Los 49 años del Club Bergantiños de Montevideo

La conmemoración fue el sábado pasado


Suena en la umbría soledad de un pinar una canción gallega, cansina, rústica, bien rimada.. Es como la canción de un alma vibrando en sus amorosos recuerdos sentada en la tarde quieta bajo el palio encendido del poniente luminoso de Bergantiños.

Esta oración bien pudiera haberla rezado cualquier hijo de aquella tierra. Es la que cabalga con uno allá donde vaya. Así debió pensar aquel minúsculo grupito de amigos que acodaban su brazo sobre el mostrador de un bar. El boliche tenía nombre de augurio, La Nueva Aurora. Todos tenían su historia. Todos habían huido del hambre y de la miseria de los años de la posguerra. Todos tenían ilusiones de volver algún día al trocito de mundo que les pertenecía pero que estaba muy lejos, en su Galicia. Era una nostalgia invencible y dolorosa. Había que pelear la vida, y qué mejor que hacerlo juntos.

Y fue entonces cuando uno de ellos, Manuel Mancebo Varela, «o capador da Brea», tira la idea de crear un club donde los bergantiñáns «hablaran de sus cosas» y que pudieran «ayudarse unos a otros».

La idea fue como un aroma dulzón, como un perfume que suele irse pronto pero dejando una nubecilla de de sabor. «Son cousas do capador, está tolo, a quén se lle ocurre, un Club!»

Pero como el cuerpo duerme mientras la mente trabaja, fue Julio Varela, el que menos durmió esa noche. Se tomó las cosas en serio y a la mañana siguiente ya estaba compartiendo esa locura con Luis Varela, «o xastre». Y comienzan las xuntanzas. Y se habla de nombres y bautizos. Que si lo llamamos Carballo, que si Hijos de Carballo... Surgen múltiples oposiciones, porque se resisten los que no son de la villa y por unanimidad resulta atractivo el nombre de Bergantiños, celta, pondaliano, enxebre gallego y sobre todo «a casa de todos».

La primera, mal

En la primera reunión decaen los ánimos: no acudió nadie ¿Tremenda desilusión? De eso nada. Nadie se hace miasmas con el derrotismo. Estas gentes se unen por la parte más alta que es el amor a la patria porque arranca de estratos humildes y saben lo que es trabajar de sol a sol y su filantropía no es solo pura sino heroica. Habí que formar una comisión de trabajo con sentido de responsabilidad y cooperación.

Y nueva reunión en la casa del sastre y, alivio, ¡acudieron 150 personas! La raíz había prendid. Ni un paso atrás. Corre el año 1969, es el l2 de enero, han pasado los Reyes Magos, el sol pica y cuelga sobre Montevideo como un farol amarillo sobe la calle Ramón Márquez 2937. Y se diseña el futuro.

Lo primero, la casa. Y alguien menciona la vieja Sociedad Criolla Aires Puros y allá van en bandada. Era una casona presuntuosa sobre un altozano, ocre y macizo, al que daba cierta esbeltez una entrada de señorío antiguo, tachonada de herrajes enmohecidos y desde el que se divisa un oscuro zaguán. Parece que gusta. Pero el precio es desilusionador. Y como Dios aprieta pero no ahoga, un joven empresario pide la palabra: «Señores, compren, yo me encargo de la suma que les falte». ¡Así se hace!

El cartel, por fin

Un día después, ante el asombrado vecindario, un empleado subido a una escalera se esmeraba en instalar un enorme cartel: CENTRO SOCIAL Y CULTURAL BERGANTIÑOS. y como en los cuentos de hadas, a lo largo de 49 años ese caserón semiderruido fue ganando belleza, creciendo y creciendo. metros y metros, con mesura, con ideas, cuidando los balances.. Hasta ocupar la dimensión de 1.500 metros cuadrados, con salas de juegos, comedor, cafetería, biblioteca, cocina, parrillero, salón de baile y un enorme comedor con cabida para más de mil personas, además de una estupenda biblioteca que lleva el nombre, cómo no, del Bardo de Bergantiños, convirtiéndose en uno de los más prestigiosos clubs sociales de Montevideo. Atrás quedaron 49 años de lucha, anclados en el mejor de los recuerdos, y también los húmedos ojos por la nostalgia de la Tierra.

Festejado el sábado

Fidelidad heredada, limpia tradición, acabada honradez de aquellos hombres de Bergantiños que supieron llevar siempre en lo más profundo de sus ojos la encendida verdad de la rosa de los vientos. ¡Y pensar que nació como nacen todas las cosas nuestras, de un aturuxo lanzado a la Estrella de Sur, sobre el mostrador de un humilde y discreto boliche de barrio!

El sábado pasado conmemoramos el aniversario. El alcalde de Carballo envió un saludo, y los asistentes aplaudieron su lectura, puestos en pie.

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