«O Concello negounos os focos e tivemos que poñer un xenerador»

FOTO CON HISTORIA | Loureda apareció un día por A Milagrosa. Le faltaba una pierna, era bebedor y mal encarado, pero cuando murió los vecinos le compraron un nicho


Carballo / La voz

La foto. Corría el año 1997 y un grupo de chavales ligados al Atlético Milagrosa incluyeron en las fiestas del barrio carballés un torneo de fútbol al que le pusieron Memorial Loureda, en recuerdo a un mendigo que vivió durante mucho tiempo de la caridad de los vecinos y que había muerto poco antes. Al pie de las escaleras se colocó un transformador que aportó un empresario porque el Concello de Carballo no facilitó los focos que le habían pedido para que se pudieran jugar los partidos en la plaza de A Milagrosa. El memorial se celebró hasta el 2005, aunque aquellos chicos ya habían dejado la organización de las fiestas.

Los protagonistas. El empresario Manuel Pan era uno de los jóvenes miembros de la comisión de fiestas de A Milagrosa y el que dio nombre al Memorial Loureda. En esas primeras ediciones se llevó a su sobrino, el periodista Manuel Rey, que entonces era un niño. El otro protagonista de la imagen, aunque no aparece en ella, es el propio Loureda, llamado así por su lugar de procedencia en el municipio de Arteixo. Hacía poco que había muerto cuando decidieron rendirle un homenaje con encuentros de fútbol sala al aire libre.

La historia. Un grupo de chavales de A Milagrosa se encargó a partir de 1997 de organizar las fiestas del barrio carballés, que se celebran a principios de septiembre y que ahora son famosas por sus alfombras florales. Los desencuentros del colectivo con el gobierno municipal eran habituales y cuando pidieron unos focos para un torneo nocturno en la plaza el Concello se los negó. Así lo recuerda Manuel Pan, uno de esos jóvenes entonces y el responsable de que esos encuentros deportivos se agruparan bajo el nombre de Memorial Loureda.

Loureda era un mendigo que procedía de esa parroquia de Arteixo. Un día apareció en el barrio y allí se quedó. Le faltaba una pierna. Manuel Pan oyó que la había perdido cuando se disparó a propósito para librarse del servicio militar. En todo caso, se movía con muletas altas y eran los vecinos los que cuidaban de él.

Esperanza Pan, hermana de Manuel, recuerda que comió muchas veces en Casa Collazo y que incluso lo acogieron para dormir, pero su padre no lo quería cuando bebía y él tendía a emborracharse. Entonces aún empeoraba su carácter de natural arisco.

Vivía de la caridad de los vecinos, que fueron muy generosos con él. En los últimos años lo acogieron también los del ultramarinos Francisco. Dormía en un camastro en la parte de atrás del establecimiento.

A pesar de su mal genio, Loureda logró hacerse querer hasta tal punto que cuando murió fue velado en la capilla de A Milagrosa. Allí los vecinos colocaron una bolsa para donativos. La idea era poder comprar unas flores y hacer frente a algunos gastos, pero la generosidad de los que lo conocieron fue tal que incluso pudieron comprar un nicho en el cementerio de Carballo, donde está enterrado. Esa sepultura se adquirió para que también pudiera ser utilizada por algún otro indigente. Surgió la ocasión cuando murió Pepiño de Cances, otro de los habituales del barrio, pero su familia terminó por hacerse cargo de las exequias.

Aunque los chavales se reían de Loureda y también le temían porque «tiña unha mala hostia do copón», según Manuel Pan, también reconocieron que formaba parte del paisaje del barrio y terminaron rindiéndole homenaje con el torneo de fútbol sala en el que participaban cuatro equipos. Participaban en la competición cuarenta adolescentes menores de 13 años, algunos de ellos del Atlético A Milagrosa, que tiene ahora un equipo de veteranos, pero que llegó a ganar la Liga da Costa al año siguiente del arranque del memorial, precisamente en la campaña 98-99.

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«O Concello negounos os focos e tivemos que poñer un xenerador»