«A un emigrante, el corte de pelo tenía que durarle al menos tres meses»

Comenzó como albañil, pero su vocación siempre fue la peluquería, un oficio que ahora sigue su hija. Pudo aprender, en Suiza, porque hablaba español. Esta es la historia de Jesús Añón


Carballo / la voz

Jesús Añón nació en Silvarredonda, en Cabana, hace 64 años. Venía de una familia de labradores a los que nunca les faltó de comer. Parece que a él le correspondía quedarse en casa y mantener la hacienda, pero «non espabilei» y acabó trabajando en Carballo como albañil. La construcción lo llevó hasta A Coruña, el País Vasco, Barcelona y Navarra hasta que en el 73 marchó a Suiza.

Nada tendría de especial su historia si no fuera porque durante su estancia en el país helvético, además de poner ladrillos aprendió peluquería, que es desde 1983 su oficio.

Empezó como todos, barriendo el suelo hasta que un cliente andaluz le dio su primera oportunidad. «Que me lo corte el gallego», dijo. Y con estas palabras mágicas el albañil se transformó en peluquero.

Según cuenta, su principal mérito no era tanto su habilidad con la tijera sino con la lengua. Jesús Añón hablaba español, pero también se defendía en italiano e inglés y entonces la colonia de emigrantes era muy grande y todos necesitaban ir al barbero de vez en cuando.

La cosa arrancó porque por problemas de idioma, los extranjeros salían del peluquero más arreglados, pero casi igual que habían entrado. «Al jefe tuve que explicarle que había que dejárselo cortito, pero como yo entendía lo que querían me elegían a mí», explica. La razón era muy clara y de tipo económico: «Al emigrante, el corte de pelo tenía que durarle al menos tres meses porque costaba 25 francos suizos», explica.

De esa peluquería pasó a otra y aprovechaba su estancia en Galicia para hacer cursos que le reportaron la titulación necesaria para ejercer su oficio para señoras y caballeros, pero Jesús Añón no quería complicarse la vida y contratar personal, por lo que su clientela es masculina al 100 %.

Muy bailador y coqueto, Jesús se casó con 23 años, pero el matrimonio duró poco y los motivos de ello, según lo que cuenta, son más que achacables a él. No le ha ido mal, ha tenido novias, pero de quien depende ahora es de los dos nietos que le ha dado su hija. La apertura de la peluquería se adapta a las necesidades de ellos, a los horarios de las actividades extraescolares.

El martes reabrió su local tras tres meses de cierre y el primer día ya tuvo media docena de clientes. Tiene claro que no le estaban esperando, pero se alegraron de verle de nuevo.

Ya antes habían soportado una ausencia mayor. Hace ocho años, una operación a corazón abierto lo mantuvo siete meses de baja, pero después de tanto tiempo siguió trabajando como si tal cosa. No ha calculado si recuperó toda su clientela, pero no le ha ido nada mal en la vida y en su oficio.

Además de los nietos, tienen una casa de turismo rural en la que ofrece a los visitantes los productos de su huerta, para que se sirvan ellos mismos. «Se trata de un detallito. En la finca tengo mesas y barbacoa para que se puedan asar unos tomates y unos pimientos», explica.

Seguro que desde que se quemó recomienda ir con mucho más cuidado.

«Estiven doce días encamado e tratáronme de marabilla, tamén en Cabana e Ponteceso»

«Na Unidade de Queimados, no Chuac, tratáronme de marabilla e comín coma nun hotel de cinco estrelas», dice Jesús Añón. Por una parte resulta difícil de creerle porque las lesiones que sufrió fueron de órdago, pero insiste tanto que parece que estuvo de vacaciones. Estuvo 12 días encamado, pero quiere agradecer a las enfermeras, las auxiliares, las cocineras y las ATS que le hicieron las curas en Cabana y Ponteceso. Curiosamente no menciona a ningún hombre, quizá porque solo tiene ojos para las mujeres.

Fue el 12 de agosto cuando Jesús Añón se disponía a asar un lechazo que un amigo le trajo de Valladolid. Lo que tenía que ser una barbacoa nocturna y tranquila se convirtió en una auténtica emergencia.

La semana pasada se dijo que ya podía volver a coger las tijeras, abrir la puerta y atender a los clientes. Lo hizo el martes y a pesar del tiempo transcurrido, los parroquianos volvieron para arreglarse el peinado. Evidentemente no encontró a ninguno con melenas, pero sí necesitados de un repaso.

Corazón

Hace 8 años también tuvo que cerrar la puerta. Esta vez porque el corazón le dio un susto. Entonces, el conocido cirujano Alberto Juffe Stein, lo operó en el hospital Modelo de A Coruña. Apenas recuerda el nombre del eminente cardiólogo que realizó el primer trasplante en Galicia, también tiene en su memoria las atenciones que recibió por parte del personal femenino, aunque su mente esté ahora en la Unidad de Quemados, donde le ayudaron a recuperar la que había de ser la vocación de aquel chaval de Silvarredonda.

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