Supuesto fraude en Carballo | Cuatro coches fantasma por 60.000 euros

ANÁLISIS | La media de dinero presuntamente estafado a cada denunciante de Laricar ronda los 15.000

A. Longueira
carballo / la voz

El pasado sábado cuatro clientes de Laricar llamaban a la Guardia Civil para que les entregaran los coches por los que habían pagado y destapaban un presunto fraude que había llegado a su punto culminante con la muerte de Gabriel Fernández Martínez, gerente de una empresa de la que es única propietaria su pareja, Ana María Castiñeiras. De momento, son cuatro las personas que han interpuesto denuncia y que reclaman en conjunto 60.000 euros, pero se especula con que hay más damnificados.

El sistema. Laricar era una empresa de compraventa de vehículos usados. Los coches se compraban en el extranjero, sobre todo en Alemania. El cliente elegía el modelo y en Laricar se lo buscaban, lo traían a España y realizaban las reparaciones necesarias. Muchos clientes quedaron satisfechos. Había que pagar por adelantado porque se trataba de una empresa pequeña y tenían que abonar el coche inmediatamente al concesionario alemán o francés. Hasta finales de septiembre el método funcionó, pero, al parecer, los últimos turismos encargados no llegaron a comprarse. También quedaron pendientes arreglos y mejoras.

La investigación. Una vez presentada denuncia ante la Guardia Civil de Carballo, el día 19, los agentes intentan determinar si los coches llegaron a adquirirse. En este momento los investigadores están estudiando la documentación aportada por los denunciantes, que incluye contratos de compraventa y los datos de los vehículos supuestamente comprados. El vendedor facilitaba incluso el número de bastidor. La cuestión es que los denunciantes ya saben por Ana María Castiñeiras que esos turismos encargados y pagados están en otras manos. La mujer se ofreció a buscar vehículos similares tras la muerte de Gabriel Fernández y en condiciones parecidas, pero no llegaron a ningún acuerdo.

Los interrogantes. Además de la investigación por el presunto fraude hay otra en marcha para esclarecer las circunstancias de la muerte de Gabriel Fernández, el 10 de octubre pasado. Hay muchas dudas al respecto. El gerente cogió el coche de la hija de su pareja. Eran casi las once de la noche cuando un autobús lo atropelló en la carretera nacional que une Navia con Luarca. Según los testigos, el hombre se tiró a la calzada. Iba sin documentación y tuvieron que acudir a reconocerlo desde Galicia, su pareja y algún empleado. Lo que no está claro es el motivo por el que estaba en Asturias, ni la razón por la iba indocumentado. En el caso de que decidiera acabar con su vida, resulta curioso que se fuera tan lejos. Un cliente que llegó a tener una relación estrecha con él, considera muy sospechosas las circunstancias de la muerte, pero no se atreve a relacionarlas con el negocio. En todo caso, a partir del 10 de octubre los afectados comenzaron a saber que los coches no habían sido adquiridos y a temer por el paradero del dinero que, de momento, no ha aparecido.

Penal o civil. Lo más probable es que las reivindicaciones de los clientes prosperen por la vía civil y no por la penal. La pareja de Gabriel Fernández intentó entrar en concurso de acreedores, pero no fue posible. En los últimos días se ha estado vaciando la sede de la empresa en Carballo. Se han llevado aparatos y también coches.

Una muy larga trayectoria en un sector complicado

Gabriel Fernández Martínez procedía de Forcarei, en Pontevedra, y desde muy pronto estuvo vinculado al sector del automóvil. Era mecánico de profesión, como él mismo explica en una de sus páginas web. Un problema de salud lo dirigió hacia la compraventa. En el 2014 empieza a haber referencias de él en Arteixo. Es el responsable de la empresa Santa Cristina Furgo, que se dedica a las furgonetas. Casi al mismo tiempo arranca Laricar, pero él pronto se desvincula nominalmente de la empresa. Según los abogados de su pareja, Ana María Castiñeira, el motivo por el que ella acaba como socia única en el 2016 son las dificultades económicas por los que pasaron anteriormente, que hacían imposible la obtención de créditos.

Parece que Gabriel Fernández era un gran comercial y un gerente con dificultades para llevar la plantilla. Hubo muchos cambios de personal, pero también discusiones e incluso peleas. Eso no parecía importante a Gabriel Fernández, que el 25 de septiembre ofrecía una furgoneta a una ONG que llevaba donaciones a Marruecos, siempre que llevaran el logo de la empresa. Entonces parecía que todo iba bien y que no había problemas. Solo dos semanas después, el gerente de Laricar moría atropellado por un autobús Alsa en Navia, en Asturias y todo indica que no fue un simple accidente.

Quienes lo trataron hablan de un hombre que inspiraba confianza. Así lo creyeron sus clientes y los que le alquilaron la nave de Carballo. Todos coinciden en que parecía saber lo que hacía.

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