«¡Qué bonito acabar con una comedia!»

Natalia Huarte, actriz, integra el elenco de «La valentía», obra que hoy pone punto final al FIOT carballés


CARBALLO / LA VOZ

Guada y Trini han heredado la casa familiar. Las dos la aman, pero a cinco metros de la puerta pasa una autopista. Pese a ello, Guada quiere conservarla a toda costa. Trini no entiende tal obsesión. Este es parte del argumento de La Valentía, la obra de LaZona con texto y dirección de Alfredo Sanzol que cerrará esta noche el 27.º FIOT de Carballo: 21.00 horas, Pazo da Cultura, 12 euros. Para el público bergantiñán no es desconocido el director -cuatro Max, Premio Nacional de Literatura Dramática 2017 y Premio Valle Inclán- ni tampoco actrices como Inma Cuevas, presente en esta obra. Ambos, con espectáculos distintos, han pasado por el FIOT. Tras La Valentía está, en gran medida, la búsqueda de la belleza. Como parte del elenco, entre otros, Natalia Huarte: será su primera vez en Carballo: «Me encanta conocer ciudades, festivales y teatros».

-¿Qué traen en «La valentía»?

-Una historia de tres parejas de hermanos que intentan hacerlo lo mejor posible con el otro. Lo que ocurre es que a veces las cosas no salen como uno espera. En relaciones tan especiales, a veces uno quiere llevar la razón a toda costa y acaba ganando la cabezonería al amor, aunque al final [ríe] Alfredo siempre propone el amor para salvar a los personajes.

-¿Tienen sus obras algo que en alguna medida las une a todas?

-Exacto. Como suele decir, él siente que en la vida vamos cambiando. Estamos siempre en diferentes momentos vitales. Los actores, en cada espectáculo, no estamos igual que en el anterior. Y él, como dramaturgo, tampoco. Cada vez que escribe o dirige, tiene preguntas y dudas que no termina de resolver, y son estas las que le hacen tener ese motor para generar un texto o dirigir a los actores. En este caso está la valentía o el tema de las herencias familiares... Son cuestiones que le apetecía trabajar: en un principio no sabíamos de lo que finalmente acabaríamos hablando, porque no había texto, pero sí tenía claro Alfredo que la función se iba a llamar así, La valentía.

-¿Cómo les está yendo?

-Hemos empezado en Murcia y pasado por Vitoria, Logroño y Pamplona. La verdad es que ha funcionado estupendamente. Creo que es una comedia muy divertida, con una ingenuidad y unos personajes que son muy niños y que, así lo pienso yo, están casi como aprendiendo a vivir durante la función. ¡Y eso que yo hago de un fantasma que tiene 300 años! [ríe]. El público empatiza con el tema. Hermanos, herencias... ¿quién no lo ha vivido?

-Por más que trate cuestiones tan espinosas, puede redondearse entonces como una comedia.

-Sí, así es. Aunque hay momentos, claro, en los que aflora una verdad y una manera de hablar con el otro que bajan un poco esa comedia y que dicen: «Oye, esto es un conflicto real». Es un poco la magia que tiene Alfredo: sabe ver muy bien la parte cómica de la vida y tratar cuestiones intensa y profundas desde la comedia.

-¿Sabían que el suyo será el último espectáculo del FIOT de este año? Tienen quizás el reto de dejar un buen sabor de boca.

-Yo, personalmente, no lo sabía, pero mira... ¡Qué bonito acabar con una comedia y que compartan con nosotros este juego, este juguete! Lo digo así porque la casa misma es un juguete que nosotros mismos movemos y transformamos. Espero que recuperen esa niñez y eso de que, si hay cosas que perdonar con la familia, puedan hacerlo. Es muy bonito, por tanto, cerrar así un festival.

-¿Y la escenografía?

-Es una estructura muy sencilla, muy poética, obra de Fernando Sánchez Cabezudo. Creo que tiene una magia maravillosa porque permite un juego estupendo con las luces de Pedro Yagüe. Esta es, al final, una comedia de enredos de fantasmas, y con una gasa se consiguen hacer sombras, hacer ver y no ver a los personajes... Hay muchos símiles, pero diría que tiene algo de caja de música, pero a la vez siniestro en algún momento. En otras ocasiones algo muy luminoso... Es una estructura fácil de mover, y con un escenario siempre muy limpio. Tres paredes, un sofá, un suelo de madera... Enseguida entras en lo que es la casa.

-¿Son un elenco fijo?

-No, para nada. Yo solo había trabajado en un ocasión con Francesco Carril. Alfredo decidió hacer este reparto y para eso nos fue contactando uno a uno.

-¿Cómo ve el panorama teatral?

-Es un caballo de batalla. No es que la gente no quiera ir al teatro, no es que no se haga teatro de calidad, no es que no haya interés en programar... Tenemos que hacer mucha presión: intentamos hacerlo lo mejor que podemos para lograr algo con una calidad y un rigor que movilice al público y que nuestros textos puedan ayudar, entretener o transformar la sociedad. La cultura es eso. No se cómo se tendría que hacer ver esto a la gente que se encarga de que haya dinero [ríe].

«Los personajes

son muy niños y están casi como aprendiendo a vivir durante la función»

«Alfredo [Sanzol] sabe ver la parte cómica

de la vida, tratar cuestiones profundas desde la comedia»

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