«No Bergantiños sempre me trataron de marabilla»

Fotos con historia | Los tiempos del Bergantiños en Segunda B | El esteirán José Ramiro hacía centenares de kilómetros cada semana para jugar en Carballo. Y encantado.


Carballo / la voz

La foto

Julio de 1988. Corresponde a un partido de pretemporada, disputado el 30 de julio de 1988 en el campo municipal, por el Memorial Vázquez Mouzo. El antiguo campo, el de O Chorís, espacio ahora con zona deportiva en una parte y jardín y zona recreativa en el resto. El rival era nada menos que el Betis. El partido comenzó a las 20.00 horas, y acabaría con victoria visitante por 0-2. En la foto, del archivo de La Voz que se puede ver en un gran cuadro en el restaurante Oasis, aparece José Ramiro. Sus compañeros fueron Agustín, Nano, Antelo, Juan, Sobrino, Lucho, Valentín, Mario, Solé, Joseíño, Tasende, Costa, Javier, Gorri y Fariña.

El protagonista

José Ramiro Caamaño Lestón. Natural de Esteiro, en Muros, donde nació en 1963. Jugaba de delantero y era una pieza clave en aquel Bergantiños en el que, recuerda, estuvo cuatro temporadas: la 86/87, cuando de Tercera ascendieron directos a Segunda B; las del 87/88 y 88/89, ambas en Segunda B: la última, con descenso a Tercera, y la primera, con aquella legendaria eliminatoria (perdida) de la Copa del Rey ante el Rayo en la que Ramiro marcó dos goles, y finalmente la 89/90. A Carballo había llegado del Boiro, y después continuaría en el Negreira tres temporadas. Pese a su calidad, dejó el fútbol muy joven, a los 29 años.

La historia

Los tiempos futbolísticos han cambiado mucho en los últimos decenios. Lo saben de sobra los veteranos, y a los más jóvenes conviene actualizarlos con peripecias hoy impensables. Así que mejor empezar por ahí al hablar con el esteirán José Ramiro Caamaño, uno de los nombres de referencia de aquel Bergantiños de Segunda B (dos campañas) de hace treinta años. Una categoría a la que el club aspira a regresar esta temporada, y si mantiene el nivel tan alto no es ninguna epopeya.

Ramiro se levantaba a diario sobre las 04.30 para ir a trabajar a Calvo, en Esteiro, otra conexión carballesa. Por la tarde acudía a Carballo a entrenar, sobre las 21.00 horas, y llegaba de vuelta sobre las 12 de la noche o la 1.00 de la madrugada. Y así, varios días de la semana. «O entrenador, Julio Díaz, era moi esixente». Hacía 140 kilómetros cada día. Primero, en un Renault 5, y después, en un Renault 11 al que le hizo 500.000 kilómetros. Con mucho cansancio cada día. «Algunha vez, por setembro ou outubro, pensaba en dar volta. Pero como o grupo ía ben, cobrábase ben, e me gustaba, collinlle cariño e despois xa o facía como unha rutina». Eso sí, ni los coches ni las carreteras eran las de hoy: «Teño pillado riadas, eucaliptos tirados, marquesiñas.... E sempre só. Outros compañeiros viñan xuntos», recuerda.

Y así, cuatro años. Pero solo tiene palabras buenas: «O meu recordo do Bergantiños é sobresaínte. Sempre me trataron de marabilla, cumpriron comigo».

Recuerda el partido contra el Betis. Ese que ven en la imagen superior los clientes del restaurante Oasis de Carballo. Cuenta su responsable que eligió esta imagen porque le gusta el fútbol y porque refleja lo que fue en tiempos pasados. Y el propio Ramiro se vio allí un día y, reconoce, le hizo ilusión.

En el equipo de la capital andaluza jugaba, curiosamente, otro futbolista de Esteiro, José Luis Vara, casi vecino de puerta. En su plantilla había otros míticos, como Rincón o López Ufarte. Más coincidencias: el portero, Pumpido, meta de la selección argentina, era familiar de la familia Calvo carballesa. «Que estivera alí Vara era como un plus de motivación. A vedade é que aquel partido estivera moi ben, con moita afección. Pero, en xeral, aqueles dous anos o respaldo foi moi importante sempre. Da xente podo falar moi ben. Faciamos boas campañas, tiñamos un bo equipo, e tamén os nosos rivais eran conxuntos importantes». Todo eso compensaba aquellos largos viajes y sin tiempo casi para él mismo, más que trabajar y jugar. «Para estar coa moza só tiña os luns», bromea (o no). Puestos a buscar un pero, el campo municipal era muy pequeño, o más de lo que desearía. Lo recuerda a la perfección al colocarse a unos metros, y señala las partes que fueron del campo, las gradas, la entrada, incluso la zona exacta por la que corría cuando le hicieron la foto. Además, desde entonces ha pasado en muchas ocasiones por Carballo, donde conserva buenos amigos. A veces, porque le tocaba jugar a su hijo, que también siguió sus pasos futbolísticos.

Aquella derrota

Aún siente como algo amargo aquella derrota ante el Rayo Vallecano en la cuarta ronda de la Copa del Rey, con 3.500 personas en el viejo municipal, que lucía nueva iluminación y se apagó durante media hora. El fallo de un penalti le costó quedar eliminado en la prórroga (3-4, finalmente). José Ramiro había dormido muy poco, pero marcó dos tantos. El dolor de la derrota no empañó, no obstante, la gloria de la ocasión.

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