«En Carballo non lle daban traballo a meu pai porque fora garda civil»

Nunca quiso ser sastre, pero lo conocen como ese apodo porque la confección fue su primer y su último trabajo. La música es lo que le conmueve. Se casó con una artista apadrinada por Antonio Machín y formó parte del nacimiento de la Coral Polifónica de Bergantiños, donde continúa cantando. Esta es la historia de David Vigo Sánchez


Carballo / la voz

David Vigo Sánchez (Carballo, 1937) lleva el nombre de un hermano que falleció antes de que él naciera. «Púxome así meu pai para quitarlle a pena a miña nai», explica. Fue Venancio Ruano García, el párroco de Carballo entonces, el que le dio su auténtico nombre cuando tuvo que acceder a su partida bautismal. Hasta entonces había sido Jesús y así lo conocen todavía algunos familiares.

David es el único miembro fundacional de la Coral Polifónica de Bergantiños, que en el próximo año cumplirá medio siglo de vida, que permanece en activo. Ha trabajado de todo a lo largo de su vida, pero la música es, probablemente lo único que lo define.

Con cuatro años ya cantaba para un público compuesto por guardias civiles y sus familias en Las Norias, un pueblecito de Ciudad Real, a donde fue destinado su padre, miembro de la benemérita. Lo hacía escondido porque era muy vergonzoso.

A su madre, una mujer de mucho carácter, no le gustaba el destino de su esposo, al que siguió hasta el frente de Valencia durante la guerra civil cuando David era todavía un bebé. «As castelás eran moi rabudas e miña nai só tiña unha amiga, Teófila, e aburríase. Díxolle a meu pai que deixara a Garda Civil e volvemos a Carballo, pero non lle daban traballo porque fora garda. Pasámolas canutas ata que o alcalde Gregorio Chillón o meteu de municipal». Fue entonces cuando a su madre se le metió en la cabeza que David fuera sastre. Tenía 11 años cuando lo puso a trabajar en un establecimiento de la calle do Hórreo. A él nunca le gustó la confección, pero su último trabajo también fue en el sector de la confección, en un taller de la Gran Vía donde cortaba los jerséis que después se daban a coser.

Música

Sin embargo, David nunca abandonó su pasión por la música. Fue en la mili, en Madrid, donde aprendió a tocar la guitarra. Un compañero aragonés se ocupó de las primeras lecciones y cuando ya estuvo en Santiago fue un navarro el que tomó la alternativa y el que, curiosamente, le facilitó su primer instrumento. Una noche formaba parte de un grupo de juerguistas que se pusieron a cantar junto a la casa del alcalde de Compostela. «Dous gardas colleron a dous dos nosos e dixeron que pagarían por todos», recuerda. En la refriega la guitarra resultó muy perjudicada, pero David se la llevó a su casa y la reparó. Entonces comenzó su pasión por un instrumento que dejó un poco de lado hace unos años, porque él tenía la costumbre de tocarla de noche y a su hermana le molestaba para dormir.

También la música estuvo presente a la hora de encontrar pareja. Su mujer fue Sonia Abeal de nombre artístico y María Sonia Cagiao Abeal de puertas para dentro. Como cantante actuó en Tánger, Salamanca, el País Vasco y otros lugares. Fue Antonio Machín el que la animó para que siguiera su camino artístico, pero la enfermedad de su madre primero y la de su suegra después la hicieron desistir, aunque «cantaba todo o día». Hace 14 años ya que no se la puede escuchar y quizá por eso David se pasa los días con los boleros de Los Panchos a todo volumen. Son sus favoritos, junto el Trío Calaveras y Marifé de Triana.

Ahora no se pierde un ensayo de la Coral Polifónica de Bergantiños, una organización que nació en la primavera de 1969 cuando el cura Jaime Rodríguez Valcárcel animó a un grupo de jóvenes aficionados a cantar y tocar la guitarra en el teleclub que hiciera lo mismo en las comuniones de mayo en el interior de la iglesia. Fue un éxito.

«Tamén quixen facer Maxisterio, pero miña nai dixo que xa estudiara abondo»

Parece que cuando a la madre de David se le metía algo en la cabeza no había forma de quitárselo. Se empeñó en que el niño, aún de 11 años, tenía que ser sastre. El quiso ser tornero e incluso se fue voluntario a la mili, a la Escuela de Transmisiones de Madrid porque también le iba la electricidad, pero cada vez que había un parón en alguno de sus oficios, la madre volvía con la confección.

Cuando regresó de la mili fue a hacer el bachillerato «na de Pallas» y quiso hacer Magisterio, pero su progenitora fue tajante. «Xa estudiaches abondo, teus irmáns non estudaron tanto e ben que lles vai», le dijo.

Entonces empezaba la televisión y se dedicó a montarlas y repararlas. Para entonces, «xa casi facía o que me daba a gana» y comenzó todo un periplo de trabajos que pasaron por la fábrica Herfraga y por Calvo, pero que terminó de nuevo en la confección. Su último empleo duró 12 años, pero solo estuvo asegurado los tres últimos, cuando su mujer se encaró con su empleador.

También fue por su madre que regresó a la zona media de la Gran Vía, a la casa familiar. La mujer se sabía enferma y sus hijos la acogían, pero ella «preferiu morrer na casa» y logró que David y su mujer se mudaran con ella.

Ahora la Coral Polifónica de Bergantiños, a la que vio nacer, y la música son toda su vida. Hoy estará en el Pazo da Cultura con todo su grupo, pero él es el único que miraba con temor a don Venancio en 1969, por si le parecía mal que tocaran la guitarra en la iglesia. El párroco no puso objeción y a Jaime Rodríguez le siguió Eusebio Calvelo y más tarde Gloria Pardines que «xa non é tan esixente».

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