con cierta angustia esos momentos de parón, pero son precisos. El 2018 ha sido un año duro, y no solo a nivel laboral, pero seguramente provechoso para iniciar nuevos caminos. No sé a largo plazo cuál va a ser mi futuro, si voy a estar más en producción, en dirección o en mi carrera de actuación, pero me encantaría combinar todos estos aspectos de la profesión artística, audiovisual, teatral... Como actriz estar esperando siempre a que te llamen se hace muy cuesta arriba. Estaría muy bien poder diversificarme en este mundo hacia otras ramas.

Para cotillas

-¿Papá Noel o Reyes? Los dos. Cada vez llegan menos cargados [ríe], pero siguen viniendo ambas noches.

-¿Su deseo de Reyes? Mi mayor deseo para el 2019 es salud para mí y mis seres queridos, además de un buen año de trabajo. Que no me dé tiempo a hacer todo lo que me ofrezcan.

-¿Se comió todas las uvas en Fin de Año? Siempre lo intento, pero he decir que este año, y no sé si fue porque las uvas eran más pequeñas, fue el primero en el que me las comí todas sin sentirme agobiada y empachada. Las terminé, sin sufrir y sin retrasos.

-¿Pone árbol? Sí, soy de árbol. Este año, de hecho, junto con Esther y mi madre, tres socias del Casino, nos encargamos de su decoración.

-¿Turrón blando, de almendra, de chocolate...? Me gustan los tres, pero soy muy de chocolate.

-¿Algún rito o superstición en Navidad? Lo único, que después de brindar hay que beber, siempre. Y que no se brinda con agua. Nada más.

-¿Cava, vino, cerveza? Lo que más me gusta es el vino. El cava me cuesta y la cerveza me encanta, pero para brindar en Navidad vino blanco o tinto.

-¿Un regalo que la haya marcado? Quizás un caballito de madera que me trajeron cuando era súper pequeña.

-¿Y uno que nunca le hayan traído aunque lo pidiese? Un año pedí una cocina de Smoby, hasta me acuerdo de la marca, y no me trajeron la cocina, sino un supermercado. Siempre me quedó la duda de por qué no me la habían traído, algo traumatizada en su momento [ríe]: ¿No habré sido lo suficientemente buena? ¿Qué habrá pasado?

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