No compremos en festivos y domingos


El puente de la Constitución, tal y como preveían los empresarios a principios de la semana pasada, ha dejado en la Costa da Morte cifras de ocupación que rozaron el 75 %. Fueron muchos los que pudieron disfrutar este pasado fin de semana de un pequeño anticipo a las tan ansiadas vacaciones de Navidad. Actividades culturales, conciertos, teatro... Hubo de todo estos días para encandilar a esa gente que, por suerte, pudo irse de puente sin preocupaciones.

Los que no lo tuvieron tan fácil, sin embargo, fueron los comercios y, en especial, las establecimientos de alimentación. Bastaba darse una vuelta por alguno de los supermercados de Carballo la semana pasada (también en Cee o Coristanco, así como en otros puntos de la zona) y en todos había un gran cartel colgado en el que indicaban el número de días festivos que abrirían estas Navidades: el 6, el 8, el 24, domingos de diciembre, el 31... Y seguimos para bingo.

No es una costumbre demasiado arraigada, o al menos no lo era hasta hace unos años: el comercio local cerraba cuando le correspondía, y los días de fiesta lo eran para todos por igual, no solo para el grupo de los afortunados. Estos tiempos tan especiales podían pasarse en familia, y los autónomos y empleados de cara al público podían darse, por fin, un respiro de las maratonianas jornadas del resto del año.

Ahora, sin embargo, da la sensación de que el comercio local se ha contaminado de los hábitos de las grandes superficies: abrir cuantos más días, mejor. No se les puede culpar, el cliente está tan acostumbrado a que centros como el Marineda City abran cada domingo de diciembre, que acaba esperando del pequeño comercio exactamente los mismos esfuerzos. Sin embargo, las plantillas y recursos no son, ni de lejos, equiparables, y ese es un aspecto que uno debería tener en cuenta antes de lanzarse al consumo.

Ni a las cajeras de los supermercados les hace mucha gracia que entremos a hacer la compra 20 minutos antes de la hora de cierre, ya que eso supone que, inevitablemente, se retrasará su hora de fin de jornada; ni a las dependientas de nuestras tiendas de ropa favoritas les hace mucha gracia pringar todo el mes de diciembre, pudiendo pasarlo con su familia.

Sería interesante, o cuanto menos, solidario, hacer un esfuerzo de agenda y recolocar nuestras compras en horarios puramente comerciales. ¡Anda que no habrá días suficientes en todo el mes para elegir los regalos sin tener que esperar siempre a los días santos!

Dediquemos los domingos a consumir cultura, a pasear si hace buen tiempo, a tumbarnos en el sofá junto a la chimenea y ver en buena compañía una de esas películas navideñas horteras...

Hagámoslo por ellos.

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